LA HISTORIA DE AHRINZIMAN Narrada por él mismo
Por Anita Silvani
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Chicago, 1906
TRADUCIDO POR: Frater Lucis Fiducius (2009)
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Ahrinziman frente a los dos Espíritus
INTRODUCCIÓN
La filosofía de Ahrinziman, el Persa – lo que la vida le ha enseñado del Alma; vida vivida sobre la Tierra y vida de edades en el Abismo y en los Cielos del Más Allá.
A cada uno llegan las lecciones de la vida en diferente forma. Permítase aprender el significado de esta leyenda atento a estas palabras que puedan ser mejor comprendidas, y permítase que aún el oyente ocioso de una historia pase por ellas.
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Quien quisiera escribir realmente la historia de cualquier Alma debería tomar en consideración las condiciones prenatales, esto es, aquellas que han precedido su concepción en una forma mortal.
Un germen de Alma es una unidad incompleta hasta que toca el Plano de la Vida Terrenal, porque hasta entonces está aún queriendo uno, al menos, de los elementos que van a formar el Total Perfecto. Y aunque a la muerte del cuerpo terrenal el Alma pareciera desembarazarse enteramente de sus atributos puramente terrenales con la coraza terrenal, la cual, como la cáscara del trigo, ha encerrado el grano dentro, esto no es aún así. Porque cada una de las facultades inferiores ha retenido el germen Espiritual, y estos gérmenes de propensiones más groseras pueden ser llamados, por falta de un término mejor (no existe ninguna palabra en el lenguaje Inglés que exprese exactamente este elemento, y este elemento solamente, en el Alma), el “Alma Animal”. Desde que ellos están tipificados en las propensiones del Hombre inferior, o animal, y son los elementos del “Alma” de estas propensiones. Por lo tanto, la idea que ha prevalecido entre muchas fe religiosas, que a la muerte hay una completa cesantía entre el Alma Animal y las facultades superiores del Alma, es un error tan absurdo como pernicioso, porque los hombres son por esto conducidos a dar una indebida prominencia a las facultades puramente intelectuales y morales y restringir y descuidar el debido, apropiado, y juicioso desarrollo y regulación de las facultades de esta Alma Animal, que es verdaderamente no solamente una parte inmortal del Alma misma, sino tan necesaria como cualquier otra para su completa evolución.
El Alma Animal contiene todos esos elementos que le dan fuerza al carácter. Fortaleza para querer y actuar con decisión. Poder para ordenar y contender. Perseverancia para luchar y dar batalla a las pruebas de la vida Terrestre aquí y con las fuerzas contendientes del Mundo Espiritual de ahora en adelante. Todos los elementos que hacen al Hombre grande en un sentido físico tanto como moral nacen de las pasiones de esta Alma Animal, y nadie nunca emergió de la condición del Soñador y Visionario en el agente activo para la realización de sus sueños a menos que cultive los poderes de su Alma Animal tan completamente como esos de su pertenencia moral e intelectual.
El deseo de conquista, la sed de poder por motivos puramente egoístas y ávidos, se convierten en el Espíritu apropiadamente desarrollado de las esferas superiores en la fortaleza con la cual él protege a sus hermanos más débiles, y mediante los cuales él contiende con los Poderes del Mal para derrotarlos – una fortaleza y una fuerza de voluntad que son desarrollados primero en los conflictos rapaces del Alma Animal durante la vida en la Tierra y en las bajas esferas.
Del similar desarrollo de todos los tres atributos del hombre: Moral, Intelectual y Físico, nacen aquellas semillas que se desarrollan en hermosas flores de un carácter verdaderamente Espiritual.
Todas las bajas inclinaciones del Alma Humana tienen cada una su semilla espiritual, y aun cuando son indebidamente desarrolladas y desigualmente balanceadas por el desarrollo de la naturaleza superior del Hombre e incontroladas por sus poderes morales e intelectuales estas bajas inclinaciones traen sufrimiento y destrucción por todos lados, aún su mismo exceso de desarrollo crea una fuerza de carácter que (cuando los atributos superiores se vuelven igualmente desarrollados y a su turno en los poderes controlantes del Alma del Hombre) enviarán al Alma hacia arriba con una velocidad y una fuerza de vuelo igual a esa con la cual las malas propensiones la impulsan hacia abajo, y estas naturalezas poseerán una grandeza de carácter, un poder y amplitud de pensamiento, que, cuando se combinan con las perfecciones del Alma superior habilita a sus poseedores a convertirse en directores en el Mundo Espiritual.
Nuestras enseñanzas son que el Alma, en su pasaje descendente desde la fuente central de vida, viaja a través de todas las esferas intermedias por una serie de lo que llamamos “Nacimientos”, desde que ella se viste en cada esfera con algo perteneciente a esa esfera que es un requisito para completar su individualidad, y cuando toca la esfera de la Tierra, y entra en contacto con los organismos materiales de sus padres mortales, ella obtiene los últimos elementos necesarios para formar el Total Perfecto. En esta etapa ella ha completado la primer mitad de su peregrinaje y asumido todos esos materiales de los cuales va a evolucionar una consciencia individual para sí misma, y convertirse al momento de su nacimiento final en la vida de la Tierra en un ser responsable, para cosechar la recompensa o el sufrimiento de las penalidades de sus propias acciones.A partir de esta etapa (la vida en la Tierra) se procede hacia arriba a través de una serie de Muertes; a saber, desembarazándose de las pieles más groseras de las cuales ha extraído los gérmenes Espirituales (para lo que esas cáscaras ya no son más necesarias o útiles para el Alma). Puede haber alguien que objete la palabra “Muerte” como significando el sentido ordinario de una condición de decaimiento. Muy bien; dejémosle, por todos los medios, si ellos lo prefieren, decir que el Alma retorna a través de la segunda mitad del ciclo de su progreso a través de una sucesión de renacimientos; solamente, permitámosle recordar también que el proceso de la Muerte, o desintegración de la forma que el Alma ha dejado (un proceso no experimentado hasta que el Alma ha entrado en la vida de la Tierra), no es menos esencial para su progreso. Esta es la razón por la que durante tanto tiempo una cáscara una vez habitada por el Alma (sea esta mortal, una astral, o un envoltorio de cualquiera de las esferas superiores) retiene alguna cohesión en sus partículas, tanto tiempo como actúe como un peso, retardando el progreso del Alma a una esfera superior; los lazos entre un Alma y su envoltorio permanecen en un grado mayor o menor tanto tiempo como el envoltorio retiene cualquier impresión de la individualidad del Alma.
Tan pronto, entonces, que el envoltorio del Alma es desintegrado y dispersado en los elementos de la esfera en la cual fue formado, más pronto el Alma se liberará de todos los lazos a este, y será capaz de elevarse a la esfera superior que le corresponde. De aquí la razón por la que el Fuego, el más poderoso y purificante dispersador de los átomos, fue usado por los Antiguos de mi país y de otros para acelerar el proceso de la Muerte, que es la desintegración. De aquí la razón que los primeros adoradores del Fuego, como ellos han sido erróneamente llamados, dieron homenaje al Fuego Divino, o Fuente de vida, de los que el Sol y el fuego terrenal pensaron simbolizar.
El calor es vida; el frío es muerte; y es el antagonismo entre ellos lo que hace al fuego tan valioso un agente para dispersar los elementos muertos de un cuerpo que el Alma ha cesado de animar.
El alma entonces a su nacimiento pasa a la materia y cuando completa medida de su descenso ha sido completada, se levanta de esta como una gloriosa resurrección, ascendiendo etapa por etapa hasta que el ciclo completo de su progresión se encuentra terminado, asumiendo un estado similar a Dios, subordinado solamente por aquel del Supremo. Pero tan grande, tan vasto, tan extenso, es el límite de la órbita del progreso del Alma, que es imposible, aún en pensamiento, seguirla desde su primer partida de la esfera de lo Divino hasta su retorno a este de nuevo. Ni podemos saber o aún adivinar el posible futuro del Alma que ha alcanzado la condición similar a Dios, y el primer ciclo de cuyo desarrollo ha sido de esta manera realizado. Hasta donde podemos ver, y no más lejos, pero aquello que vemos nos da una seriedad en nuestra esperanza de que a medida que subimos cada cima de montaña de conocimiento, una fresca Tierra de Promisión yacerá delante de nuestros ojos.
En el umbral de la vida permanecen dos Ángeles – los Ángeles de la Luz y los de las Esferas Oscuras – y es su tarea observar en qué esfera la Estrella del Alma que ha nacido ya asciende. Estos dos Ángeles están representados como tejiendo eternamente los hilos de luz y oscuridad para producir la dorada o la sombría textura que prevalece en la red de la existencia del Alma, los días felices o infelices de su vida. Y como un hombre conduce una vida moral o inmoral, así extraerá él de las esferas de luz y de tinieblas, el bien o el mal, la luz o la oscuridad, las cualidades con que dotará al Alma que será transmitida a la vida a través de él, y así sus hijos estarán en afinidad con las esferas de luz y tinieblas, y así la voluntad de las estrellas de esas esferas gobernarán o controlarán sus destinos y serán la dominante influencia en la modelación de sus vidas.
Estas dos esferas de cualidades de luz y tinieblas existen eternamente porque ellas son la antítesis una de otra, los platillos equilibrantes que mantienen el balance del progreso siempre y se sostienen una a otra por la igualdad de su poder, causando ente ellas que la fricción que impide el estancamiento, la verdadera muerte del progreso, y semejantes (la luz y la oscuridad, el bien y el mal) a dos grandes ruedas de molino que, girando eternamente, liberan al Alma de las rudas rocas de la ignorancia y las toscas escorias de los deseos puramente materiales.
Al estudiante del firmamento Espiritual estas dos esferas parecen evolucionar alrededor de dos poderosas estrellas – la estrella de cada una tipificando por su color la distinción entre las cualidades dadas por cada una – mientras otra, una tercer estrella con sus esferas, parece oscilar entre ellas, reflejando en sus rayos una mezcla de color extraído de las cualidades superiores provenientes de la influencia de ambas.En las esferas de la Estrella de pura luz sin mancillar se encuentran las moradas de aquellas Almas que han sido incontaminadas por ningún pecado terrestre. Ellas no han conocido la vida de la Tierra excepto por un breve período durante el cual la mortalidad ha vestido sus Almas, pero en la cual sus conciencias han sido muy ligeras para ser capaces de aprender las lecciones de la Tierra. Ellas están libres del pecado porque nunca han sentido la tentación. Sus ornamentos son inmaculados por el fango de la vida porque ellas nunca han sentido los deseos de su Alma animal para aquellas cosas a través de las cuales deriva su nutrimento. En ellas el Alma animal dormita enteramente; la fuerza y poder con la cual su desarrollo dota al Alma que ha conquistado sus tentaciones y la hace sujeta al ser superior no son suyas, pues ellas nunca han compartido los conflictos de la vida, y los fuegos fieros de la pasión nunca han sido manifestados en sus corazones.
En los rayos puros y blancos de la Estrella que domina esta esfera no se encuentran trazas de ningún color, ni sombra de un mas oscuro, más profundo tinte, ni calor, ni muestra de pasión: todo es puro y perfecto en su pureza como la nieve que cae, y así de fría, para aquellos a quienes las pasiones terrenales nunca los han conducido a vivir en una tierra de deslumbrante luz plateada donde no hay sol; ni el fuego las ha calentado, ni la sombra oscurecido sus vidas, ni hay lamentos de sus propias vidas o de las vidas de otros que las hayan entristecido o tocado; ningún musgo verde de memorias permitidas oculta su aflicción o un pasado pecador, así como el musgo y la hiedra trepan y cubren las piedras rotas de una ruina terrenal, velando sus rasgadas fisuras y sus desfiguradas bellezas. No hay flores sino las blancas flores de la nieve en las tierras de las esferas de nieve blanca: todo es pálido y sin color como las vidas de sus ángeles y sus Santos.
Aquellos que viven aquí no pueden entrar en los goces y tristezas humanos, sus pecados o sus triunfos sobre los pecados, sus esperanzas y ambiciones, sus desilusiones, sus angustias y desesperanzas, pues ellos no han caído en ninguna de estas cosas. Para ellos las puertas del Paraíso están abiertas continuamente y ellos pueden contemplar las cosas justas dentro, pero ellos no pueden contemplar de ninguna manera las puertas oscuras del Infierno. Todo lo que es bello, todo lo que es puro en el Arte, en la Música, en la Literatura, en la Ciencia, sí, en toda la Vida, yace abierto ante sus ojos, y ellos pueden leer de la belleza en todas las cosas: pero los oscuros libros de la tristeza y el sufrimiento y el pecado ellos no pueden leer ni una línea, y su vista no puede contemplar las cosas materiales excepto muy oscuramente, pues la vida material ha sido un libro sellado para ellos.
Así aún en la belleza de sus vidas hay una necesidad. Perfectos como ellos parecen, sus vidas son aún incompletas, desde que la mitad de sus Almas todavía dormita, y es por esto que la reencarnación les ha dado una ayuda. Y para tales Almas este proceso de asunción del cuerpo terrenal que ha sido preparado para ellas será diferente de aquella de un Alma que no ha alcanzado una vida consciente.
Hay otros que son enviados a aprender las lecciones de la Tierra mediante una estrecha y completa identificación de ellos mismos con alguna Alma del mismo sexo ya encarnada en la carne, y la cual es, en todos sus gustos y aspiraciones, en la más estrecha afinidad con los suyos, que a través de toda su vida y pruebas terrenales ellos pueden compartir las mismas emociones y las mismas experiencias. Para hacer la experiencia valiosa al Alma desencarnada ellos deben volverse en todos los aspectos esenciales como si fueran uno, y compartir como gemelos el desenvolvimiento material dado a ellos por la Madre Tierra. Aún entonces el Alma desencarnada aprenderá imperfectamente su lección, y el completo significado de la tristeza y de los sufrimientos y pruebas. Sentirá la emoción reflejada de su Alma gemela, nunca su más completa y más profunda angustia, el calor de su pasión, las profundidades de su desesperación; y es por eso que muchos maestros celestiales ofrecerán al alma retornar a la Tierra y en su propia persona vivir la vida de la Tierra.
La esfera de oscuridad es dominada por una profunda Estrella Roja, que brilla como el corazón de un horno, rodeado por rayos negros y teñidos de sangre. En las regiones dominadas por esta Estrella todo aparece nublado con un humo negro sulfuroso, y toda la vegetación está marchitada por los fuegos destructores de la pasión sin frenos y los deseos desatados.
Las secas cenizas de las vidas vividas volcánicamente han enterrado las lozanías del Alma bajo su polvo abrasador, y los gajos marchitos de lo que fueron una vez los árboles y arbustos de las buenas intenciones y de los buenos deseos permanecen fuera como delgados centinelas para marcar allí donde la vida más pura del Alma una vez floreció. La desolación de la desesperanza, de las esperanzas echas añicos y arruinadas, se puede ver alrededor y en todas partes. Los oscuros ríos de lágrimas amargas alimentados por lamentos tardíos y vanos solo dan agua a esa tierra triste y sus hirvientes flujos nunca pueden fertilizarla, sino solamente añadir a sus muertas aguas otra ola arrolladora donde ya hay muchas corrientes sobre las tristes ruinas de la ciudad del Alma.
Aún en los fieros fuegos llameantes dentro del corazón de la Estrella un bálsamo sanador se encuentra para aquellos que tienen la fortaleza y el coraje de buscarlo; un baño purificador, en el cual el puro oro del Alma es refinado y liberado de la aleación de las pasiones materiales y groseras. Y de esta purificante crucifixión el Alma saldrá para levantarse hacia las esferas que esa gloriosa tercer Estrella que emite, rayos dorados y claros como cristal, sobre ambas otras Estrellas, igual que la Estrella Dorada es la Corona y Diadema de las esferas celestiales. De esta Estrella emanan muchos rayos teñidos con todos los colores del arco iris, que los esparce como las joyas en una corona de victoria. Los rayos carmesí ya no más tipifican las pasiones del Alma, sino su ternura y su amor. El azul y el blanco ya no muestran solamente su pureza, sino su verdad y constancia. El suave verde denota su simpatía, el violeta su regio poder, el Oro su fortaleza espiritual.
Los moradores en las esferas de la Estrella Dorada han aprendido todas las lecciones de la vida Terrestre. Todos ellos han cultivado las simpatías del mismo modo que la pureza y el intelecto de sus Almas, y nadie entra en sus puertas que no haya aprendido en sus propias vidas a sufrir y ser fuerte para que ellas puedan simpatizar con y fortalecer a otros.
En la compleja naturaleza del hombre y en las condiciones de su vida Terrestre no es sino raras veces que podemos distinguir características de cada una de estas Estrellas claramente definidas, y como una regla los hombres comparten a un mayor o menor grado los atributos de ambas esferas, la de la Luz y la de la Oscuridad. Aquellos que muestran ya sea clases de cualidades en un grado anormal, de modo que ellos puedan permanecer como grandes maestros morales, o como crueles y degradantes tiranos, son decididamente las excepciones.
Y aún son estas vidas excepcionales que permanecen en todos los tiempos para sus congéneres, como imágenes pintadas sobre largas telas con amplias y fuertes pinceladas, cuyo significado puede ser leído aún por el más ignorante, mientras las delicadas minucias que terminan una miniatura, requieren una inspección más próxima y un conocimiento de su destreza para revelar sus bellezas, que está perdido sobre el mundo en su amplitud.Las pequeñas vidas de los hombres y las mujeres ordinarios no son menos útiles y benéficas que aquellas de carácter excepcional, pero ellas no sirven el mismo propósito en las lecciones experimentadas por ellos. Son las vidas de aquellos que son grandes, ya sea en sus virtudes o en sus vicios, que marcan el progreso que el mundo ha hecho, y sirven ya sea como faros para avisar a otros de los bancos de arena y escollos sobre los cuales sus propias vidas han naufragado, o como estrellas que guían a la luz del Alma sobre su sendero que conduce hacia el Cielo.
En esta “Historia de Ahrinziman” se encontrará el registro de una vida tal excepcional. En ella será mostrada, no solamente las malas manufacturas de ella misma, sino también aquellas de las que otros fueron responsables, los hilos de cuyas vidas fueron intercalados con la suya; y también el florecimiento en perniciosas flores de esas semillas de ambición y orgullo, de pasión e intriga, de revancha y asesinato, que fueron sembradas antes de que él hubiese nacido, y que produjeron tales terribles frutos, no solamente para que él mismo se satisficiera, sino también para aquellos cuyas manos han sembrado las semillas y cuyas acciones las han alimentado.
En la historia de su vida Terrenal será contado cómo estas semillas fueron sembradas, y en sus experiencias en el Mundo Espiritual será mostrado qué fruto fue cosechado de cada semilla, y qué parte de la cosecha cada Alma cuyas manos las han sembrado las han almacenado en el almacén de su memoria y de su vida.
LA HISTORIA DE AHRINZIMAN
PARTE I
PROLOGO
Cuando El Jazid, Rey de Persia, retornó de una campaña exitosa contra los Griegos, trajo consigo una doncella cautiva de la más sorprendente belleza y de la más exquisita gracia y encanto, una cautiva destinada a reinar sobre el corazón del poderoso monarca como su única reina, y hacer que el poderoso rey se incline ante el potente dominio del amor como si él fuera el más abyecto esclavo.
Y aún así esta doncella era gentil y tímida como un cervatillo salvaje, e ignorante de todo artificio como un pequeño niño.
En la devastadora marcha del conquistador Persa, un espléndido Templo de los Griegos había sido saqueado, sus sacerdotes asesinados, y sus vestales raptadas para convertirse en presa de sus conquistadores.
Entre las cautivas llevadas ante El Jazid para ver si por casualidad había alguna que pudiera encontrar favor a sus ojos, no había ninguna tan bella como Cintia, la hija de Arquelaus, una doncella de aproximadamente quince años de edad, que desde su infancia se había dedicado al servicio de los Dioses. Como una niña ella había vivido dentro de las murallas del Templo, ignorante de todas las cosas más allá de ellos; ignorante del mismo modo de las pasiones que agitan los corazones de los hombres, de los goces innombrables, de las aflicciones insondables, que expresan sus amores y sus odios, sus ambiciones y su orgullo; ignorante de todos los tiernos goces de las relaciones, y de las diversas esperanzas y temores que llenan los corazones de aquellos que moran en medio del remolino de la vida, y aprenden en la lucha por la existencia la fuerza de los poderes latentes dentro del alma.
Cintia estaba aterrorizada como una niña al ser llevada ante el monstruo que había asesinado o tomado cautivos a todos aquellos entre quienes su breve vida había pasado, y aún así ella estaba sin ese temor de la muerte que inspiraba el terror de sus compañeras, pues ella había vivido toda su vida con la Muerte, ella había tenido comunión con ella como con amigos cercanos y queridos, y así la palabra “Muerte” no tenía un sentido de temor para ella. Pero ella se sentía desconcertada y llena de espanto por este ser desconocido y poderoso que inspiraba pena y temor en todo lo que la rodeaba.
Y cuando los ojos del rey contemplaron cuan bella era ella, y cuando él sintió la extraña emoción de amor y admiración que la vista de su belleza inspiraba, él rogó a todos los demás que salieran para poder hablar a solas con esta hermosa doncella. Y cuando Cintia levantó sus suaves ojos oscuros hacia el rostro del Rey para leer allí su destino, ella no sintió ni temor ni terror, sino solamente una sensación de admiración, y una sombra de que su corazón había sido conmovido por una emoción desconocida antes.
Cuando todos hubieron dejado la presencia del Rey excepto la encantadora Griega, él se levantó de su trono de estado, y, aproximándose a su cautiva, tomó su mano y miró fijamente en sus calmos y aniñados ojos; y al hacerlo él se sintió humillado al pensamiento del destino que primero había reservado para ella, y avergonzado por la bajeza de sus propios deseos. Involuntariamente el orgulloso conquistador se arrodilló a los pies de esta joven doncella y besó, como un humilde esclavo, el doblez de su ropa y los suaves blancos dedos de su fina mano.
Al toque de sus labios el alma de la mujer despertó en Cintia, y los días de su niñez terminaron para siempre. Ella gustó los primeros frutos del Árbol del Conocimiento, y sintió por vez primera un sombrío sentido del poder que el amor puede ejercitar sobre los corazones de las mujeres y de los hombres, pues en su corazón hubo el primer latido de aquel amor despertando que iba a ser para ella y para el rey la realidad y la tragedia de sus vidas. Los días de sus sueños terminaron. De aquí en más ella iba a vivir la vida real de la Tierra, y a descender desde esas místicas montañas del Alma donde ella había estado en comunión solamente con el Pasado; ella iba a vivir de ahora en más sobre el plano inferior de la vida, la real existencia del Presente.
Y para El Jazid también, una nueva era había comenzado; él, también, hubo de aprender cuan todopoderoso puede ser la oscilación del amor como algo que se distingue de una mera pasión; cómo aún la ambición y el amor de conquista pueden hundirse como cosas secundarias y ser como el peso de una pluma en la balanza. El que ha tratado a todas las mujeres como objetos de juego con los que divertir las horas ociosas, aprendió a estar pendiente de cada palabra, de cada mirada, de su amorosa cautiva, y a obedecerla en cada deseo.
Cuando él salió de la presencia de ella se sintió inquieto e infeliz hasta que pudo verla otra vez. Él le asignó la tienda más exuberante, la litera más lujosa para viajar, esclavas y asistentes innumerables, a quienes se les rogó estudiar cada deseo que ella pudiera tener como si fuera la Reina misma. Y para él exigió ningún otro favor que el de cumplir con los deseos que ella tuviera.
Y Cintia misma, cuando pasó el primer asombro de lo extraño que le había sucedido, devolvió al rey un amor tan profundo y tierno como el suyo; sí, aún más tierno, pues a la inocente afección de una niña ella unió la infinita ternura de una mujer. En su pura alma ignorante de todas las pasiones, el amor del rey despertó un sentimiento mezclado de gratitud y amor, que se mostró en ella como un ansioso deseo de complacerle en todas las cosas; y, con el instinto sin error del afecto, ella aprendió mil maneras en las cuales tocar su corazón, de modo que antes de mucho tiempo, ella podía ser una elegida, ella podría haberse vuelto la más poderosa persona en su corte.
La primer idea de El Jazid había sido casarse con Cintia y elevarla a la posición de su segunda reina, pero la reflexión le hizo abandonar esa idea como peligrosa, como podría ser, para su misma existencia. Pues el rey ya tenía una reina: una princesa bella y orgullosa, la hija de uno de sus más poderosos vecinos y muy rico aliado, y una mujer que él sabía no admitiría rival en sus afectos o compartir su trono, y él sentía que la vida de Cintia sería corta cuando la Reina Artemisia supiera de su infatuación por ella.
Si Cintia misma hubiese deseado convertirse en la reina agraciada del rey, su influencia sobre él hubiera sido tan grande que no hay poca duda acerca de que él hubiese enfrentado la cólera de su orgullosa reina y la enemistad de su altiva familia por hacer eso, pero ella era inocente e ignorante como una niña acerca de los estándares del mundo en cuanto a rango y honor: la ambición y el poder no tenían significado para ella, y ella no tenía noción de la inferior posición en que estaba como simplemente una favorita agraciada del rey.
Dentro de las murallas del templo Cintia no había visto a nadie excepto a esos pocos asistentes que esperaban por ella y por los sacerdotes ancianos bajo cuyas instrucciones ella había crecido. Ella miraba al rey como a un ser sabio y poderoso, cuya habilidad para hacer que todo alrededor de él se incline a su voluntad le daba una posición superior que ella había asociado con la idea de un Dios. Su ignorancia de las verdaderas relaciones de los hombres sobre la Tierra hacia el otro era tan grande como lo era su poder de ver y describir las bellezas de las lejanas esferas de los espíritus, y ella nunca pensó en resistir o cuestionar ningún deseo del hombre cuya devoción había ganado su corazón y cuyo poder había subyugado su mente.
De sí misma ella nunca pensaba, porque todo su ser había estado tan firmemente reprimida y tan completamente neutralizada que ella se había convertido en apenas un replicante eco de los pensamientos de otros que eran transmitidos a través de ella. Su propia individualidad había sido reprimida desde tan temprano y desde hacía tanto tiempo que ella había perdido el poder de pensar, ya sea por sí misma o para sí misma. Puesta en el templo en su infancia, ella había permanecido casi como una niña en corazón y en mente.
Para El Jazid, acostumbrado a las intrigas y a las ambiciones personales que teñían la atmósfera de la corte, la extraña, soñadora inocencia de la joven Griega era como un descanso y un alivio. Sus brazos eran un refugio al cual podía escapar cuando los cuidados del estado y la incesante intriga entre aquellos que buscaban elevarse en su favor se hacía una carga y un cansancio. De Cintia él no escuchó ninguna de estas cosas, sino que ella le contaba maravillosas historias de su Mundo de Sueños, y las bellas visiones que había visto, los brillantes y gloriosos seres con quien ella mantenía conversación, y que pintaban con un placer juguetón infantil el futuro que ella imaginaba para ellos cuando los lazos de la Tierra no encadenaran ya más a sus almas.
Al rendirse al amor del rey ella había en alguna medida descendido a su nivel y tomado las condiciones de su vida, de modo que ella ya no podía contemplar las glorias de las esferas superiores. Sus puertas fueron cerradas para ella, pero ella aún poseía el poder de prever las cosas que yacían cerca de la Tierra, y aunque su absorción en la felicidad que llenaba su vida la había cegado de alguna manera a estas cosas, ella era todavía capaz de relatar al rey mucho concerniente a él mismo, y prevenirlo de más de un desastre que le amenazaba.
Así entre una vida de sueños y una vida de activa realidad el rey y Cintia pasaron los primeros meses de su extraña unión. El Jazid se había demorado lejos de su reino, aunque las necesidades de conquista no lo constreñían a hacerlo así, y era renuente a retornar a su palacio en Ecbatana y a la reina, cuyos celosos ojos él temía que pudieran descubrir su secreta relación.
Él fue, sin embargo, pronto despertado de su ensoñación. Un mensajero llegó un día, tras un viaje polvoriento y cansador con su caballo, llevando al rey el anuncio de que su Reina le había dado un hijo, un heredero al trono, y que ella le pedía que dejara todo lo demás y se apurara en ir a su lado.
Con un sentimiento mezclado de gozo y aprehensión el rey leyó la carta. Este evento, que había sido esperado en vano por varios años, y que una vez lo había llenado con la más grande felicidad y orgullo, dando todo su amor a la madre de su hijo, ya no era el más grande deseo de su ambición, y no se despertó ningún sentimiento hacia la Reina sino uno de lamento de que su hijo debiera venir en sucesión antes que cualquiera de su amada Cintia, la verdadera reina de su corazón, pudiera tenerlo. La carta también, redactada en los términos más afectuosos, se leía como un reproche de alguien cuyo amor él casi había olvidado. Retornar a la Reina era un deber, pero antes debía hacer todo lo necesario para proveer por la seguridad de Cintia, y para volver a ella tan pronto como fuera posible.
En esta emergencia él consideró acerca de su comandante en jefe, Ben al Zulid, un hombre de noble e intrépido carácter, sobre cuya fidelidad él sabía que podía confiar en una materia tan difícil y delicada. Tras una corta conferencia entre ellos se convino que la cosa más segura era aparentar que el rey había concedido a la bella Cintia a su general favorito, junto con un pequeño palacio que estaba estrechamente cerca de los propios apartamentos del rey en su palacio en Persagarda , y que se podría haber considerado como formando parte de sus construcciones exteriores. Entre los apartamentos del rey y el pequeño palacio se resolvió construir un pasaje secreto subterráneo, con dos puertas ocultas, una en cada extremidad, siendo el método de abrirlas conocido únicamente por el rey. Al Zulid fue comisionado para traer un habilidoso artesano del Indostán, en esa época muy celebrado por tales habilidades de ejecución, para construir el pasaje y el resorte por el cual las puertas debían abrirse y cerrarse. Mientras tanto, Cintia fue dejada al cuidado de Al Zulid, y tratada por él con tanto respeto como si ella fuese en realidad la reina; ni él ni ninguno de sus moradores tenían que verla, los asistentes dados a ella por el rey, sobe cuya fidelidad él podía confiar, siendo los únicos a quienes se les permitía esperar por ella.
En recompensa de estos servicios el Rey concedió sobre Al Zulid muchos tesoros, y lo elevó a una posición de honor aún mayor que la que ya ocupaba.
Ben Al Zulid mantuvo este acuerdo con la más escrupulosa exactitud, y delicado cuidado, no solo por la posición y bienestar de la bella Cintia misma, sino también por los mejores intereses del Rey.
Habiendo así confiado el cuidado de su Amada a su amigo, el Rey hizo todo por apurarse en regresar al Palacio de Ecbatana, donde su impaciente y orgullosa Reina le aguardaba.Si la belleza hubiese sido suficiente para ganar y mantener el corazón del Rey, entonces él seguramente habría permanecido cautivo de los encantos de la hermosa Artemisia, pues ella era una de las mujeres más hermosas. La Naturaleza había derrochado sobre ella intelecto y belleza, sus dones más considerables. De una estatura imponente pero de forma delgada, sus flexibles y perfectamente moldeadas extremidades podrían haber sido el modelo de un escultor, mientras que los rasgos finamente tallados, los lustrosos ojos negros, las pestañas perfectamente arqueadas, la clara palidez de la piel, los labios rojos exquisitamente moldeados, recibían aún una mayor belleza, y eran más encantadores a los ojos de la mayor parte de los hombres por el aire de arrogante orgullo y dignidad de realeza que impregnaban su expresión. La sensual caída de los párpados, el brillo de cólera cuando a la menor provocación salían de ellos, la barbilla y la mandíbula fuerte por completo, con el rápido apretamiento de su bien proporcionada boca cuando se animaba con el enojo, todos habrían sido signos de temperamento desatendido por la mayoría de los hombres, o además solamente habrían servido como incentivos a ellos, para tratar ya sea si ellos pudieran conquistar el corazón de su orgullosa belleza, y hacer que esos altaneros labios murmuren palabras cariñosas para sus oídos solos, y esos ojos negros brillen con su proximidad. Eso había sido una vez con El Jazid. Artemisia había animado sus pasiones y encantado sus sentidos y seducido su Alma inferior, pero su belleza había sido impotente para despertar el amor de su ser superior, el más puro y verdadero amor que ella era incapaz de ganar; Cintia, y Cintia sola, pudo hacer eso, y a su toque el amor inferior y más tosco del Rey por Artemisia se había fundido como un castillo de nubes y niebla ante los resplandecientes rayos del sol del mediodía. Así cuando El Jazid alcanzó Ecbatana, y contempló de nuevo la maravillosa y sensual belleza de su arrogante Reina, la madre ahora de su hijo, esto despertó sino un débil eco de la antigua pasión, un endeble retorno del antiguo calor. Y aunque sus palabras fueron tan tiernas, y llenas de afecto como antes, sus frases como cumplimientos, sus atenciones tan cuidadosamente estudiadas, ante el corazón de la orgullosa y apasionada mujer, hambrienta de amor y sedienta de devoción, detectó enseguida, la vaciedad de sus frases hechas, la vacuidad de sus palabras melosas, sus caricias formales, la artificialidad de sus afectuosidades, y en una vehemente ira y decepción rechazó ser satisfecha con la pretensión de un amor que su instinto de mujer le decía que de algún modo había perdido.
A El Jazid, ella no dijo nada que mostrase que ella había percibido alguna diferencia en sus modales, pero ella buscó ganar de vuelta al marido que había regresado, la devoción del amante que la había dejado hacía menos de un año. Ella utilizó cada arte del cual era maestra, y los usó en vano, y ella sintió que ya no era más posible para ella mantener su amor, desde que entre sus corazones alguna barrera se había levantado que ninguna atención de parte del Rey podía ocultar.
Y todavía, cuando el permanecía con ella, ella no manifestaba ningún signo, disimulando con cautela oriental la cólera que sentía; pero cuando, tras una breve estadía, y con una delgada, mal actuada muestra de lamento, pues El Jazid era sino un pobre disimulador, él tenía que dejarla de nuevo, declarando que tenía que volver a su ejército, la cólera de la mujer despreciada se expresó en una violenta tormenta de rabia, y ella sintió una fiera sed de venganza sobre la mujer que le había robado el corazón del Rey, y usurpado ese primer lugar en sus pensamientos que pertenecían por derecho solo a su Reina.
Ella tenía seguridad de que había alguna mujer; nada más podría haber cambiado la conducta del Rey hacia ella, y ella se llenó de una salvaje determinación para averiguar quien podría ser esa desconocida belleza, y contemplar a una cuyos encantos hubiesen probado ser más potentes que los propios, fuertes lo suficiente para sacar a El Jazid del lado de la Princesa, quien lo había distinguido sobre muchos pretendientes y conferido sobre él el honor de volverse el marido de la orgullosa Artemisia. El amor herido se conmovía en su corazón con el orgullo herido, y del conflicto nació un odio tan profundo y todo absorbente como lo había sido el amor.
Cuando la primer explosión de pasión terminó en Artemisia, con el cuidado de su naturaleza oriental, resolvió ocultar sus suspicacias de El Jazid, y actuar hacia él como antes, con el objeto de que ella pudiese realizar su venganza sobre él y sobre su nueva favorita. Ella puso espías a seguir al Rey, y reportarle cada movimiento, y no fue antes de mucho tiempo que ella supo de la existencia de Cintia, y de la devoción que El Jazid había mostrado hacia ella, aunque tan quietamente que ella había sido llevada por Al Zulid, y así efectivamente hecha desaparecer para él, de modo que ninguna traza de donde estaría ella podía ser hallada. Nadie supo que fue de ella, ni por quien había sido llevada. Las mismas visitas del Rey a Cintia fueron hechas ahora con el más grande secreto y precaución, por lo que los espías de la Reina Artemisia fueron por un tiempo completamente desconcertados.
Mientras tanto, la construcción del pasaje secreto entre los dos Palacios en Persagarda estaba siendo rápidamente llevado adelante. El artífice Hindú, a quien una gran suma del Rey había tentado a salir de su propio país, fue asistido en su trabajo por un inteligente esclavo negro, solamente. El cuidado tomado al hacer el pasaje fue tan grande que todos los obreros fueron traídos desde una gran distancia y cuidadosamente prevenidos de mantener ninguna comunicación con las personas empleadas en el Palacio. Cuando la obra fue finalmente terminada, estos obreros extranjeros y el artesano Hindú fueron cuidadosamente escoltados de nuevo a su país de origen, dejando atrás, únicamente, al pobre esclavo negro. Este infortunado hombre, perteneciente a la ciudad de Ecbatana, y estando empleado en el Palacio, le pareció al Rey que lo más seguro para hacer era asesinarlo, pues en cualquier oportunidad este podría ser tentado a revelar el secreto del pasaje, y las órdenes fueron entonces enviadas para su ejecución, la vida de un pobre esclavo siendo apenas como el peso de una pluma en la balanza comparada con la preservación del secreto del Emperador.
Cuando todo fue al final terminado, Al Zulid instaló él mismo y su grupo familiar en la casa asignada para él, y luego llevó a Cintia a la parte de esta que había sido preparada para ella, y que fue rodeada por altas murallas, y todo lo que se pensó fue lo que pudiera servir para su protección. Poco después de esto, la corte se trasladó a Persagarda , y el Rey fue una vez más capaz de visitar a su amada libremente, y, como él creía, sin sospechas.
Para la Reina, él mantenía siempre la misma cuidadosa muestra de escrupulosa devoción, y tan bien actuó Artemisa su parte, tan cuidadosamente ella disimuló su furia, que El Jazid imaginó que su secreto no estaba en peligro inmediato de ser descubierto, y se dedicó a disfrutar sin límites la sociedad de Cintia, observando escasas veces como de otra manera pudiera haber hecho, el lento arder del fuego que brillaba en los ojos de Artemisia, cuando él alegaba las necesidades del estado como una razón por la cual él no podía dedicarle más tiempo a ella.
La muerte de aún un pobre esclavo no pasó fácilmente sin venganza. Esta fue una semilla, y una pequeña, en el campo de la cosecha de pesares que estaba por rodear a la pobre Cintia. Aún esa semilla se volvió un árbol venenoso cuyas ramas fueran a dañar en su origen los retoños de esperanza y amor y ternura maternal que habían crecido entre las relaciones constreñidas y arruinadas de un corazón al que se le habían negado todos los lazos naturales de parentescos terrenales, todos los intereses que podrían haber abstraído sus pensamientos de la contemplación de las cosas Celestiales.
Los tiernos goces, los dulces suaves pensamientos de una expectante maternidad, fueron despertados en el Alma de Cintia, y temblando con una mitad de miedo y una de temor, ella buscó el desarrollo de la diminuta vida dentro suyo, el florecimiento dentro de la vida del pequeño emblema de su amor; esperanzas que le dieron una nueva suave luz a sus ojos e impartieron un nuevo significado a su amor por El Jazid.Una tarde que el sol se estaba poniendo y las sombras crepusculares se reunían sobre el valle que descendía, Cintia y El Jazid estaban sentados juntos sobre un bajo diván; y su cabeza descansaba sobre su hombro en un dulce abandonamiento de amor feliz; su largo cabello negro caía sobre su espalda y a medida que el Rey la acariciaba con amante tacto él le hablaba a ella de esas nuevas esperanzas que llenaban con felicidad a sus Almas.
Súbitamente Cintia cuyos soñadores ojos habían estado contemplando a El Jazid, dio vuelta su cabeza hacia los cortinados en la esquina del cuarto donde estaba la puerta secreta, y con una mirada fija petrificada de temor, tal como se ve en un ave que es fascinada por una serpiente, ella pareció estar siguiendo el pasaje de algo o alguien a lo largo de la pared. Luego sujetó con fuerza el brazo del Rey, con un bajo grito y una expresión de horror casi frenética, ella exclamó: “Oh, mira! Mira! Es esa sombra negra de un hombre otra vez! Se está arrastrando, se arrastra hacia nosotros, con la más terrible mirada de odio en sus ojos! Él los fija sobre mí, y siento que no puedo moverme, no puedo escapar de él! Oh sálvame de él! Sálvame de él! Y con un grito ella cayó insensible en los brazos de El Jazid.
En vano el Rey, completamente alarmado por si hubiera algún espía que hubiese encontrado el secreto del pasaje, buscó en las cortinas y en las paredes, en todas partes. Él no pudo ver nada que pudiera alarmarle, ningún medio por e cual alguien pudiera haber entrado, y aunque él había seguido la dirección de los ojos de Cintia y mirado hacia donde ellos señalaban, él no pudo ver nada que explicara ese miedo. El resorte secreto estaba intacto, la puerta bien cerrada aún así Cintia había parecido ver la figura saliendo de allí. Aunque lo sucedido era un misterio, aún El Jazid tenía una gran creencia en sus poderes de contemplar cosas no vistas como para dudar que ella hubiese verdaderamente visto algo, y su invisibilidad a sus propios ojos añadía grandemente a sus aprensiones supersticiosas.
Revivir y aplacar a Cintia fue su primer cuidado. El se cuidó en no llamar a nadie de sus asistentes pues no quería que su presencia fuese sospechada, y fue algún tiempo antes que ella estuviera suficientemente restablecida y calmada que se permitió dejarla.
Cuando él hizo eso estaba casi oscuro, y con el objeto de ver su camino a través del pasadizo él encendió una pequeña lámpara.Él había alcanzado casi la puerta que le conducía a su propio apartamento cuando a la débil luz de su lámpara vio una sombra negra en frente de él, semejando la figura reptante de un hombre. Sacar su daga y golpear esa cosa fue la obra de un momento, pues solamente una meditada traición podría causar que alguien lo hubiese seguido dentro del pasaje. Para su sorpresa el arma, y también su mano y su brazo, pasaron a través de la figura, y al mismo tiempo su lámpara pareció extinguirse por una ráfaga de aire frío; luego él vio a la figura rodar y levantarse y, como si lo envolviera como una capa, y necesitó todos los esfuerzos de su fuerza de voluntad e intrépido coraje, para liberarse de la anónima cosa sin forma que él sabía ahora que no era nada terrestre, y como él la arrojó de sí con toda su fuerza pareció desvanecerse con un salvaje grito sobrenatural de furia.
Convencido de que el ser que había encontrado era algún mal genio, El Jazid consultó a la corte de astrólogos y sabios hombres, y también a los Sacerdotes sobre lo que podría hacer para protegerse y, lo que era todavía más importante, a su amada Cintia de las proximidades de esta horrible cosa.
El consejo que obtuvo fue que este ser evidentemente un Espíritu de la oscuridad, uno de los demonios de Ahrimán, siendo deseable que El Jazid saliera inmediatamente en peregrinaje al Templo de Bakú, y trajese de allí una lámpara iluminada por el sagrado fuego que sale de la tierra y arde allí continuamente. Esto combatiría el poder maligno de Ahrimán, y traería hacia él la ayuda de los buenos Ángeles de ORMUZD, y así el fuego sagrado poseería una doble eficacia para mantener arrinconados a todos los espíritus y genios del reino oscuro.
De lo de Cintia el Rey partió con la más extrema reluctancia. Solamente la seguridad de los Sacerdotes de que era necesario que él mismo fuese, y en su propia persona prestar homenaje en el altar sagrado, podía inducirlo a dejarla en tal momento y bajo tales circunstancias. Él la confió a Ben Al Zulid, con las frecuentes repeticiones de cuidados a tener para guardar el secreto de la puerta y sobre todo mantener una lámpara especial conteniendo el fuego sagrado siempre ardiendo en el cuarto, y una estación de guardias frescos alrededor de sus apartamentos.
Cintia misma se sintió muy mal dispuesta a permitir que el Rey la deje. Ella estaba llena con los más ansiosos temores, las más terribles aprehensiones, y sentía horror en perderlo de vista aún por unas pocas horas. Todavía su creencia en el consejo de los Sacerdotes al final se sobrepuso a sus temores, y con mucha emoción Cintia y el Rey se separaron.Por algunos días nada ocurrió para justificar los temores de Cintia, y Al Zulid veló por su seguridad con un cuidado y una devoción solamente en segundo lugar a la del Rey mismo, de modo que ella gradualmente se sintió avergonzada de sus temores y más confiada, y comenzó a imaginarse el retorno de El Jazid.
Así pasó el tiempo, y se calculaba que el Rey ya debería estar bien adelantado en su camino de regreso a su morada, cuando una mañana en que Cintia descansaba sobre sus almohadones, cansada de esperarle, cayó dormida.
Ella había dormito apenas un breve tiempo, y estuvo sola por un pequeño momento de la asistente que había dejado justo el cuarto, cuando las cortinas delante de la puerta secreta fueron corridas por una mano, una real mano viviente, una mano de mujer finamente moldeada y ornamentada con muchos anillos, y la Reina misma apareció en el cuarto. Acercándose cerca de la cama de la muchacha durmiente ella se paró para contemplar a la rival que le había robado el amor del Rey. Crueles brillos de odio aparecieron en sus ojos, y sus blancas manos se fijaron en un feroz deseo de sujetar la fina blanca garganta de la bella muchacha y estrangularla. ¡Sí! Esta muchacha era hermosa. Perfecta en todos los aspectos como ella misma, y con un sutil encanto en su belleza que la poderosa Reina nunca podría esperar rivalizar. Instintivamente ella sintió la fuente del poder de Cintia sobre El Jazid, y apretó los dientes en una rabia silenciosa a medida que daba un paso más cerca de la cama, y al mismo tiempo hacía un signo con su mano a un esclavo que estaba detrás de ella.
Tal vez fue la proximidad de su enemigo que la despertó, o pudo ser su Ángel Guardián que buscó salvarla aún entonces; sea como sea, Cintia despertó con un grito de terror y saltó de los almohadones, emitiendo agudos gritos por ayuda mientras el esclavo saltaba sobre ella y hundía su cruel daga en su hombro y en su blanca garganta antes que el atemorizado asistente pudiera apresurarse en su ayuda; el esclavo mismo fue casi cortado en pedazos por aquellos que se apuraron en ingresar al cuarto. La Reina, dejando a su favorito a su destino, se había retirado dentro del pasaje secreto y cerrado la puerta, y no hubo nada que pudiera mostrar cómo o por qué medios el asesino había entrado.
En verdad Artemisia había estado por días y semanas tratando de descubrir por qué medios secretos el Rey visitaba a su rival, para eso ella estaba de alguna manera cerca y lo que veía diariamente Artemisa la convencía. Ella supo que Al Zulid poseía una muy bella y misteriosa compañera de su harén, y adivinó que su casa podría bien haber sido elegida como el asilo de la favorita de El Jazid. Con una capacidad de mujer para recibir y aprovechar las impresiones y mal definidas y aparentemente suspicacias sin fundamentos, ella se había convencido que debía existir algún pasaje secreto en alguna parte, y ayudada por el vengativo Espíritu del esclavo asesinado ella había pasado el tiempo de la ausencia de El Jazid en la búsqueda de este, y aún guiada por el Espíritu del hombre cuyo conocimiento de su secreto le había costado la vida, al final, ese mismo día, lo encontró.
Fue este Espíritu a quien Cintia había visto, y a quien El Jazid había encontrado revoloteando alrededor de la causa de su fin antes de tiempo, y quien había conducido a la Reina a buscar el cuarto secreto de su rival en el momento en que ella estaba sola y sin protección.
Así las primeras semillas cosecharon sus frutos, y enviaron brotes de veneno aún a otras vidas.
* * * * *
Cintia no estaba muerta, aunque fatalmente herida, y Al Zulid se apuró en todo para que llegara el Rey, esperando que posiblemente él pudiera estar a tiempo para recibir su último aliento.Ella yacía casi inconsciente, pero parecía como que ella no quisiera morir hasta el regreso de su amado.
Al amanecer del día sus asistentes veían que el fin se le aproximaba. Las grises sombras de la muerte fueron reuniéndose rápido sobre su bello rostro; sus ojos estaban vidriados, y parecían haberse extinguido casi completamente, cuando el Rey, cubierto con la espuma de su caballo y el fango de los caminos, demacrado y perturbado por la pena, llegó al fin. A su contacto los ojos de Cintia se abrieron una vez más; sus blancos labios trataron de emitir su nombre, y su mano desfalleciente tomó la suya, pero aun cuando ellos hicieron esto el cordón de plata fue perdido, y el Alma de la gentil Cintia asesina se hundió en el descanso.
* * * * *
Y en la hora en que mi madre murió, Yo, Ahrinziman, nací. El momento de su muerte fue también el momento de mi entrada en la vida.No entre gozosas congratulaciones y felices esperanzas cumplidas fue mi conducción dentro de la vida, sino en medio de amargas lágrimas y bajos lloros de aflicción; en medio de la cólera, la revancha y la lucha, Guerra y asesinato y celos me habían ensombrecido antes de mi nacimiento, y la Estrella de mi destino se levantó sobre el horizonte de la Tierra teñida con los sanguíneos rayos rojos de la Estrella Ardiente.
LA HISTORIA DE AHRINZIMAN
PARTE I
COSECHANDO LA SEMILLA
CAPITULO 1
LOS DIAS DE LA JUVENTUD
Mis primeros recuerdos son los de una solitaria choza de pastor entre las montañas del Cáucaso, donde, bajo el cuidado de mi padre adoptivo y en medio de la pacífica oscuridad de mis humildes alrededores, los días de mi niñez fueron transcurriendo.
Nadie sabía quien era mi padre, ni de dónde venía yo. Yo había sido llevado al valle como un niño de aproximadamente un mes de edad por un Persa, a quien el pastor y su esposa habían alimentado cuando estaba mal herido dos años antes, y que había pasado a través de su valle con unos pocos soldados por compañía. Poco se sabía siquiera de este hombre, pero por su vestimenta y costosa armadura fue juzgado como perteneciente a los rangos superiores del ejército del Rey. Él mismo me había traído, sin la compañía de nadie, y había dejado una gran bolsa de monedas para pagar el costo de mi mantenimiento, diciendo que tanto como yo fuera bien cuidado y bondadosamente tratado mis padres adoptivos no carecerían nunca de nada para sus aves y manadas en su propia tienda, ni oro con el que dotar a sus hijas, pero que ningún intento sea hecho para saber de quien era hijo yo, ni por qué había sido dado al cuidado de los extranjeros.
Dos veces tras esto este hombre vino a preguntar por mí, y ver si yo estaba siendo tratado bien en ese salvaje valle montañoso, y luego por muchos años no regresó más. Sin embargo, como más que el dinero suficiente había sido dejado conmigo para proporcionarme todas mis necesidades, ninguna sorpresa se tuvo sobre esto. En verdad el oro dado había sido una suma tan considerable que de una humilde tienda entre otras bandadas de hombres mi padre adoptivo fue capaz de comprar una fina tienda para él.
Así pudo salir de la tienda donde él había vivido a una pequeña edificación de piedra que yo recuerdo, y la cual, aunque parecía sino un pobre y humilde lugar a mis pensamientos ahora, era entonces la cima de su ambición. Así él y su esposa tenían todas las razones para tratarme bien.
Ellos tenían una numerosa progenie propia, algunos de más edad y otros más jóvenes que yo, pero por ellos, aún en nuestros juegos infantiles, yo fui siempre tratado con cierto grado de deferencia, como siendo de un rango superior al de ellos. Y así yo aprendí temprano a gobernar, aún en mi pequeño mundo, y a pedir a otros una sumisión a mis deseos que deberían desarrollar en mí ese amor por comandar que yo había heredado de mis reales ancestros.
Al margen de estas consideraciones, yo tenía ciertas peculiaridades de gusto y temperamento que servían para ampliar la barrera entre ellos y yo cuyo cuidado me proporcionó ese amor de familia que yo nunca había conocido.
Yo fui un niño caprichoso, sujeto a violentas explosiones de pasión, y lleno de vagos anhelos pero yo no sabía de qué; esforzándome siempre por algún estado de felicidad que era inalcanzable para mí; sediento aún por mayor conocimiento, y agobiándome contra los estrechos límites de mi pequeño mundo.
Cuando me cansé de los rudos juegos de mis compañeros, y aburrido de observar las costumbres de muchos animales que mi padre adoptivo tenía, comencé a vagabundear por los pasos de las montañas de esa tierra semi cultivada, y lanzándome en la cima de una montaña de pasto desde donde podía mirar las nubes y el cielo y el glorioso sol, hasta que la solitaria y desolada región alrededor mío parecía crecer con un impulso de vida, y miríadas de formas de todo tipo, de seres aéreos poblaban la soledad, moviéndose a mi alrededor y flotando entre mí y la salida o la puesta del sol, pues era temprano en la mañana o en la puesta del sol que yo contemplaba estas formas más frecuentemente y más claramente.
De nuevo al mediodía, mientras miraba las nubes viajar sobre el cielo, sus formas cambiando para mí en castillos y palacios y maravillosos océanos con barcos blancos alados y enormes galeras viajando a través; en cazadores y caballos, en guerreros envueltos en batalla, en caballos y sabuesos y veloces antílopes. Completos panoramas se desarrollaban ellos mismos ante mis ojos, hasta que ya no más habían formas de nubes que estuviese mirando sino las maravillas de un mundo celestial.
Entonces cuando la oscuridad caía, y yo estaba en mi pequeño cuarto, yo volvía a contemplar una Estrella gloriosa, similar a una de las Estrellas de los Cielos, que parecía aproximarse más y más cerca de mí, y expandirse y expandirse, hasta que mi cuarto entero era bañado con su plateada luz, y yo mismo envuelto en su deslumbrante brillantez. En el corazón de la Estrella yo podía ver los más radiantes ángeles, sus blancas y refulgentes vestiduras brillando como si fuera empolvada con polvo de plata, y en sus manos ellos llevaban coronas de palmas plateadas, con flores azules y blancas. Tropas de brillantes Peris o espíritus de niños se reunían y danzaban alrededor mío en la luz de la Estrella. Amorosas doncellas con largos mechones de pelo flotando y brazos de una blancura como la nieve se deslizaban apareciendo y desapareciendo ante mí en todos los laberintos de las danzas más agraciadas que yo había contemplado. Suaves trozos de música flotaban a mí, limitados por el pasaje de algún Céfiro de la Tierra del Espíritu, y amorosos vislumbres de escenarios como el de blancas y relucientes regiones de alguna tierra de hadas de los Benditos aparecía a mis ojos por unos pocos momentos, y luego desaparecían para dar lugar a otra escena de delicias. Entonces de manera súbita mi Estrella empalidecía y oscurecía, y se desvanecía, dejándome solo en la oscuridad una vez más.Cuando tuve entre diez y doce años de edad mis visiones tomaron una nueva forma; en lugar de ver tales tropas de formas de Espíritus yo comencé a ver solamente una - una mujer – una muy adorable mujer, casi como una niña, cuya presencia parecía mover mi corazón con un extraño sentimiento de emoción, entre la más intensa tristeza y el más grande gozo. Mientras ella era visible yo me sentía feliz; cuando ella desaparecía yo me sentía como si fuera la luz de mi vida que se hubiera ido con ella, y yo me sentía con un intenso deseo anhelante de liberarme de mi cuerpo terrenal y seguirla. Al principio ella aparecía yaciendo flotando en el corazón de la Estrella plateada, como si ella estuviera dormida; sus ojos estaban cerrados y su cabeza caída sobre su hombro, mientras sus brazos colgaban flojos y sin fuerzas a su lado. Su rostro era el más precioso que uno pudiera imaginar, y un gran caudal de cabello negro caía holgadamente sobre sus espaldas. Sobre su cabeza ella usaba una sol Estrella Plateada, y en el corazón de esta Estrella había una gota de carmesí, que me pareció primero flotar entre dos puntos rojos, uno sobre su cuello y el otro sobre su hombro. Ella i me sonrió ni me habló por un largo tiempo, pero su presencia siempre despertó en mí la misma extraña emoción, y su llegada debió haber detenido aquella de las otras formas de Espíritus, pues yo no los vi más; el escenario que hubo a veces, las tropas de niños danzantes, nunca.
Una y otra vez yo la vi, y al fin un día sus ojos se abrieron. Y ella pareció estar despierta, pues me contempló con asombrados ojos negros, extrañamente como los míos. Por grados ella se despertó más y más, y me sonrió dulcemente, y una noche ella se me acercó y me tocó.Pero ¡Oh! Con qué dolorosa emoción su toque llenó mi alma. Yo caí en la más amarga angustia, y mis lágrimas causaron que la Estrella desapareciera y ella se desvaneció, y no fue hasta mucho tiempo que yo pude contemplarla de nuevo.
Por largo tiempo yo había mantenido estas visiones para mí mismo. Yo me contuve instintivamente de compartir mi secreto con nadie; pero al final se lo dije a mi madre adoptiva, y ella se perturbó mucho con mi relato, temiendo que mi contemplación de estas cosas pudiera llevar la muerte a alguno, o perturbarlo de alguna manera. Ella también temía que hubiera algo no terrenal y extraño acerca de mí, y en su ansiedad ella primero conversó acerca del asunto con todos sus vecinos, y entonces decidió consultar a los Sacerdotes del pequeño Templo de la Colina a cinco millas de distancia, construido sobre una de las más altas montañas donde este podía recoger los primeros y los últimos rayos del sol saliente y poniente.
Por los Sacerdotes ella fue un poco reasegurada sobre mi probable origen, pues ella había comenzado a temer que se debiera a la influencia de algún genio, y que posiblemente yo no fuera mortal después de todo. Ella fue aconsejada de tenerme consigo, para que ellos puedan juzgar por ellos mismos si mis visiones eran las desilusiones de Ahrimán y sus Ángeles caídos, o eran ellos verdaderamente enviados por las esferas Angélicas y presagiaban la posesión de poderes proféticos.
En esta forma yo fui llevado primero bajo la atención de estos Sacerdotes, y entre ellos yo encontré pronto una amigo con el que congenié en la persona de uno de los hermanos del orden más humilde del Sacerdocio. Él era un hombre de alrededor de cuarenta años de edad, un entusiasta y un visionario, y uno bien calculado para desarrolla en mí esos extraños poderes de adivinación que yo había heredado de mi madre. Por este Sacerdote yo fui enseñado a leer y escribir en los caracteres Zend, y a descifrar los jeroglíficos sobre los rollos de piel de oveja pintada donde estaban registradas las historias de otras Fes más que la nuestra propia. Él me enseñó también a leer el significado de muchas de las pinturas simbólicas cavadas y pintadas sobre las diversas ánforas en uso en el servicio del Templo.
De él yo aprendí también las enseñanzas del gran Zerdusht (o Zoroastro, como algunos le llaman), y las puras doctrinas y de la secta reformada fundada por él.
Él también me enseñó que yo posiblemente adquiriría el arte de dejar mi cuerpo terrestre, y vagabundear a voluntad a través de las Esferas Espirituales, aun como había sido hecho por el gran Zerdusht mismo con el objeto de que él pudiera traer de allí las enseñanzas de los Espíritus superiores. Hacer esto requería de un largo y severo aprendizaje de las cosas espirituales, y no podía ser practicado con seguridad por aquellos que estuviesen dentro de los precintos de un Templo u otro lugar santo.Además de estas cosas él me habló de muchos otros misterios, de los cuales me dijo que no sería legal iniciarme a menos que yo me hubiese convertido en uno de los neófitos del Templo. Él me dijo que tales poderes como los míos fueron claramente propuestos para ser dedicados al servicio de Dios, y así trabajó sobre mi imaginación y entusiasmo por las cosas ocultas de las que yo tenía avidez de ser llevado al Templo como él y los otros Sacerdotes aconsejaban. Esto fue, sin embargo, imposible sin el consentimiento del hombre que parecía ser mi guardián, y el asunto tenía que ser dejado en suspensión hasta que él pudiera regresar de nuevo para preguntar sobre mi bienestar.
Dos años pasaron antes de este evento, y entretanto mis constantes visitas al Templo, y el inusual y raro conocimiento que yo estaba adquiriendo allí (y del cual yo estaba tan orgulloso que no podía guardarlo para mí solo, sino que lo comenté a mis compañeros) había excitado los celos y la cólera de nuestra pequeña comunidad. Aunque mis padres adoptivos y sus hijos, por motivos de interés y afecto, me hacían deferencias y estaban orgullosos de mi entendimiento, era de otro modo con aquellos que no tenían nada que ganar o perder del favor de mi desconocido protector, y los vecinos y sus hijos naturalmente notaron mis peculiaridades y aires de superioridad. Yo estaba creciendo como un fuerte y alto muchacho, y mi rápido temperamento y modos de ser dominadores hacia aquellos que yo consideraba inferiores me hizo más enemigos que amigos.
Primero se dijo que yo era claramente el vástago de alguna intriga, desde que mis padres estaban avergonzados de reconocerme: realmente un bonito compañero para darse a sí mismo aires sobre ellos! Luego cuando mis visiones fueron conocidas y conversadas por mi madre adoptiva se dijo que yo debía ser el hijo de algún genio, y no mortal en absoluto; que el simple Aboukir y su esposa habían sido impuestos por este extranjero, quien, ellos afirmaron, habían indudablemente sustituido un niño por otro! Vagas historias de todo tipo comenzaron a circular. Se dijo que yo había sido visto vagando alrededor de las colinas tras anochecer (lo que era en parte verdad). Y que era cierto que yo pertenecía a la clase de los fantasmas y vampiros.
La hora y el día en el que yo había sido llevado a la villa fue encontrado como desafortunado, y marcado con una piedra negra, y todos los infortunios de la tribu fueron atribuidos a mi influencia, desde que se pensaba que yo estaba poseído por el mal de ojo. Antes de mucho yo comencé a ser evitado por uno y todos, y aunque el buen Sacerdote, al escuchar estas historias, llamó al líder de la tribu y le dijo que yo estaba destinado al servicio del Templo, su visita solo sirvió para hacer que las historias contra mí se susurraran en lugar de ser dichas en voz alta a todo el mundo.Al principio yo me sentí amargamente herido por estas cosas, y todos los consuelos filosóficos que me dio mi amigo el Sacerdote Abubatha fallaron en confortarme. Entonces mi orgullo despertó, mi imperioso temperamento se afirmó en sí mismo, y yo retribuí su disgusto con un décuplo desprecio y desdén.
Así yo me volví más solitario en mis maneras que nunca, pues la chismografía mal naturalizada una vez iniciada no es fácilmente puesta a descansar, y el abismo entre mi ser y mis compañeros se volvió más ancho a medida que el tiempo pasaba.
CAPITULO II
LOS DOS EXTRAÑOS
Yo tenía trece años de edad cuando el hombre que me había llevado al valle regresó, y mi padre adoptivo Aboukir le dijo de mis visiones y mis vistas a los Sacerdotes en el Templo, pero de las historias susurradas contra mí él no dijo una palabra, temiendo que pudiera ser privado en consecuencia de mi cuidado.
El extraño meditó el asunto por un breve tiempo, y luego envió por mí para hablar con él. Pero yo no pude ser hallado, pues yo me había ido una vez más a mis largos deambulares sobre las montañas, y el extraño se fue, prometiendo retornar prontamente.
Unas pocas semanas tras esto, cuando yo estaba dolo en mi casa, mi padre adoptivo habiendo ido a atender algunos rebaños distantes, y mi madre adoptiva a chismorrear con sus vecinos, yo fui despertado de mis estudios al escuchar el trotar de los cascos de los caballos, y al mirar yo contemplé dos caballeros desmontando en nuestra puerta.
Sus ricos vestidos y ricamente aparejos de los corceles los proclamaban como siendo de alto rango. Uno era mas bien bajo pero de espaldas muy anchas y pareciendo un hombre poderoso, a quien yo no tuve problema en reconocer por la descripción de mi padre adoptivo como el misterioso extranjero que me había traído allí.
El otro era más alto y más delgado, aunque también se veía como un hombre poderoso. Su rostro estaba parcialmente cubierto por una negra barba espesa, y su expresión era, aún a mis ojos infantiles, muy triste y grave.
La belleza de los caballos me atrajo grandemente, porque yo era muy aficionado a todos los animales, pero especialmente a los caballos, y yo había aprendido temprano a cabalgar y ser excelente en todos los simples hechos del manejo de caballos practicado por las tribus de las colinas, que estaban grandemente ocupadas en criar caballos tanto como ovejas y carneros.
Pero yo nunca había visto caballos tan bellos como esos, tan graciosos, hermosas criaturas, que permanecían arqueando sus glaseados cuellos y echando sus largas melenas y dando coses en el suelo con impaciencia, y yo me acerqué al caballo del extranjero alto que pataleaba para acariciarlo, mirando fijamente a los dos hombres con ojos que se preguntaban como lo hacía yo.
“¿Dónde está el pastor Aboukir y su esposa?, preguntó el extranjero más bajo.
Yo le dije, y dije que iría a buscarlos, pero él me detuvo, y me dijo que no importaban que era al niño Ahrinziman a quien ellos querían ver.
Todo este tiempo yo estaba acariciando al caballo y dándole leves palmadas, y parecía como si le gustara mi toque, porque se calmó bajo estos. El extranjero bajo observó esto, y añadió: “Tú eres un muchacho intrépido seguramente, para tocar tan rápido el caballo de otro hombre”.
“Yo no le tengo miedo a nada”, dije, frunciéndole el entrecejo, pues no me gustó su tono de burla.
“Mire allí, Oh Señor! ¿A quien se parece el muchacho entonces? Dijo el hombre bajo, “Nosotros no necesitamos a la esposa del pastor para que nos diga de quien es hijo este”.
“Tienes razón”, respondió el otro, y luego añadió con un suspiro: “Él es como ella también, él tiene sus ojos, seguramente será como ella en otros aspectos”. Luego volviéndose a mí él dijo: “¿Te gustaría ser un soldado, ya que tú no temes a ningún hombre?”
“Yo preferiría ser un Sacerdote, pues entonces yo viviría en el Templo, y nadie podría osar burlarse de mí; todos los hombres me brindarían respeto; yo sería un Sacerdote y un Profeta como el gran Zerdusht, y todos los hombres homenajearían mis poderes. Yo no quisiera ser un soldado, porque un soldado tiene siempre que obedecer órdenes; siempre hay alguien sobre él; aún el Comandante debe obedecer al Rey, y yo no quisiera inclinarme ante ningún hombre; mas bien yo quisiera que todos los hombres me escuchasen”.
El hombre bajo se rió. “Mirad!”, dijo él, “cuan ruidosamente bravuconea ya!”. Pero el otro me respondió gravemente.“¿Cómo sabes tú, Ahrinziman, que podrías convertirte en un gran Profeta?
“¿No hay muchos dentro del Templo cuyas vidas son siempre humildes?
“No ha habido sino un Zerdusht: ¿cómo tu ambición te hace pensar en volverte tan grande como él?
“Porque el Sacerdote Abubatha dice que desde los días de Zerdusht ha habido sino pocos que contemplaron las cosas del mundo Espiritual con los claros ojos con los que yo puedo verlos. El piensa que yo tengo que dedicarme ahora al servicio del Templo y yo podría volverme un vidente tan grande como Zerdusht. ¿Quién sabe si yo seguramente podría volverme tan grande como él, cuando yo tenga la edad que él tenía cuando comenzó a profetizar?”“Tú verdaderamente no lo deseas por ambición, Oh Ahrinziman! Ahora dime de las visiones de las que tú hablas, para que podamos juzgar de donde vienen ellas.
Luego yo le conté de todas esas cosas que yo había visto; de los adorables Espíritus y de la Estrella brillante y de las iluminadas imágenes y al fin le dije del Ángel Blanco como yo le llamaba. Él me preguntó mucho concerniente a ella, y pareció muy agitado cuando yo le dije cómo se veía ella primero; y cuando yo hablé de los dos puntos rojos que daban el rojo que bordeaba sus vestimentas, su rostro se ensombreció con cólera tanto como con tristeza, y él apretó sus manos y pareció moverlas con mucha pasión.
Luego yo le dije que al final los puntos rojos desaparecieron, aunque el borde rojo permanecía, y que ella estaba despierta ahora y me sonreía, y me había tocado una vez, pero que su toque me dio sufrimiento y dolor, aunque yo siempre había anhelado que viniera a mí otra vez. Y cuando yo le dije esto él puso su mano sobre mi hombro, y me hizo mirarle y decirle todo una vez más. Y a medida que hacía esto él mantuvo su mano sobre mí, como pensando asegurarse quien era de quien yo le estaba hablando.
Cuando yo terminé mi recitado por segunda vez, un súbito impulso me hizo tomar su mano en la mía, y levantarla a mis labios y besarla apasionadamente. Fue como si en ese momento el más intenso amor por él hubiese tomado posesión de mi Alma, y hubiera podido abrazarlo y llorar sobre él con una mezcla de felicidad y tristeza.
Pero él era un extraño para mí, y yo sentí temor, y el impulso desapareció.
Cuando yo besé su mano él exclamó con agitación: “Dios de mis Padres! ¡Eso era lo que ella hacía exactamente! ¡Esa era la forma en que ella me trataba!”, y retiró su mano de mí y cubrió su rostro con su manto y se dio vuelta. Aún yo podría decir que él estaba sollozando, pues él no habló, sino que caminó hacia atrás y parecía como que luchaba con su sufrimiento, mientras el otro hombre se alejó de nosotros hacia la casa, como si fuera en respeto por sus emociones.Tras un breve momento el extraño alto regresó a mí, y tomando una gruesa cadena de oro forjado de su cuello él la colocó sobre mi cabeza, diciendo: “Muéstrale esto a tu Ángel Blanco cuando ella vuelva otra vez, y pregúntale si no tiene una palabra o un signo para darme”.
Luego él me besó muchas beses, abrazándome con mucha ternura, mientras yo me aferraba a él y le rogaba que me llevara con él, aunque yo no sabía quien era. Pero él me apartó al fin y se volvió para llamar a su amigo, diciéndome: “Aún no, Oh amado hijo de mi perdida Cintia; no aún; pero pronto vendrás a mí y serás el consuelo de mis tristes días”.
Luego ellos salieron y montaron sus caballos y se alejaron, mientras yo permanecí mirándolos, y especialmente al extraño alto que volvió su vista hacia mí muchas veces, hasta que una curva en la montaña lo quitó de mi vista.
Luego ingresé a la casa, y sobre la mesa encontré una bolsa de oro y un mensaje escrito, el que ahora podía leer, diciendo que no se hiciera nada hasta que los extraños regresaran de nuevo; y yo supuse que esto habría sido dejado por el hombre bajo mientras nosotros hablábamos.
CAPÍTULO III
YO ENTRO EN EL TEMPLO
Durante muchas semanas esperamos el regreso de los extraños, pero ellos no vinieron. Pero yo vi a mi Ángel Blanco de nuevo.
Ella vino una noche y permaneció sonriendo y mirándome desde el corazón de la Estrella Plateada ; luego ella se me acercó, y aunque ella no me tocó ella levantó la cadena, que yo siempre usaba desde que el extraño alto me la dio, a sus labios y la besó, y Yo pienso que ella dijo "Dile que . " y ella desapareció de nuevo, y se perdió en la luz de la Estrella Plateada .
Pronto tras la visita de los extraños la monotonía de nuestra vida fue quebrada por la llegada a nuestra villa de uno de los hombres de la tribu que había ido a luchar en el ejército del Sultán, y que ahora retornaba muy lisiado para servir más tiempo. Él trajo consigo muchos tesoros, desvalijados sin duda durante el tiempo de servicio, y él pronto se estableció en una fina tienda con una esposa, cuyo vestido y ornamentos fueron la envidia de todos sus vecinos . Y él también compró un fino rebaño de ovejas y cabras.
El azar me hizo cruzarme con este hombre, aunque como una regla yo evitaba la villa, y muy pronto una suerte de amistad creció entre nosotros, pues el hombre tenía muchas extrañas historias para contar de sus aventuras vividas, y las escenas excitantes de la guerra, y Yo estaba ávido por todas las historias de ese mundo que yacía más allá de nuestras montañas, y del cual Yo pensaba con mucha frecuencia desde la visita de los dos extraños.
Yo comencé a vacilar en mi deseo de ser un Profeta, y a medida que escuchaba las historias contadas por el soldado mi imaginación se encendió con el pensamiento la apasionante vida que llevaba un soldado, y los extraños países y gente que él veía, y si no fuera por la influencia de mi amigo Abubatha sobre mí Yo hubiera pensado seriamente en cambiar mi ambición, y adoptar una vida más excitante que aquella de un Profeta. En verdad yo estaba poco adaptado todavía para formarme un recto juicio sobre los méritos de un modo u otro de vida.
Aproximadamente seis meses pasaron, y luego una tarde un mensajero apurado llegó sobre un cansado caballo, trayendo un anillo que ellos recordaban que el extraño bajo había usado, y un mensaje que "El anillo fue enviado en muestra de la autoridad del mensajero, y debían tenerlo hasta que el propietario viniera él mismo a reclamarlo, y ellos no perdieron tiempo en colocarme dentro de los precintos del Templo."
Luego el hombre se fue de nuevo, y así fue decidido mi destino. El día siguiente Yo fui llevado al Templo, y formalmente recibido por mi amigo y los otros Sacerdotes. Y después de todo, en vez de sentir este evento con gozo, como yo habría hecho algunos meses antes, Yo sentí en su lugar un sentimiento de insatisfacción y presagio de alguna tristeza.No disfruté la felicidad de la sociedad de mi querido amigo largo tiempo. Al año de mi admisión al Templo él murió muy súbitamente, dejándome una vez más sin un amigo con quien congeniar. Yo había pensado que al menos él regresaría a mí de la tierra de las sombras, como vino mi ángel Blanco, pero nunca lo vi, y no hasta que yo mismo pude pasar al mundo de los Espíritus que supe por qué. Los otros Sacerdotes fueron amables conmigo, pero los amigos simpatéticos que Abubatha había sido, y Yo perdí mis espíritus y me puse muy triste tras su muerte.
Luego hubo otro cambio, y para mí uno todavía más duro. Yo fui enviado, por qué, No se me dijo, del Templo de la pequeña montaña al más grande y lejano y más importante de Amurath. Y entonces comenzó para mí un largo y cansador y monótono período que, si fuera a describirlo en detalle no haría sino cansar a aquellos que leyeran mi historia. Este Templo de Amurath era un sitio muy diferente a aquel pequeño solitario en medio de las montañas del Cáucaso, y sus Sacerdotes eran mucho más ricos y autocráticos que los humildes tipos de hombres Que había conocido, y una vez bastante dedicado al servicio de Dios Encontré la vida ser una cosa muy diferente de lo que había sido durante la placentera y amistosa estadía Que había tenido con mi querido amigo.
Un severo régimen de vigilias solitarias y ayunos prolongados fue impuesto sobre mi, el gran objeto de mi entrenamiento siendo subyugar los deseos de la carne y quitar mi mente de todos los pensamientos terrenales a la contemplación de las cosas Celestiales. Para este propósito toda relación con el mundo fuera de las murallas del templo me fue prohibido. Si mi amigo Abubatha hubiera vivido Yo no habría sentido esto como siendo una privación tan grande, pero yo no tenía simpatía con ninguno de estos Sacerdotes, y Yo añoraba tan intensamente ver a mi amigo de nuevo, que esto, y la severa tensión del entrenamiento impuesto sobre un muchacho creciendo, hizo que mi salud se debilitara, y me pusiera tan seriamente y aún peligrosamente enfermo que mis instructores fueron obligados a relajar sus reglas y suspender mi desarrollo por un tiempo considerable, y permitirme vagar libremente alrededor de los precintos del Templo. Ir fuera de las paredes era imposible, las grandes puertas solamente se abrían para admitir el egreso o el ingreso de las procesiones de los Sacerdotes, y aquellos que, como yo mismo, estaban reservados como los médiums a través de quienes los oráculos debían ser dados, nunca se les permitía unirse con ellos, y raras veces mezclarse con otros, menos con quienes pudieran ensuciar la pureza de nuestro don por la absorción de ideas de alguno de la Tierra. Solamente se nos permitía ver a los Sacerdotes; hombres que, no poseyendo el poder de la adivinación ellos mismos aún así eran los instructores y reguladores de las vidas y visiones de aquellos desgraciados sensitivos que poseían estos dones.Durante el período de mi enfermedad mis visiones se fueron o se volvieron tan confusas como siendo sin valor, y cuando retornó mi salud yo encontré que ellas habían asumido una nueva forma. Mi Ángel Blanco y las tropas de danzantes nunca más las vi, pero en su lugar pude ver hombres majestuosos en ropas sacerdotales, llevando largos rollos en sus manos, que me mostraban las respuestas a las preguntas realizadas a ellos por los Sacerdotes terrenales por medio de pinturas y por mensajes proporcionados en simbólico lenguaje, raramente comprendidos por mí mismo, pero cuyos significados eran interpretados por los Sacerdotes, y, estoy muy cierto, frecuentemente interpretados equivocadamente y distorsionados para ajustarlos a sus propias idiosincrasias peculiares y conformarlos a sus propias teorías.
Que mis poderes eran muy grandes fue totalmente reconocido, y yo fui por lo tanto más completamente aislado de mis compañeros que nunca con el objeto de que ninguna influencia de ellos pudieran mezclarse con los oráculos dados a través mío como una sabia precaución en teoría, pero una cuya utilidad era grandemente nulificada por la constante presencia e influencia alrededor de los clarividentes de estos Sacerdotes con ideas fuertemente positivas, con sus ideas fijas concernientes a la mayoría de las cosas, y su deseo de hacer que todas las revelaciones coincidan con ellas.
Ellos olvidaron que sus ideas eran aún más similares a aquellas de mis compañeros neófitos para colorear mis visiones e interponer una barrera entre mi clara visión y las comunicaciones de los Espíritus.
Otro error que ellos hicieron fue tomar a estos clarividentes dentro de los Templos antes que ellos hayan adquirido cualquier conocimiento de las verdaderas relaciones de la vida material, imaginando que la ignorancia era necesariamente pureza de pensamiento. Inocencia e ignorancia son con frecuencia sinónimos, pero la inocencia que se desprende solamente de la ignorancia no es sino un pobre escudo contra la influencia de los poderes malignos.
Estos ignorantes seres podrían ser como niños en inocencia, pero ellos también lo eran en su desarrollo mental, y tenían todas las fallas y debilidades de los niños así como sus virtudes, todos los estándares de la imperfección ilógica de juzgar las cosas, y todas las pasiones indisciplinadas sin regulación. Y como niños, o Almas medio desarrolladas, ellos podían entrar en comunicación directa con los Espíritus de la Estrella Plateada, cuya propia ignorancia de los asuntos mundanos no les permitía convertirse en muy sabios consejeros.La influencia de los Sacerdotes mortales podía y daba un más práctico prejuicio a estas imperfectas revelaciones, pero su influencia no venía del lado Espiritual de la Vida, y solo servía para confundir lo que se hacía.
De esto se levantó la condición de error y confusión que a su tiempo se volvió tan marcada como para desacreditar a los Oráculos juntos, y conducir al final al abandono de estos sistemas de religión de los que ellos formaban una parte tan importante.
Los profetas que llevaban una vida más natural y mezclada con sus compañeros podían, y frecuentemente hacían, colorear sus profecías con las emanaciones de pensamiento de aquellos que los rodeaban, pero sus visiones, siendo extraídas de las experiencias prácticas de la vida, eran de un cierto valor práctico, aunque debidas al hecho que los profetas que podían así mezclarse libremente con otros hombres no eran de la orden superior, su fuente de inspiración estaba limitada a las primer y segunda esferas, y sus visiones estaban entonces lejos de ser tan bellas y elevadas como aquellas de los místicos recluidos dentro de los Templos.
Las leyes espirituales que gobiernan las varias formas de adivinación, y que explican las causas de los diferentes grados de poder, Yo entraré de lleno en ellas en una etapa posterior de mi historia, cuando yo llegué a comprenderlas más completamente por mí mismo. Para retornar ahora a las experiencias de mi vida en este Templo, puedo señalar que un Médium o un Sensitivo es uno que necesariamente siente prontamente todas las influencias que prevalecen alrededor de él o ella.
Lo Material, siendo la más fuerte influencia, se sintió primero y en el grado más dominante, de aquí que los Sacerdotes en el Templo fueron ellos mismos responsables por muchas de las cosas que yo vi o escuché, y su constante influencia a mi alrededor acalló como con un espeso velo de materialidad las visiones más espirituales que yo había contemplado cuando niño cuando estaba bastante solo.
Los largos y exhaustivos ayunos, la solitarias vigilias, pretendidas para subyugar la carne, sirvieron solamente para debilitar el lazo entre este y el Espíritu a tal grado que ya no era más posible para el Espíritu impresionar sobre el cuerpo una clara imagen de lo que se contemplaba. Si se hizo igualmente de todas maneras esto fue una quebrada e imperfecta comunicación, que semejaba en su grotesco las piezas embrolladas de algún acertijo pictórico tomadas juntas de cualquier manera.Obtener una real comunicación del Espíritu al cuerpo, cuando el Espíritu se ha apartado tanto como para ser capaz de vagar por el Mundo de los Espíritus a su propia voluntad y penetrar los misterios de la vida del Espíritu, requiere que el cuerpo y el Espíritu se encuentren en perfecto orden de trabajo y en posesión de lo mejor de sus poderes; de otra manera el cuerpo terrenal se vuelve como un duro trozo de arcilla, en lugar de un flexible molde de cera, capaz de recibir la impresión del cerebro espiritual en el momento de su retorno a la envoltura terrenal. Si la impresión no es en el momento provista, una sensación reciente tomará su lugar, y la primer idea, si es estampada sobre el cerebro por completo, se volverá confundida con la segunda, y así se hará imperfecta y equivocada.
Un cuerpo en perfecta salud y en perfecta armonía con el Alma que lo habita es suave, cálido y flexible, como todos pueden sentir por ellos mismos. Un cuerpo que está muerto es rígido y frío, y no es más capaz de expresión de las emociones del Alma o sus experiencias, porque ya no es capaz de tener la estampa de estos sentimientos grabados como una pintura sobre las tabletas del cerebro terrenal. Y un cuerpo debilitado por el hambre es un cuerpo parcialmente muerto, en un mayor o menor grado, y por lo tanto no es capaz de recibir una impresión claramente estampada de las cosas puramente espirituales.
Debería ser recordado que mientras está ligada de cualquier modo al envoltorio terrenal, el Alma debe extraer su nutrimento a través del organismo del cuerpo terrenal, y de las cosas mortales debe extraer la esencia espiritual con la que renovar la sustancia espiritual de su cuerpo espiritual, de la misma manera como el cuerpo terrenal es renovado y sustentado por el alimento terrenal; de modo que si el envoltorio terrenal está desnutrido el Alma sufre con este, y es por lo tanto debilitada. Sin duda es un error fatal ser sobre indulgente con el cuerpo terrenal, pero no es menos un error fatal ser negligente con él o desfallecerlo; porque es el verdadero ajuste de un equilibro igual entre las mitades animal y espiritual del Alma lo que se necesita para enfrentar las mejores condiciones bajo las cuales estudiar las cosas espirituales, y recibir revelaciones espirituales.
Así se verá cuan grande es el error de suponer que es necesario desnutrir el cuerpo terrenal con el objeto de someterlo y prevenirle de estorbar al Alma inmortal.Oh! Grande es la estupidez del hombre al imaginar que él puede mejorar la obra de Dios!
¡Oh como si los deseos del cuerpo material sirvieran solamente como una traba para las aspiraciones superiores del Alma humana, la Sabiduría Suprema lo hubiera dotado con tal cuerpo por completo!
CAPITULO IV
MI SALIDA DEL TEMPLO
Para un joven como era yo, lleno de espíritus vitales y exuberantes, con una vigorosa constitución y un impetuoso y vehemente temperamento, la vida del Templo pronto se volvió insoportable. Yo estaba en una edad cuando la sangre es caliente, y corre rápidamente por las venas, y las pasiones son fuertes, requiriendo ser reguladas y educadas, no simplemente suprimidas. Yo necesitaba una vida de acción, y estaba sediento de de amor y amistad, y ellos me condenaban al desamor, a la tristeza, al estancamiento, que podría haber servido a algún valetudinario cuyos días de acción hubiesen pasado, y cuya sangre fuera fría y floja, y que solamente buscara un sitio placentero donde descansar mientras esperase el gran cambio.
Yo estaba hambriento de conocimiento, y ellos me daban migajas de la erudición mística, que me dejaba con tanta hambre e ignorante como antes.
Yo estaba lleno de las más salvajes ambiciones, los más perspicaces deseos de poder, y ellos buscaban hacer de mi mente y cuerpo como sujetos a la voluntad y caprichos de pequeños tiranos, cuyas angostas vidas y mentes acalambradas y dogmáticas no les permitían controlar el destino del más ínfimo esclavo!
Ellos hambreaban mi Alma. ellos acalambraban mis pensamientos. ellos hasta habrían extinguido casi mi vida misma en la persecución de sus pequeñas teorías, y en sus intentos para entrenarme bajo el pensamiento y la forma de ver que ellos tenían. ¡Cómo si hubieran tomado un joven pichón de águila de su nido en la alta montaña para hacerle llevar la vida de un ave de corral!
Qué hay de raro entonces que mi Alma se sintiera convulsionada, y que siendo fuerte en mente así como en cuerpo yo no me sometiera, como muchos de los infelices neófitos alrededor mío, a hundirse como una mera herramienta, una pobre sombra de los pensamientos de otros hombres!
Primero yo luché conmigo mismo, y me esforcé en estar contento. Yo pensé que eran las tentaciones de los demonios que me asaltaban con este gigante " descontento." Pero mi claro intelecto no podía ser satisfecho con un sofisma, una fórmula, dirigida a todos aquellos cuyas mentes se sublevaban de un estado de existencia por el cual ellos no estaban ajustados, y yo me volví al final tan desesperado en mi deseo por libertad que acertado o equivocado Yo juré que sería libre! ningún hombre, sea el Sacerdote o el hombre común, me pondrían grilletes!
Cuando la madera está seca no se requiere sino una chispa para iniciar una gran conflagración, y una mera chispa, una palabra al azar dicha en el grave, pomposo, monótono tono del Alto Sacerdote fue suficiente para abanicar mi ardiente repulsión en una llama. Él pensó reconvenirme por algún lapso fútil del deber, y yo le respondí, para su asombro y cólera. Él rápidamente me impuso una penitencia de muchos días de ayuno y soledad, luego del cual le dije que yo no lo obedecería, que yo odiaba el Templo y sus reglas, y que yo lo odiaba! Que yo en adelante sería libre! libre!
Con gran cólera él me dijo que tal cosa era imposible : " Nadie que entra en las paredes del Templo lo dejará nunca otra vez para retornar a la vida de los hombres ordinarios, Oh! vana y presuntuosa juventud. Un temperamento como el tuyo necesita mucha disciplina para someterlo, y aquí están los medios lo suficientemente fuertes para hacerlo, y aquellos que tienen el poder para usarlos. Grande es la penitencia que un descontento como el tuyo merece . Tal ceguera a las bendiciones y privilegios que has disfrutado merecen un severo castigo, y lo recibirás. Terrible es el destino en el que tú has incurrido por tu impío descontento y deseo de abandonar el servicio del Templo; si, aún la muerte misma ha sido otorgada por tales palabras como las que tú has dicho."
Él mismo estaba entregado a estas palabras con una voz dura, áspera y monótona, y su forma cruel de buscar simpatía con mis sentimientos me enloqueció de tal manera que, excitado como yo estaba, Me volví contra él, y temblando en cada miembro con pasión, busqué empujarlo y salir de la pequeña celda. Pero él se puso en mi camino, y trató de hacerme retroceder. De donde, temerario ahora en mi revuelta, lo empujé contra la tierra, y pasando por encima de su postrado cuerpo huí por mi vida querida, sabiendo bien qué penalidad debía esperar uno cuya sacrílega mano hubiese golpeado a un Sacerdote.
No encontré a nadie en mi camino a las puertas, pues era la hora en la que la mayoría de los residentes del Templo estaban en meditación privada o reposando. Las puertas fueron cerradas rápido, y por un momento yo pensé que estaba perdido. Luego yo observé un árbol cuyas ramas colgaban sobre la pared lo suficientemente bajo para alcanzarlas con un buen salto, y pronto me vi saltando yo mismo con su ayuda sobre la pared y dejado abajo del otro lado. Luego corrí por mi querida vida, sin parar, sin parar ni para mirar hacia atrás ni hacia donde estaba yendo, solamente agradeciendo que no hubiera signos de persecución detrás mío.Por algunas horas yo corrí, y al final, vencido por el cansancio, me detuve y atisbé alrededor mío . Yo estaba entre grandes montañas, cuyos pasos oscuros y muchos precipicios podían fácilmente proporcionarme un sitio oculto. Cuan lejos estaba del Templo yo no lo podía adivinar, pero por los esfuerzos que yo había hecho y el número de horas que le había dedicado yo pensé que este debería estar ya lejos detrás mío. Ya sea que yo hubiese matado al Sacerdote, o solamente desmayado, yo no presté mucho cuidado; yo estaba todavía muy enojado para pensar mucho en eso. Y a medida que contemplaba el limpio cielo estrellado sobre mí, yo miré el dosel reluciente claveteado con sus miríadas de brillantes gemas de luz, un salvaje sentimiento de exultación llenó mi Alma, porque yo estaba libre al fin.
CAPÍTULO V
LOS MIEMBROS DE LAS TRIBUS DE LAS COLINAS
Yo estaba tan exhausto por mis ejercicios que, sintiéndome comparativamente seguro, me acosté sobre el suelo y pronto me quedé dormido. El sol estaba ya alto en los cielos antes de mi despertar, y con mi retorno a la consciencia mi naturalmente saludable apetito hizo sus clamores con tanta persistencia que yo estaba dispuesto a arriesgar el peligro de ser descubierto y buscar a alguien a quien poder comprar comida.
Yo me había acostado sobre un lado de la montaña para dormir, y debajo mío había un amplio valle donde una manada de ovejas y cabras estaba pastando, mientras la cabaña del pastor podía distinguirse casi directamente cerca del lugar en el que estaba.
Yo no tenía dinero, y nada de valor para ofrecer a cambio por tales cosas como yo deseaba excepto la cadena de oro Que usaba alrededor de mi cuello. de esta, con la ayuda de una piedra afilada, Separé dos de los masivos eslabones, y luego me dirigí dentro del valle. El pastor estaba ausente, pero su mujer, después de un cambio rápido entre nosotros, estuvo de acuerdo en darme un juego de las ropas de su marido y algo de leche de cabra y tortas a cambio de mis eslabones de oro.Yo estaba seguro que la mujer me estaba estafando y dándome muy poco por lo que yo le daba, pero sus muchas preguntas me preocuparon y me alarmaron, y yo estaba ansioso por apurarme una vez mas. Tan pronto como me vi alejado lo suficiente de la vista del valle Me senté y comí vorazmente ; luego, poniéndome las ropas del pastor, Yo puse mi vestido de neófito (que yo sabía que me delataría y sería fácil rastrear mi búsqueda) en un bulto, y miré alrededor por el más efectivo medio de disponer de este.
Yo estaba cerca del borde del precipicio de un desfiladero montañoso, al pie del cual Yo podía discernir oscuramente un pequeño arroyo rugiendo sobre su lecho rocoso. Como este parecía prácticamente inaccesible, yo resolví arrojar mis ropas abajo allí, y con el objeto de hacerlas caer lo más seguramente yo llené el bulto con trozos de piedra, ligándolas tan bien como pude, y entonces las arrojé. En mi apuro yo no las até muy seguramente, y a medida que ellas caían algunas de las piedras saltaron fuera, aligerando el bulto tanto que en lugar de caer derecho hacia abajo, como yo había esperado, ellas fueron tomadas por el viento y lanzadas a una saliente de piedra cerca de mitad de camino hacia abajo, donde ellas quedaron medio esparcidas, y al mirar, para mi congoja, remarcablemente como una figura que hubiese caído sobre el precipicio.
Estuve tan perturbado por este descuido que yo pensé en descender para quitarlas, pero pronto encontré que esto era imposible, debido a la pendiente de las rocas salientes, y me vi obligado a seguir y dejarlas donde ellas estaban. Poco podía adivinar que a este incidente Yo iba a deber enseguida mi inmunidad de la persecución y la pérdida de un valuable protector. Como yo había dejado el valle del pastor en una dirección hacia el oeste Yo resolví retroceder, y pasar detrás de este de nuevo para hacer mi camino hacia el Sur, esperando que si la esposa del pastor me había visto ella me hubiera perdido el rastro.
Por dos días Yo viajé, descansando por unas pocas horas al calor del día y a la noche, y entonces apurándome de nuevo. A la tarde del segundo día me encontré entre un rango bajo de colinas, más allá de las cuales había un desierto arenoso. Aquí yo resolví acostarme y descansar antes de intentar cruzarlo. Yo no había dormido mucho antes de ser rudamente despertado por el brillo de antorchas sostenidas ante mis ojos, y los fuertes susurros de cerca una docena de hombres de apariencia ruda que justo me habían descubierto. Yo traté de saltar y escapar, pero fui enseguida capturado, y una pareja de largos cuchillos fueron blandidos dentro de una pulgada de mi rostro, mientras un torrente de abusos, en el bárbaro dialecto de una de las Tribus de las Colinas, fue vertido sobre mi .Viendo que resistir era peor que inútil, me resigné a mi destino, aliviado en parte de encontrar que estos hombres no eran al menos emisarios de los Sacerdotes enviados para capturarme. ellos estaban furiosos al no encontrar nada de valor sobre mi, pues yo había tomado la precaución de esconder mi cadena de oro en la gorra puntiaguda de piel de oveja que había conseguido de la esposa del pastor. Tras sentirme escudriñado varias veces sin ningún resultado, escuché de ellos comenzar a discutir la posibilidad de cortar mi garganta y arrojarme sobre las rocas, o aún tomarme como un cautivo al Jefe, y yo pensé que sería bueno decir unas palabras por mí mismo.
Entonces dije :
"No estén tan enojados, O Amigos! de que yo no tenga nada de valor sobre mi de donde recompensarlos por capturarme ; más bien denme su piedad, desde que yo soy un pobre fugitivo que ha huido de un peligro solamente para encontrar otro aún más grande. Mirad! Yo soy como un campo de rastrojo que ya ha sido bien rastrillado, y que no ha dejado nada para recompensar los trabajos de los que llegan después de los espigadores."
"Por los Poderes del Mal, tú estás en lo cierto," dijo uno ; "porque aún el rastrojo es útil para quemar, y tú podrías ser puesto a trabajar para nosotros si no hubiese otra utilidad que podamos tener de ti. Quién eres tú, y de dónde has huido?"
Yo pensé dentro de mí que una media verdad es mejor que una mentira completa, así que repliqué:
"Soy un joven que ha sido golpeado por su amo, y así fui obligado a huir ."
Con esto ellos rieron, y uno me golpeó fuertemente sobre mi espalda, aún algo muy fuerte como para ser placentero, diciendo : "Has hecho qué? Entonces eso estuvo bien hecho, y quien sabe que pueda haber alguna cosa buena y útil en ti, después de todo ! Te llevaremos a nuestro Jefe, y él decidirá tu destino ."
Diciendo lo cual ellos procedieron a atarme de pies y manos, y habiéndome montado sobre un caballo ellos se volvieron hacia el desierto y cabalgaron a través de las Columnas por algún tiempo . Al final, justo cuando el sol se levantó, nos detuvimos a la entrada de un alto y rocoso desfiladero, y mientras veía saludar al orbe saliente del día yo respiré una sincera oración para liberarme de este nuevo peligro .
Aquí ellos vendaron mis ojos y me levantaron del caballo, conduciéndome, como pude sentir, a una senda empinada que subía y bajaba por alguna distancia, y al final, tras muchos tropezones y deslizamientos, debido a que yo era incapaz de ver dónde estaba parado, me encontré a nivel de la tierra una vez mas . El vendaje fue quitado de mis ojos, y me encontré en el borde de una plataforma muy ancha que se levantaba entre las Colinas . Una gran cantidad de tiendas finas estaban punteadas sobre la planicie verdosa, y muchas ovejas, cabras, y camellos estaban pastando quietamente allí, mientras un número de gallardos caballos estaban atados ante las tiendas de sus propietarios, haciendo juntos una escena alegre y próspera.
A medida que nos aproximamos a la tienda más rica y más grandemente decorada, una joven muchacha salió, llevando un plato humeante de carne de cordero y fresco arroz cocinado. Ella se detuvo a mirarnos, y especialmente me favoreció con un vistazo de sus negros ojos, que hicieron que mi corazón, desacostumbrado como lo estaba a la sociedad de las mujeres, latiera con gran rapidez. Yo me incliné hacia la muchacha retornándole la mirada, y hice lo mejor para hacer que mis ojos expresaran lo que mis labios no osaron exclamar. Ya sea por accidente o planeado, no lo sé, pero en esta coyuntura su velo se volvió desarreglado, y antes que se lo hubiera arreglado Yo pude obtener un vislumbre muy preciso de su rostro, con sus llenos labios rojos, gorda barbilla, y rosadas mejillas, y cuando ella recogió apresuradamente el velo al mismo tiempo yo fui introducido a la presencia del Jefe, un gran, poderoso, y decididamente gordo y tosco hombre en medio de valiosas presentes, desvalijados sin duda de alguna caravana sin suerte.
A sus preguntas acerca de quien era yo, le dije el mismo cuento que antes, solamente suprimiendo el hecho de que mi amo había sido un Sacerdote, pues yo temí que la supersticiosa veneración que aún estos salvajes hombres sentían por el Sacerdocio podrían hacerles no sentir deseos de protegerme si ellos supieran que yo había huido de un Templo. Yo había resuelto entregarme a la generosidad de los ladrones, y pedir permiso para permanecer por un tiempo con ellos, puesto que yo había visto que había algún buen prospecto de que mi pedido fuese otorgado. Y argüí que desde que yo mismo era un fuera de la ley y un fugitivo Era más razonable que encontrara un asilo seguro entre hombres que estaban también fuera del ámbito de la ley que cualquier otro.
Qué habría sucedido conmigo no lo sé, pero mientras contaba mi historia la hija del Jefe, quien probó ser la niña que yo había visto afuera, entró, y habiendo escuchado mi relato estuvo tan predispuesta a mi favor como para interponerse con su padre en mi nombre, y con tal buen efecto que se me ofreció la elección de ser puesto en libertad o de unirme con y volverme uno de estos asaltantes yo mismo. No necesito decir que yo enseguida elegí la última alternativa, como pude ver que plenamente se esperaba de mí.La idea de una oscura vida libre conducida por estos hombres encendió tanto mi imaginación, así como las tiernas miradas de los negros ojos de la hija del Jefe habían inflamado mi corazón, que yo expresé mi deseo de ser admitido en él, en tan feliz lenguaje como para hacer que todos los ladrones aplaudieran mi discurso, y me dieran la bienvenida como un valioso camarada.
Desde este momento la estrella de mi destino pareció estar rápidamente en el ascendente . Me dieron un fuerte caballo joven y un juego de armas, y me invitaron a probar mi habilidad con estos alrededor mío. En la vida montañesa de mi niñez yo había aprendido a cabalgar y ser excelente en todas las artes de la caballería practicada por las tribus de la Colina; y del soldado vagabundo que había retornado a nuestro valle yo había aprendido a usar mis armas como un soldado lo haría : así yo lo demostré tan bien que yo obtuve aún una mayor distinción.
En la misma verdad mi felicidad de encontrarme una vez más libre, y montado sobre un veloz caballo capaz de volar como el viento a través de las praderas, bien me habría ayudado a superar las más grandes dificultades que yo hubiera encontrado; mientras todos mis instintos naturales en favor de la guerra y sus artes despertó cuando me encontré no más rodeado por pacíficos pastores o piadosos Sacerdotes, sino por aquellos que habían hecho de la guerra su negocio, y robar y matar su profesión .
Después de esto o fui capaz no solamente de mantener mi posición con estos ladrones, sino también de volverme tan popular como favorito, que yo fui finalmente elegido como el pretendiente de la hija del Jefe y sucesor al Jefe, quien, siendo más bien viejo y algo perezoso, y es más no teniendo un hijo para sucederle, deseaba alguien que lo aliviara de la parte más laboriosa de sus deberes . Antes de mi llegada el candidato más parecido para este honor era un hombre llamado Hadji, y pudo suponerse prontamente que mi rápido ascenso en favor era tan amargo y como el gusano de la madera para él, y que todos mis intentos de conciliar con él fueron en vano.
Esta esposa que había sido de esta manera otorgada inesperadamente sobre mi y cuyo nombre era Dilferib era gentil, pero escasamente tan bella como yo había pensado de los vislumbres perdidos permitidos a mí cuando ella había parcialmente revelado su rostro, y su belleza, como tal, la tenía, pero era la belleza cuyo encanto es el de la juventud . Sus oscuros ojos negros, su cintura fina como un ciprés, sus rosadas mejillas y largo cabello negro, eran encantos distintivamente de la Tierra y no del Cielo.
Ella era una muchacha adelantada, y pronto se desarrolló en una tosca mujer. Su mente era obtusa ; su intelecto limitado ; sus instintos pequeños y egoístas ; mientras que su temperamento era decididamente irascible. Sus características más fuertes eran el amor por los vestidos y los chismes. Su sentimiento para mí había sido una fantasía pasajera por un joven apuesto diferente de aquellos alrededor de ella, y ella pronto se cansó de mí, como yo lo hice con ella. Ella era absolutamente incapaz de entrar en cualquiera de mis vuelos de fantasía, o comprender el poético glamour Que yo buscaba tener alrededor de mi ideal de verdadero amor . Ella cuidó de mí solamente tanto tiempo como yo alimentaba su vanidad con palabras de adulación, y su amor por las galas con ricos vestidos . Muy pronto me cansé de sus vulgares lisonjas, mientras sus deseos de refinamientos caían pesadamente sobre mí a cada momento, y sus encantos palidecían para mi gusto fastidiado.
Luego, también, Me cansé de la vil distinción de ser un líder de una pequeña tribu montañesa de innobles merodeadores, ladrones de los bienes de otras personas. El constante intrigar de Hadji me llenó con odio y desprecio, y cuando mi esposa procedió a decir que ella cuestionaba ya sea, después de todo, que Hadji no fuera el mejor hombre de los dos, y que ella temía haber cometido un error al seleccionarme, yo resolví darle una temprana oportunidad de tratarlo como mi sucesor.
Las Colinas alrededor mío parecían encerrarme y ahogarme, y yo anhelé seguir adelante en el ancho mundo una vez más y medirme con otros hombres, aún con los grandes de la Tierra, que yo podría encontrar dónde estaba mi verdadera posición entre el bullicio de una vida activa, más grande y más ancha en sus intereses que cualquiera que yo hubiese conocido.
Yo me preguntaba ya sea en esta época si la soberanía de la Tierra entera habría satisfecho los deseos de esa ambición ilimitada que había despertado dentro mío, y yo sabía los límites del Universo conocido no habrían sido bastante anchos para limitar mi incesante sed por mayor conocimiento de todo tipo, especialmente por un conocimiento de ese mundo no visto del que yo había contemplado tan maravillosos reflejos, y cuyos misterios yo anhelaba más intensamente cada día para explorar.
Por dos años yo viví en medio de estos ladrones montañeses, y durante ese tiempo ningún signo de persecución me había llegado, de modo que de los Sacerdotes de Amurath yo ahora me sentía comparativamente seguro. Mi barba había crecido llena y espesa, y con mi cambio de vestido mi apariencia estaba tan alterada que yo escasamente temía ser reconocido. Yo por lo tanto resolví tomar la primer oportunidad de abandonar mi vida presente, sintiendo muy cierto que mi esposa pronto se consolaría ella misma de mi desaparición casándose con el habilidoso Hadji, a quien le deseaba todo el placer de su adquisición!Mi oportunidad pronto llegó . Fuimos enviados a interceptar un rico convoy de mercadería, enviada desde Bokhara a Teherán, al Rey . Sin embargo, nosotros no tuvimos una victoria tan fácil como esperábamos, pues el Rey había armado a sus servidores bien, y enviado, es más, algunos soldados para proteger sus bienes, de modo que tras una dura lucha algunos de nosotros fueron asesinados y el resto tomó refugio en rápida fuga, siendo yo mismo uno de los primeros en salir del campo tan pronto como la batalla se había iniciado francamente.
Una vez libre del suelo de las colinas dí a mi caballo un libre impulso, y estuvo pronto galopando rápidamente a través de la amplia planicie arenosa.
CAPÍTULO VI
LOS DOS SENDEROS
Pronto después de la medianoche una luna creciente plateada surgió en el cielo, y estuve bajo su luz y esa de la Estrella Plateada, hasta que la luna y las estrellas comenzaron a palidecer y el alba gris de otro día apareció. Todo alrededor mío hasta donde el ojo podía alcanzar había nada sino este desierto salvaje de arena, rodando en ondulantes olas como las ondas sobre el mar, mientras en la distancia oscura las Colinas que yo había dejado lejos detrás, yacían como débiles manchas azules sobre el horizonte.
Yo cabalgué hacia adelante por algún tiempo, hasta que los chamuscantes rayos de la rápida salida del sol hizo que un mayor progreso fuese casi imposible, Yo cabalgué hasta cerca de un pequeño grupo de árboles datileros, debajo de cuya escasa sombra mi caballo y yo nos acostamos juntos para descansar. Cuando desperté el sol ya había salido, y las grises sombras de la noche que se aproximaba se estaban reuniendo rápido sobre el desierto, mientras que hacia el Sur donde yo estaba había un pequeño resplandor.Para mí la hora del atardecer siempre había sido un momento cuando un sentido de misterio y temor se desliza sobre el Alma, y la llena con la sutil sugestión de cosas extrañas y desconocidas, cuyas formas informes, sobrevolando en el aire, inadvertidas y aún sin ser sentidas, son semejantes y aún diferentes a nosotros mismos.
Mientras conducía mi caballo de debajo de los árboles Yo contemplé ante mí dos senderos, introduciéndose en el desierto, donde ya no había ningún sendero : uno brillante y reluciente como si estuviera pavimentado con piedras de blanca nieve conducía hacia el Oeste, como para seguir el rastro del sol poniente . El otro sendero dirigiéndose hacia el Sur, y su contorno era oscuro, empañado, y oscuro.
A la salida de los senderos había dos figuras, como Ángeles con alas : los Espíritus de las Esferas de la Luz y de la Oscuridad. Aquel que estaba parado sobre el sendero brillante era como un bello joven, sus ropas blancas y brillantes como con estrellas plateadas. Todo era agradable y atrayente para mirar. El sendero parecía fácil, y conducía a tierras de una gloriosa luz plateada sobre el lejano horizonte.
El otro Espíritu era oscuro, indistinto, y cubierto con un velo sombrío . Su rostro estaba medio apartado, y con una mano él colocaba su manto sobre este, mientras con la otra él me llamaba . Esta figura parecía expresarme, Poder, Majestad, el exitoso logro del conocimiento prohibido, la satisfacción de la ambición, la resplandeciente pasión de los deseos gratificados . La mitad de su rostro cubierto a medias me atraía hacia él con un intenso anhelo para apresurarme hacia adelante y descubrir esa actitud oculta, que yo podría avistar sobre los misterios, sean ellos hermosos u horribles, benditos o malditos, que él así me escondía. Y como involuntariamente dí un paso adelante hacia él y cuando hice mi elección las figuras desaparecieron, y decidí que iría hacia el Sur.
Estas eran como yo pensaba las influencias buenas y malas de mi vida que habían contendido una con otra por el dominio sobre mi Alma, y en ese momento el Mal había ganado. Muchas veces mientras cabalgaba hacia el Sur yo fui tentado a regresar, pero tantas veces como me venía ese pensamiento yo lo alejaba y continuaba. Para bien o para mal yo fui destinado a probar de aquel conocimiento cuyos misterios el Ángel de la Oscuridad me había medio revelado y medio ocultado de mi vista.
CAPÍTULO VIIJELAL-UD-DIN EL HECHICERO
Por cuatro noches Cabalgué, descansando siempre durante el calor del día, y a la mañana del quinto día contemplé las torres y murallas de una gran ciudad elevándose lejos a la distancia. Me sentí tan feliz ante esto que yo levanté mis brazos y los bajé sobre el cuello de mi caballo en una salutación de bienvenida, y apurándome sobre mi cansado corcel yo fui capaz de alcanzarla antes de medio día.
Yo nunca había visto una ciudad antes ; Yo no había visto nada más grande que una villa de montaña ; pues aunque en mi viaje al Templo de Amurath desde las montañas Caucasianas Yo había pasado cerca de la ciudad real de Teherán, los Sacerdotes a cuyo cargo yo viajaba no me habían permitido entrar por las murallas.Tan pronto, por lo tanto, como había disfrutado de un corto descanso y atendido al bienestar de mi caballo yo salí a explorar las maravillas del lugar, y tras vagabundear por algunas horas a través de las angostas calles me encontré a la puesta del sol en las afueras de la ciudad, y delante del Templo, que se erguía sobre una leve eminencia y al cual uno se aproximaba mediante unos bellos escalones. Yo subí estos para poder obtener un último vistazo del sol hundiéndose, pero no me aventuré a entrar por las puertas, temiendo menos el ser reconocido, y también debido a que Yo tenía una creencia a medias se ser yo, un apóstata que había dejado caer sus violentas manos sobre un anonadado siervo de los Dioses, para aventurarme dentro de los sagrados precintos, alguna terrible venganza de la Deidad ofendida caería sobre mí. Yo por lo tanto me apuré a bajar los escalones otra vez sin demora dándole una que otra vista al sol, y estuve cruzando el amplio terreno abierto con la cabeza inclinada cuando la sombra de un hombre se cruzó en el sendero delante mío, y una voz me saludó en muy buen Pehlvi pero con el acento de un extranjero.
Algo sobresaltado, miré, y contemplé un hombre de unos cuarenta años que era completamente desconocido para mí, y cuyo semblante me repelía al mismo tiempo que me atraía. Él estaba vestido con una túnica de seda muy oscura, bordada con rayas rojas y amarillas. Sobre su cabeza él usaba un gorro blanco estrechamente ajustado, con largas bandeletas colgando sobre las espaldas surcado con estrechas bandas de color negro; una estrecha banda negra pasada alrededor de la cabeza, y en lo alto tenía un ornamento en forma de creciente de oro, con una púa saliendo del medio, y teniendo una curiosa semejanza a tres cuernos . En su mano él llevaba un largo bastón negro, tachonado con oro. Su complexión era casi negra, y sus grandes ojos negros brillantes parecían resplandecer con un fuego sombrío que no tenía suavidad en sus profundidades. Sus labios eran gruesos, sus rasgos altos y de tipo Asirio, mientras una gran barba negra recta cubría y ocultaba su mentón y mejillas.
Como yo lo miré con alguna sorpresa e inquietud él habló de nuevo, diciendo :
"No temas, que no voy a herirte. Yo he venido más bien para ser tu amigo, y ofrecerte un hogar en esta extraña ciudad, si tienes el cuidado de escuchar una proposición que voy a hacerte en beneficio tuyo y mío. No te maravilles que yo te halla buscado, pues, mirad! Yo puedo leer tu futuro, así como he leído en parte tu pasado. El Libro del Destino es una página abierta ante mis ojos, y en este yo percibo que tú algún día estarás sentado sobre el trono de un Emperador, al igual que tú usas ahora la cadena de un Emperador alrededor de tu cuello sí, también veo que dos de sus eslabones están perdidos, habilidosamente como tú los has juntado de nuevo. La cadena rota es, pienso, un mal agüero de tu éxito, pero yo no puedo mirar tu final todavía."
Involuntariamente puse mi mano en mi pecho para sentir la cadena, que yo usaba ahora allí lo más cuidadosamente oculta, pero ninguna parte de esta era visible, y yo estaba de lo más sorprendido por el conocimiento del hombre de esta, y yo dije :
"Qué es esta para ti, O Extraño, cuyo oro yo uso? Por qué te preocupas de los asuntos de otro?"
Él emitió una baja risa sardónica que no tenía alegría en ella, mientras replicó :
"Porque la estrella de tu Destino ha cruzado el sendero de la mía, y yo sabía que estábamos destinados a aprender mucho uno del otro. Porque, también, yo veo que tú posees el don de la Adivinación, y poderes que son de inestimable valor para aquellos que saben cómo usarlos. Yo te enrolaría a mi servicio, y entrenaría tus dones de modo que ellos puedan ser útiles para ti y para mí.
Tú tienes sed por conocimiento : Mira! Yo puedo darte el conocimiento más allá de lo que tú puedes soñar ahora. Yo puedo revelar a tus ojos misterios que han estado ocultos de todos excepto de unos pocos muy favorecidos, y yo puedo guiar tus pasos sobre los oscuros senderos del mundo inferior, de donde solamente tales espíritus intrépidos como tú y yo osarían intentar . Todas estas cosas puedo yo mostrarte y a cambio yo te pido que por una estación tú me sirvas, para aprender un secreto que me concierne mucho.""Y quién eres tú que haces tales promesas ilimitadas? Cómo sabría yo que tú tienes esos poderes que tú clamas?"
" yo soy Jelalud-din," dijo él, orgullosamente . "Algunos hombres me llaman el Hechicero, otros el Buen Doctor, otros también el Lanzador de Hechizos Mágicos. No hay nadie dentro de esta ciudad que osaría dudar de mi poder. He buscado largo tiempo por alguien con dones como los tuyos, y Oh! cuando te contemplé sobre los escalones del Templo salí a encontrarte ."
*No," respondí yo, impresionado a despecho de mí mismo por sus palabras ; “No, pues no tengo visiones ahora." Pues en verdad Yo no había visto nada desde mi huida del Templo.
"No has tenido una visión cuando estabas bajo los árboles de dátiles?" dijo Jelalud-din, lentamente fijando sus negros ojos sobre mi rostro. "Si tú no tuviste una visión por qué, luego, elegiste tú el sendero que va hacia el Sur?"
"Ahora yo se que tú eres en la misma verdad un Hechicero," exclamé, "pues yo estaba solo en el desierto ; ningún ojo contempló esa visión sino la mía ; entonces dónde estabas tú?"
"En mi propia cámara, mirando fijamente sobre tu Estrella, y sobre la mía propia Pues tu extraña Estrella se acercaba a la mía y luego retrocedía, y Puse adelante mi voluntad para traerte hacia mí, pues yo sabía que la hora de nuestro encuentro estaba cercano."
Jelalud-din se detuvo, y volviéndose hacia mí comenzó a trazar una figura sobre el suelo con la punta de su bastón, mientras yo, sobresaltado, desconcertado, sin saber qué hacer, permanecí silenciosamente mirándolo. Sus palabras habían despertado en mí un más fuerte deseo de saber más de tan extraordinario hombre . El peligro que yo instintivamente sentía acechando en tal conocimiento como el que él poseía solamente me hizo más ávido para penetrar los misterios de estos poderes no santos. Yo había oído de hombres que practicaban artes ocultas, y poseían poderes trascendentes en muchos aspectos aquellos de los aún más favorecidos Profetas de los Oráculos ellos mismos, y mis intrépidos pensamientos me habían muchas veces desviado anhelantemente sobre el sendero prohibido, pues yo deseaba con toda mi Alma levantar aunque sea una puntilla del oscuro velo que ocultaba el conocimiento de estas peligrosas cosas .
Y Jelalud-din me miró y dijo : "Es porque tú pensaste que tal conocimiento como el mío es de los poderes del mal que tú dudaste en responderme . Aún así no son todas las cosas que son misteriosas llamadas “mal” por los incultos? No es la ignorancia el verdadero mal, y no pueden aquellos que saben cómo extraer aún de las flores venenosas su ponzoña, dejar detrás solamente los brotes inofensivos? Únete a mí si lo deseas por un tiempo, pero yo no busco de ninguna manera atarte. Yo no soy un Sacerdote, para temer lo menos que tú robaras los secretos de un Templo, o decir al mundo cuan lleno de debilidad son estos preciados maestros de otros hombres!"Él habló con acento mezclado de desdén y pasión, y sus ojos brillaron con un fiero fuego de odio cuando él mencionó al Templo. Tras una breve pausa él añadió :
"Tú te has mostrado inteligente en las cosas que son de la Tierra, se entonces tan inteligente para investigar los secretos que no son de la Tierra . Pero yo no te voy a rogar más, pues he completado mi parte al buscar hablar contigo, y si tú quieres unirte a mí entonces debes buscarme por ti mismo . "
"Dónde te encontraré," dije, "si yo deseo unirme contigo cuando haya pensado sobre todo lo que tú has dicho?"
"Tú me encontrarás en mi propia casa : todos los hombres saben cual es la casa de Jelalud-din. Pero si tú me buscas debe ser cuando las estrellas hallan trepado en el cielo, y el oscuro manto de la noche halla rodeado la Tierra."
Yo asentí a esto, y inclinándonos el uno al otro partimos, pero antes que Jelalud-din se fuera Yo vi que con las sandalias de su pie él borró cuidadosamente los signos que él había trazado sobre la tierra.
CAPÍTULO VIII
SOMBRAS DEL FUTURO
Fue pronto antes de la medianoche cuando busqué la casa de Jelalud-din. Me la habían señalado prontamente a la tarde, pero no encontré a nadie que estuviera ansioso en decirme mucho acerca de su propietario. Todos los hombres parecían temerle sino disgustarle, y mientras ellos me dijeron que él era adinerado y estudioso ellos se cuidaron, con la cautela de los Orientales, expresar cualquier opinión sobre su carácter moral, y Pude percibir que mis preguntas por él había hecho que me consideraran con suspicacia.
La morada de Jelalud era un gran edificio bajo de piedra, con una alta torre saliendo del medio, y teniendo una vista magnífica de las estrellas por la noche y del piso, ligeramente ondulante del país cada día. Estaba situado en una parte retirada de la ciudad , cerca de una de las murallas exteriores, y estaba rodeada por un gran jardín sin cultivar cerrado por muy altas murallas, todas estas circunstancias tendiendo a añadir a su reclusión y al misterio envolviendo el carácter de su propietario.
Mis llamadas a la puerta fueron respondidas por un Esclavo Nubio, quien era realmente el único asistente del Hechicero, y yo fui conducido a través del desierto de un jardín a una pequeña puerta en el lado de una pared cerca de la torre . Aquí yo fui dejado mientras el esclavo me anunciaba a su amo . En poco tiempo él regresó, y Yo fui conducido a través de un estrecho pasaje a una antecámara, y luego a un gran apartamento oblongo donde Jelalud-din me esperaba .
El cuarto presagiaba el carácter de su habitante, pues en lugar de ricas colgaduras y lujuriosos almohadones y suaves alfombras de una casa Persa de esa clase, sus murallas estaban cubiertas por extraños objetos de todo tipo . Las calaveras y huesos de hombres y animales ; los cuerpos secos y pieles de reptiles ; patas de grandes vampiros, y extrañas bestias . Paquetes de secas hierbas y gigantescas plantas tropicales y pastos colgaban sobre las murallas, entremezclados con grandes filas de hojas sosteniendo cada variedad de jarros de tierra, crisoles, y retortas, y grandes barcos de ásperos metales conteniendo varias mezclas perfumadas química y extrañamente, con trozos de piedra, y especímenes de varias tierras y piedras, y cristales en estado bruto, y el plumaje de raros pájaros, todo agrupado junto en extraña confusión .
Otra pared estaba cubierta por pequeñas hojas sosteniendo rollos de pergamino cuidadosamente atados y cerca de estos colgaba un vestido de apariencia curiosa de gasa negra membranosa adornada con lentejuelas con pequeñas estrellas y raros jeroglíficos en hilo de oro trabajado sobre este por las ágiles manos de algunas bordadoras . Al lado de este vestido había dos bastones cruzados uno tachonado con oro y teniendo una estrella dorada en lo alto y el otro pintado de plateado y teniendo una creciente entrelazada con un triángulo sobre montándola.
Un par de pieles de tigre estaban esparcidas sobre el piso delante de un gran trípode sobre el cual un poco de polvo perfumado estaba ardiendo . Oscuras cortinas de pesada seda colgaban delante de las puertas y ventanas y en una esquina del cuarto una entrada en forma de arco baja parecía conducir a una angosta escalera dando acceso a la torre. En una esquina una pequeña lámpara estaba suspendida arrojando un débil resplandor de luz a lo largo del cuarto y al lado de la lámpara sentado sobre una pila de almohadones estaba Jelal-ud-din mismo.Cuando el esclavo se retiró el hechicero se levantó y me saludó diciendo para mí en el lenguaje Asirio que mi amigo Abubatha me enseñó a comprenderte ofrezco la bienvenida" y señalándome que me siente sobre otra pila de almohadones cerca del suyo él pidió una jarra de raro vino y algunos costosos dulces y me invitó a compartir su hospitalidad añadiendo que "cuando hayamos compartido el pan juntos Él se sentiría seguro y no desconfiaría." Él también sugirió que para el futuro deberíamos conversar en la lengua Asiria ya que yo la comprendía con el objeto que no hubiera oportunidad de que ningún indiscreto pudiese oír nuestros comentarios . "Pues" dijo él "aún en la casa de Jelal-ud-din las murallas tienen oídos y yo percibo a través de aquella pared que mi esclavo Taki está tratando aún de saber el propósito por el cual tú me has buscado y es bueno usar un lenguaje que él no entienda desde que en este mundo una mitad de la humanidad está siempre intentando saber los asuntos de sus vecinos que ocupándose de los propios y el que difiere en sus hábitos de aquellos que le rodean debe esperar estar rodeado por espías y aquellos que hablarán mal de él serán muchos. Si yo saliera ahora encontraría a Taki lejos de la puerta y aún vería que él está ahora sobre sus rodillas ante esta esforzando cada nervio para escucharnos. Taki es apenas un infeliz esclavo un perro a quien podría matar mañana ni siquiera tiene el infinitesimal poder de la avispa para envenenar con su aguijón aunque tú puedas matarlo en el próximo instante y tal vez Taki daría a conocer a través de las calles exteriores las cosas hechas en secreto dentro de la habitación. Conversemos entonces en la lengua Asiria desde que es mi propio lenguaje y tú también lo entiendes."
El luego tomó la jarra de vino y llenó una copa que estaba tallada en la más bella manera de la pura roca de cristal, y rodeada con gemas cuyo valor inapreciable mi experiencia con los ladrones me permitía conocer. Habiendo puesto primero sus labios sobre ella él me la ofreció, haciendo lo mismo de igual manera con las tortas y dulces, para mostrarme en qué gran estima y honor él me consideraba.
Habiendo terminado esta comida Jelal-ud-din se levantó, y tomando la lámpara él buscó cuidadosamente el cuarto exterior, y sujetando la puerta, haciendo lo mismo con aquella de la cámara interior donde estábamos sentados. Él luego puso la lámpara detrás de una pantalla donde su luz era escasamente visible, y volvió a mí, llevando en su mano un pequeño disco redondo de pulido mármol negro, cuya superficie reflejaba como un espejo. A través de este él pasó sus manos varias veces, y colocándolo dentro de un curiosamente forjado marco de oro, de donde estaba grabado numerosos signos cabalísticos, él lo puso en mis manos, diciendo : "Mira ahora dentro de este espejo, y dí si ya Jelal-ud-din ha restaurado tus poderes de visión a ti ."
Yo tomé el negro disco y lo tuve entre mis manos, fijando mis ojos sobre este como lo había visto hacer en el Templo con los cristales dados a mí por los Sacerdotes, y a medida que yo hacía eso una niebla gris, como humo, pasó sobre la negra superficie pulida ; un violento temblor sacudió mis miembros, y un viento como de hielo sopló sobre mí y pareció congelar mi sangre, y se detuvo por un momento el latido de mi corazón.
Cuando estos sentimientos pasaron la superficie del espejo negro se limpió, y contemplé en su superficie el rostro de un hombre. Oh! Poderes del mal ! puede alguna simple palabra describir ese rostro, o pintar enseguida su majestuosa belleza y su terrible demoníaca expresión? Los ojos estaban fijados sobre los míos, y a medida que miraba fija y firmemente sobre ellos devolvían una respuesta a mis interrogadores pensamientos . El rostro varió en su expresión, y los labios se movieron, aunque ningún sonido salió de ellos, y Yo parecí sentir, más que escuchar, cada palabra que era dicha. Este pareció decir :
"Tú preguntas quien soy yo? Mirad! yo soy el Ángel de la Oscuridad a quien tú viste sobre el desierto plano. Ningún velo oculta ahora mi rostro, y como tú has podido sostener firmemente mi mirada yo sabía que tú tenías el coraje para mirar las maravillas de mi esfera : las maravillas que mi sirviente Jelal-ud-din te revelará a ti ."Los labios cesaron de moverse, los ojos se cerraron, el oscuro velo membranoso cubrió de nuevo el rostro que se marchitó lentamente lejos, dejando la negra superficie del espejo limpia de nuevo. Yo no podía mover un miembro. Yo no podía hacer ni siquiera un movimiento con mis ojos, que estaban fijos con una mirada pedregosa sobre el espejo, aún como si yo mismo estuviese inmóvil como una rígida estatua al lugar donde estaba.
De nuevo la niebla pasó sobre el oscuro espejo, y esta vez me mostró el rostro de una mujer, bella como la aurora! encantadora como algún Peri caído del Paraíso ! yo digo como algún Peri caído,' porque ella usaba sobre su frente esa Estrella Roja Sangrienta que es el símbolo de los Ángeles caídos, y en medio de su cabello negro la estrella de la Oscuridad resplandecía como una joya en una diadema . Sus gloriosos ojos estaban velados por largas pestañas negras, todavía su destello de apasionado amor me traspasó como la mirada magnética de una serpiente fascinando a un pájaro. Sus labios de coral se abrían en sonrisas, aunque estas eran como las sonrisas de alguien que puede entrar pero nunca encantar, y su expresión era la de una refinada y sutil sensualidad, como el mal ha siempre marcado las miradas de las más encantadoras sirenas del más bajo Infierno. Sus rasgos eran perfectos en todas sus proporciones, delicadamente cinceladas como una estatua del más puro alabastro, y encantadora como el espíritu de un sueño . Pero sobre todo colgaba allí la misma estampa de sutil mal sugerido, escondido sin saber donde, todavía uniéndose a los ojos del Espíritu cuya belleza encantaba los sentidos .
Mientras continuaba contemplando su rostro pareció cesar de sonreír ; me miró de soslayo, y sus finos rasgos eran como una máscara que ocultaba la naturaleza traicionera del Alma. Pero a pesar de esto mi corazón estaba perturbado con la más violenta pasión, el más intenso deseo de poseerla, lo cual estaba tan lejos como los anchos polos están apartados de aquel puro y bello ideal de amor que yo había acariciado hasta aquí y el cual Dilferib había fallado en satisfacer tan ampliamente. Y mientras yo miraba esta mujer Yo supe que ella no era una mera visión, ni aún el espíritu desincorporado que yo contemplaba, sino un viviente, habitante respirando de la Tierra, cuya vida podría aún estar ligada a la mía, pues aquello en el Libro de nuestros Destinos estaba así escrito.
Mi intenso deseo de tocar a esta mujer me hizo levantar mi mano, cuando oh ! el hechizo que me tenía fue quebrado y todo desapareció de mi vista . La baja risa mofándose de Jelal-ud-din penetró en mi oído y cuando me di vuelta casi con furor sobre él en mi desencanto, he dijo en un tono de gran amargura, y con la lenta habla mesurada como de uno en un sueño:"Sí, aún así esto está contigo. El encanto de amor es todavía el potente hechizo ; tú no has probado aún de su vacuidad . Tú no has aprendido cómo los fuegos de la pasión pueden quemar y marchitar el corazón, hasta que nada excepto una carcaza vacía es dejada. Toma el espejo una vez más de nuevo, y Yo te mostraré otras cosas más dignas de la ambición del hombre."
Mecánicamente Me dí vuelta para mirar el negro disco de nuevo, y una vez más la niebla parecida al humo pasó a través de su superficie y la fría brisa heló mi sangre y detuvo el latido de mi corazón . Pero los sentimientos eran más débiles, y las imágenes más oscuras e indistintas, no claras como antes, pues yo había quebrado los lazos de comunicación entre yo mismo y el Otro Mundo, y las visiones fueron estropeadas por la rápida unión de los eslabones.
Cuando las imágenes se trazaron en el humo Yo vi primero un hombre sentado sobre un caballo alado, con un yelmo alado puesto sobre su cabeza y una lanza sostenida ante él, como si él cargara contra un enemigo. Yo lo vi caer de su caballo y caer pisoteado en el polvo, mientras una legión completa de guerreros apareció para pasar por encima de su postrado cuerpo. Luego vi al hombre y al caballo levantarse y extender sus alas, y volar lejos más allá del poder de mi vista para seguirlo.
Yo vi una mujer cubierta toda con ropajes en un negro sombrío yacer escribiendo sobre el suelo en mortal agonía, pero no capaz de morir . Yo la vi arrastrarse a lo largo del suelo de lo que parecía un estrecho pasaje como una tumba, y rasgar con las uñas de sus dedos en las duras paredes, y cavar como una bestia salvaje en el duro suelo, en frenéticos esfuerzos para salir, hasta que no pude seguirla más con mi vista ; y entonces ella se desvaneció.
Yo vi un hombre moribundo sobre una cama, rodeado por muchos cortesanos, y muchos esclavos, todavía llamando siempre por alguien que no podía llegar hasta él. Yo vi esta imagen dar lugar a otra, donde había allí un trono, y tres figuras contendían por él. Primero uno se sentó allí luego pareció caer de este y yacer temblando sobre el suelo en la temible agonía de una muerte violenta. Luego la segunda figura ascendió los escalones del trono, pero antes que él pudiera sentarse yo lo vi tambalear y levantar sus brazos como peleando contra muchos enemigos, antes de caer muerto al lado del trono. Entonces yo vi el tercer hombre colocarse en la Silla Real, y una cortina cayó entre él y yo.
Luego yo vi una procesión de figuras veladas pasar ante mí, todas dando vuelta sus cabezas a medida que ellas se acercaban, hasta que vino una mujer, que levantó su velo, y contemplé el rostro de una mujer de increíble belleza ; la belleza del último verano de vida, los maduros encantos de una pasada juventud aún vigorosa todavía. Pero el rostro, aunque bello, era cruel, y su mirada parecía marchitar mi corazón haciendo que mi sangre se helara. Ella me dio una sonrisa de triunfo burlón de odio vengativo antes de dejar caer su velo y desaparecer.Y al final de todo yo vi una figura negra reptar como una serpiente a través del suelo hacia mí, y cuando la miré fijamente pareció escupir su veneno hacia mí, y me mostró el rostro de un esclavo negro, muy desconocido para mí, como lo eran todas las imágenes en mis visiones .
Esta última imagen se desvaneció. Levanté mis ojos del espejo, y Mirad! el cuarto estaba completamente empañado de formas, humanas y aún inhumanas en sus figuras ; oscuras como exhalaciones de humo, pero ninguna de ellas distinguible y palpable a mi vista . Ellas flotaban alrededor de Jelal-ul- din y yo mismo, aunque ellas no nos tocaban, ni llegaban dentro del círculo alrededor nuestro. En la mano de Jelal-ud-din él sostenía el cetro místico, ornado con el triángulo y la creciente, que él extendió en la longitud de su brazo para mantenerlas detrás, emitiendo algunas palabras en un tono de autoridad en una extraña lengua desconocida. Y a medida que él las ahuyentaba ellas retrocedían de nosotros, y se desvanecieron como una nube de oscura niebla, hasta que Jelal-ud-din y yo quedamos solos allí.
CAPÍTULO IX
MI MAL GENIO
El día estaba saliendo cuando dejé la casa de Jelal-ud-din y el contraste entre la clara luz vertida alrededor por el rápidamente sol naciente, y el misterioso cuarto oscuro que yo había dejado, era como aquella entre el Bien y el Mal. Aún cuando saludé el orbe del día, verdadero símbolo de Pureza y vida, yo no vacilé en mi determinación de aceptar la oferta que el hechicero me había hecho.
Yo había abierto el Libro de los Misterios Prohibidos y mirado dentro, y era imposible para mí cerrarlo de nuevo hasta que hubiera aprendido el conocimiento contenido dentro de sus páginas . Los peligros verdaderos involucrados en su persecución le daban solamente un entusiasmo adicional a mi espíritu aventurero . Porque qué explorador intrépido de senderos desconocidos fue alguna vez detenido de seguirlos por saber acerca de la naturaleza peligrosa del suelo que busca atravesar? Todos creen que de alguna manera la suerte les será especialmente propicia, y que aunque otros hayan encontrado la destrucción él estará seguro.Es de la real naturaleza de tales estudios como Jelal-ud-din estaba dedicado que su fascinación una vez sentida no podía de nuevo conmoverlo. Y o acepté la propuesta del Hechicero más rápidamente porque él, leyendo bien mi orgulloso, impetuoso temperamento siempre impaciente de control, buscó no imponer restricciones sobre mi perfecta libertad de vida. Él me invitó a unirme a él como un igual, un amigo y un alumno, y permitirme que no me engañara yo mismo con la creencia que por lo tanto ni mi mente ni mi cuerpo estarían sujetos a él de ninguna manera. Y aún, yo no había sido deslumbrado por la fuerte atracción magnética ejercida por este hombre, y dominada por su inteligencia dominante, yo me habría dado cuenta de cuan poderoso era el hechizo que él había lanzado sobre mí, y cuan completamente su voluntad había subordinado la mía, de modo que, aunque aparentemente libre por completo, yo era en verdad su esclavo ya.
Yo llevé mi caballo conmigo a la casa de Jelal-ud-din, y no permití que nadie excepto yo mismo atendiera al fiel animal, ninguna otra mano sino la mía que lo tocara. Y muchas fueron las cabalgatas que disfruté, mientras nos desplazábamos como el viento atravesando la amplia planicie. Si se me hubiera pedido dejar mi caballo y vivir encerrado, como en los días que pasé en el Templo de Amurath, Pronto me habría cansado del confinamiento, pero Jelal-ud-din, en su sabiduría, buscó no impedir la libertad de mis movimientos, y Ir y venir a mi antojo, cabalgar o estudiar como me sintiera inclinado . Todo lo que él pedía de mí era un juramento de que bajo ninguna circunstancia, mientras mi vida sobre la Tierra durara, yo no impartiría a otros los misterios Que hubiese aprendido de él, un juramento que yo fielmente mantuve durante mi vida mortal, y que yo solamente quiebro ahora porque Jelal-ud-din mismo no desea más que yo lo mantenga.
Mi Maestro se dedicó él mismo primero a instruirme en los diversos métodos de usar mis poderes síquicos, y mostrarme cómo subordinarlos a mi voluntad . En el Templo Yo había sido el ciego, con frecuencia el inconsciente, instrumento cuyos poderes eran usados por otros .
Jelal-ud-din me enseñó cómo usarlos por mí mismo, y me inició en el misterio de abandonar mi cuerpo a voluntad y vagar a través de las Esferas del Espíritu, y mantener comunión con sus habitantes . Él me advirtió, sin embargo, nunca intentar esto a menos que él estuviera conmigo, pues yo aún no había alcanzado el grado de conocimiento y poder que pudiera darme seguridad al hacer eso. Yo le pedí muy sinceramente darme este conocimiento, pero él no lo quiso, aunque prometió que más tarde él satisfacería en todos los aspectos mis deseos . Él declaró que el momento no había llegado aún completamente cuando él pudiera impartírmelo, y yo sentí cuando él dijo esto lo que yo había sentido más de una vez antes, que él me mostraba bastante para hacerme de utilidad para él mismo, y aguzar mi apetito por más, aún siempre manteniendo en sus propias manos una cierta reserva de conocimiento que me mantenía dependiente de él .Él podía enviar mi Espíritu desencarnado a visitar ciertos lugares y personas de quien él deseaba obtener información secreta, y era capaz de obtener de mí descripciones perfectamente claras de lo que yo contemplaba o escuchaba, aunque yo mismo, al salir de mi semi trance, solamente retenía una confusa consciencia de dónde había estado yo.
No fue sino hasta mucho después que yo aprendí a usar el conocimiento que él había puesto en mí. Cuando yo vi primero a Jelal-ud-din pensé, como he dicho, que él tenía cerca de cuarenta años de edad, pero cuando llegué a conocerle cambié esta estimación, pues diez veces cuarenta años no serían suficientes para la acumulación de todo el conocimiento y experiencia que él había adquirido, y Yo no me sorprendí al saber que él era uno de aquellos seres extrañamente dotados quien, habiendo descubierto el secreto de cómo desafiar los asaltos del tiempo y detener el decaimiento del cuerpo terrenal, era capaz de prolongar su vida terrestre por un período indefinido . Lo que era este secreto él no me lo impartió, ni mostró ningún deseo de hablar de su pasada historia, pero de muchas pequeñas circunstancias yo supe que existieron incidentes en ese pasado que llenaron su Alma con intensa amargura hacia todo lo que estaba en una posición por encima de él, y le dio un sentimiento antagonista a la mayoría de su tipo . Y mientras siempre tenía él sed por más y más poder para controlar las fuerzas del Universo Oculto alrededor de él, él estaba principalmente concernido con el objeto que a través de su ayuda él podría humillar a los poderosos Gobernantes de hombres que buscaban su ayuda, o quienes él era capaz indirectamente de influenciar.
Las ocupaciones Jelal-ud-din eran muchas y secretas, y su maravillosa reputación por su habilidad, tanto como un mago y como un practicante de medicina, era debida no a un mero charlatanismo, sino a un real y profundo conocimiento, no solamente de la anatomía del cuerpo humano, sino de la química, y la acción de varias drogas que el prescribía. Él se ocupaba de tareas perfectamente legítimas y aún benéficas en la curación de mucha gente con heridas y enfermedades que habrían sido fatales, y mientras él solicitaba una fuerte recompensa por estos servicios del rico él daba tiempo y habilidad por nada a aquellos que eran pobres, y era siempre generoso en asistir a los realmente infortunados, de modo que él había ganado francamente el título dado a él por muchos de “Buen Doctor". Bien habría sido por él y su inmortal bienestar si él hubiese confinado el uso de su poder a tales fines, pero con las paradójicas contradicciones de este extraño carácter humano, él estaba también dispuesto, o más todavía, a usar su habilidad en llevar más allá un mal como un buen propósito, y donde el pago hecho a él suficiente para tentar un extraño amor por la avaricia de acumulación que él mostraba, él mataría aún más prontamente que curar.Él tenía un gran número de clientes que buscaban su ayuda ya sea para remover rivales problemáticos o chamuscar los propósitos de aquellos contra quienes alguna molestia era acariciada. Él también vendía ciertas pociones de amor, que realmente provocaban que aquellos que las bebían exhibieran, en todos los casos por un tiempo, la más intensa pasión por uno hacia quien ellos habían previamente mostrado indiferencia o disgusto.
Él lanzaba hechizos sobre algunos, y vendía encantamientos y amuletos a otros, los cuales ciertamente parecían poseer las virtudes que él clamaba por ellas . A mi pregunta ya sea había verdadero poder en las drogas que él vendía, y los encantamientos y hechizos que él lanzaba, él replicó con su sardónica sonrisa :
"En el frasco pequeño Que yo le dí a la sirvienta enferma de amor quien acaba de dejarnos no había nada sino un poco de agua y algunas gotas de una droga poderosa, que calma los nervios y calma el cerebro, y produce esa placentera sensación de reposo que es el primer esencial a través de la cual disfrutar de pensamientos amorosos. Pero ese frasco y su contenido ha sido sometido a mi magnética influencia, y ha absorbido tanto de mi personalidad que ellos ahora forman un foco al cual mis pensamientos pueden viajar, como en un hilo delgado de comunicación magnética . Yo puedo así proyectar mi voluntad hasta la persona que ha bebido mi droga, y Yo puedo causarle o hacerle sentir las sensaciones Que yo deseo que ellos sientan, en un mayor o menor grado, de acuerdo a como yo soy capaz de entrar en su esfera, y luego en verdad ellos exhibirán esas emociones que yo había deseado que ellos mostraran ; ellos sentirán tristeza o alegría, mal o bien, a mi voluntad ."
Y con sus amuletos y encantos era lo mismo . En ellos habría ciertas propiedades químicas calculadas para obtener los efectos que él deseaba, pero era el intelecto y la poderosa voluntad del Mismo hechicero que les daba su más fuerte virtud . El poderoso magnetismo de un hombre como Jelal-ud-din una vez impartido a un cetro o un anillo o otro artículo permanecería tanto tiempo como el objeto durara en un estado completo, o hasta que una influencia más potente se viniese a ejercer sobre este. Es esta magnética influencia la que constituye la virtud peculiar de estos encantamientos, porque se hace del objeto así magnetizado un foco poderoso de atracción para un número de criaturas Astrales de todo tipo. Estas, siendo una vez atraídas al objeto, se aferran a este, de manera similar a como el hierro lo hace con un imán, y el poseedor de uno de los mágicos (o magnéticos) encantos puede, si poseyera el conocimiento requerido, usar los seres Astrales que han sido traídos bajo el dominio de la influencia del poseedor original realizar cualquier deseo que él, el real poseedor del encanto, puede desear .Muchas veces había contemplado estos seres fantasmales volando alrededor de Jelal-ud-din y yo mismo mientras leíamos antiguos pergaminos que él había obtenido de los archivos de los Magos que hacía mucho tiempo se habían separado de sus cuerpos terrenales, pero cuya magnética influencia todavía colgaba alrededor de estas incorporaciones de sus pensamientos y estudios . Pero como yo solamente contemplaba a estos seres Astrales oscuramente, y como las explicaciones de su naturaleza y poderes que Jelal-ud-din me daba estaban mezcladas con una buena parte de error tan bien como de mucha verdad, Yo reservaré mi narración de ellos hasta la segunda parte de mi historia, cuando yo mismo los contemplé con los claros ojos sin velos del espíritu, y aprendí cuan difícil era intentar estudiarlos desde el lado mortal de la vida, donde la envoltura terrenal impone tantas restricciones a la vista y oído del Alma.
No le es dado a muchos mortales mirar estas Formas astrales de vida por completo. La facultad que permitiría al hombre hacerlo se encuentra raras veces en más que un estado germinal durante la vida del Alma en las esferas de ese planeta sobre el cual esta ha encontrado vida encarnada. Muchos Espíritus que han pasado la primer etapa de la terrenal existencia aún no pueden percibirlos.
Ellos aseguran a esos mortales con quienes ellos se comunican que tales formas de vida no existen, su limitado conocimiento (e ignorancia que es limitada ) les impide de realizar que una forma aún más eterealizada de vista que la de ellos, aún como Espíritus, poseen, puede ser necesaria para mostrar estas cosas que son invisibles para ellos aún como las cosas del Mundo Espiritual son invisibles a los ojos mortales. Para ver claramente, y juzgar verdaderamente, la naturaleza de estos fantasmas aéreos del plano astral requiere un peculiar y muy tedioso proceso de desarrollo, que pocos mortales se ocuparían de realizar, mientras menos todavía poseen las necesarias cualidades de visión súper refinada del Alma.
Lo que ha sido denominado "Materia Astral " existe no solo en las esferas alrededor de los planetas sino que se extiende a través de todo el Universo, constituyendo en efecto un hasta ahora no reconocido elemento de ese Universo . El término "Materia Astral " (así llamado por falta de una mejor palabra para expresar la diferencia entre La materia Espiritual y la Material), es usado para describir esa forma más dura y más gruesa de Vida Astral hallada en el Plano de la Tierra y en estrecha proximidad a la vida material, cuyos elementos mezclados grandemente en la formación de esos cuerpos Astrales que forman una segunda coraza, como uno puede decir, para el Alma, durante su vida sobre la Tierra y sobre el Plano Terrestre . Esta gruesa forma de Vida Astral estando mezclada grandemente como puede ser con átomos físicos, y frecuentemente es, percibida por clarividentes de un bajo grado de poder, y siendo así vista es frecuentemente mal interpretada por el verdadero Envoltorio del Alma de aquellos que han pasado de la vida Terrenal, y que pueden aun haber pasado a la segunda esfera, dejando esta coraza Astral desintegrándose sola.
Jelal-ud-din y esos grandes maestros de lo oculto bajo quienes él ha pasado muchos años en paciente estudio, eran solamente capaces de investigar en los misterios de esta raza intermediaria de seres con los imperfectos poderes de sus Espíritus terrenalmente incorporados, y aunque ellos aprendieron mucho concerniente a esos seres, que se aproximan más estrechamente en su constitución al hombre mismo, ellos eran todavía ignorantes de lo más sutil, más refinado, y más intelectualmente Astrales creados que constituyen el REAL peligro asistiendo la comunicación del hombre y estos poderes semi humanos .
Quien buscara hacerlos sus esclavos, y para usarlos como herramientas para el adelanto de sus propios propósitos egoístas, comprendería todas las leyes, muchas y complejas como ellas son, que regulan la existencia de tales seres ; y quien así trate de controlarlos sin tal perfecto conocimiento es como un hombre que duerme rodeado por explosivos mortales, que una simple chispa al azar pudiera iniciar y causar su total destrucción.
Un perfecto entendimiento de estas leyes Espirituales, donde se encuentra la seguridad del hombre de los asaltos de estos poderes Astrales, puede solamente ser obtenido en las esferas de la vida del Espíritu, y nunca es seguro por lo tanto para los Mortales intentar de ninguna manera controlar estos Seres. Aquellos que lo han hecho así en el pasado han, más pronto o más tarde, en la Tierra o en la vida del Espíritu, pagado por completo la temida penalidad de su temeridad .
CAPÍTULO XFLOTANDO HACIA ABAJO
Tan pronto como la oscuridad se aproximó Jelal-ud-din y yo comenzamos nuestros estudios . Él trazaría alrededor nuestro con su cetro mágico ciertas figuras de triángulos, círculos, y otras formas, hasta que fuimos rodeados por una invisible barrera contra nuestros invisibles adversarios. A medida que los poderes de mi videncia se desarrollaban yo percibí que desde la punta de su negro cetro una llama de color azul pálido de éter espiritual flotaba a medida que trazaba cada figura. El grado de materialidad poseído por esta llama estaba en exacta proporción a aquella de los seres Astrales que nos rodeaban, sirviendo para mantenerlos más allá de su barrera, pues Jelal-ud-din trazaba sobre el techo, así como sobre el piso, sus místicos círculos, de modo que estas dos murallas de llamas, derramándose hacia abajo y flotando hacia arriba, formaba una celda de fuego espiritual dentro de la cual estábamos seguros, mientras fuera rondaban, como salvajes bestias de presa, aquellas extrañas y horribles criaturas que el poderoso magnetismo generado durante nuestros experimentos atraía, como polillas que son atraídas a la llama de una candela . Las débiles llamas azules brillarían alrededor nuestro hasta que el día amanecía, cuando los gloriosos rayos purificadores del sol iluminarían la Tierra y pusieran en fuga esas criaturas de la Oscuridad y la noche .
Mientras estábamos rodeados por nuestros círculos de místico fuego Yo miré muchas visiones, y más de una vez yo vi el rostro de la mujer cuyos encantos habían impactado tan profundamente mis sentidos. Pero aunque Me esforcé con todos mis poderes para descubrir quien era ella y dónde vivía ella, ningún signo me fue dado para guiarme hacia ella, aunque cada cosa que yo veía tendía a probar la realidad de su existencia .
A mis preguntas Jelal-ud-din replicaba que cuando él consultaba las estrellas en mi nombre el resultado era siempre el mismo, y mostraba que la hora de mi encuentro con ella no había llegado aún, que estaba en verdad a cierta distancia de lejos. "Como todavía " dijo él, "ella aparece para mí como una doncella de jóvenes años ; tú la has contemplado como ella será cuando tú la encuentres. Pero permanece tranquilo, oh, tan impaciente juventud! Mantén tu alma en paciencia, pues tú no puedes apurar más las manos sobre la rueda de eventos que lo que tú puedes retrazarlos, y en el momento señalado tú destino y el de ella se verán realizados."Él no fue capaz de explicar esas otras visiones que él había hecho que yo viera. Una cosa era la voluntad de ver el futuro de las cosas que estaban ocultas ante mí, y otra interpretar correctamente el sentido de las cosas que veía.
De esta manera siguiendo primero una rama y luego otra de la erudición mística el tiempo se deslizó para nosotros tan rápidamente que cuatro años pasaron antes Que yo hubiera notado su huida. Cada día me hundía más completamente bajo el dominio de la voluntad de Jelal-ud-din; cada día yo dudaba menos y menos en seguir su ejemplo y sus consejos, aún cuando en mi corazón Yo sabía que ellos eran malos.
Desde el principio algún instinto me había susurrado cuidarme de este hombre, pero yo puse a un lado la voz de advertencia y me permití yo mismo deteriorarme más y más bajo su influencia . Yo nunca había aprendido las lecciones de auto control y auto dominio, y si yo deseaba una cosa No dudaba en apoderarme de ella . En el Templo mi naturaleza había sido reprimida y aplastada : en ninguna forma educada y entrenada. Ese conocimiento de mí mismo y de las consecuencias que resultan de nuestras propias acciones, que podrían haberme servido como una cierta restricción sobre las tan exuberantes pasiones de mi juventud, nunca se me habían proporcionado. Mi vida con los ladrones de las colinas no había contribuido a elevar mis percepciones morales, y las enseñanzas de Jelalud-din estaban aún menos calculadas para hacer eso. Él, por ciertas razones personales, deseaba sobre todas las cosas degradarme a su propio nivel, y yo no tenía ningún escudo con el cual resistir las tentaciones que me asaltaban . A medida que me hundía más así él ocultaba aún más y más su real carácter, y me mostraba primero una de las manchas oscuras de la plaga y luego otra . Los vicios de glotonería y bebida no nos tentaban ; pero no hay otros vicios aún más degradantes? Los hábitos secretos en que indulgíamos en esta época eran tales como para hacernos descender bajo el nivel de los brutos irresponsables, aún cuando el cultivo de nuestros intelectuales poderes nos permitía controlar los servicios de esos Espíritus ligados a la Tierra, y aquellos ciudadanos del Plano Astral, cuya condición moral los ubicaba en tan bajo nivel como nosotros mismos.
Así mi mal genio me arrastró con él, hasta que nos hundimos juntos en el hoyo de la corrupciónYo me había vuelto casi como una máquina en las manos de este hombre ; él no tenía más que ordenar y yo obedecía . Él me ofrecía mirar ciertas cosas, o visitar ciertos lugares, y si esto estaba dentro de los límites de esa esfera en la que yo estaba hundido, yo podía pasar enseguida al estado de trance y darle la deseada información.
Mi mente y mi cuerpo al final se volvieron como debilitado por la constante tensión puesta sobre ellos, y Yo hacía siempre una resistencia más débil a la influencia de Jelal-ud-din. Nadie debería resignar la soberanía de sí mismo, su mente o cuerpo, en las manos de otro, sea el Sacerdote o el hombre común. Pues la libertad de un hombre es su Divina Prerrogativa, y quien la rinde a otro es más abyecto que el esclavo más bajo.
CAPÍTULO XI
EL SECRETO DE JELAL-CD-DIN
Fue al comienzo del quinto año de mi residencia con Jelal-ud-din que yo aprendí al final la verdadera razón por la cual me había buscado, y había dirigido toda su ingenuidad a llevarme bajo un nivel espiritual con él mismo .
Yo había aprendido pronto que él había vivido por un número de años más allá de los límites del espacio ordinario permitido al hombre, pero yo no supuse que él ya no más podía encontrar los medios que había usado previamente para este fin capaz de producir el efecto deseado y que cada día él se estaba poniendo más febrilmente ansioso de saber el secreto de su falla.
Yo había observado desde el principio un muy curioso cambio que sucedía sobre Jelal-ud-din a veces, y el que al final se había hecho más pronunciado. Al amanecer del día él aparecía fresco y con semblante joven, pero a medida que avanzaba la tarde él cambiaba gradualmente, aumentando en años en apariencia en unas pocas horas ; sus manos en particular mostraban grandemente la apariencia de la edad, marchitándose, encogiéndose, y tornándose amarillentas como un viejo pergamino, tal como uno lo ve en las manos de gente muy anciana ; pues es un hecho extraño que las manos envejecerán aún cuando el rostro permanezca comparativamente joven.
En el cuarto año de mi residencia con el Hechicero este cambio en lugar de solamente llegar ocasionalmente, comenzó a aparecer casi todos los días, y su rostro se puso macilento aún y viejo mientras yo lo miraba . En tales ocasiones él enseguida me despedía, y se encerraba solo por algunas horas, reapareciendo con su juventud de nuevo restaurada . Y yo podía ver que él era diariamente consumido con una creciente ansiedad al respecto.Al final un día en que estábamos sentados juntos su cabeza cayó hacia adelante súbitamente, su cuerpo se encogió y se arrugó asemejándose a una momia mas que a un hombre, mientras que el cambio que experimentaba su rostro era tan terrible y horrible que yo me encogí hacia atrás en horror y alarma. Él no podía hablar, pero él me hizo señas con su antigua imperiosa manera para que deje el cuarto, mientras la espuma de la pasión se juntaba en sus labios, y sus manos eran estiradas juntas en una agonía de ira desvalida a medida que se hundía en el piso.
Tan grande era mi sometimiento a él que yo no me aventuré a permanecer y ofrecer ayudarlo, sino que literalmente volé hacia afuera, hasta escuchar un ruido de rascar y raspar, seguido por la voz de mi maestro hablando en suave y débil tonos a algunos Seres invisibles ; luego, cuando la voz se hizo más fuerte, Yo me fui lejos a mi cuarto.
No me aventuré a bajar por algunas horas, y cuando lo hice encontré a Jelal-ud-din sentado sobre sus almohadones y mostrándose una vez más con su antigua forma de ser, excepto por un cierto tono macilento sobre su rostro, y un nervioso temblor de sus manos .
"Ahrinziman," dijo él, "Yo lamento que tú me hayas visto bajo la influencia de esa extraña desgracia, pero puede ser que después de todo esto te ayude a comprender mejor lo que deseo decirte . Tú has sido por cuatro años mi compañero y alumno . A ti yo he confiado secretos Que no he mostrado a ningún otro mortal, y por lo tanto te confiaré aún otro secreto más precioso que cualquiera que hayas aprendido.
"Tú sabes que yo ya he vivido más allá de los límites de la vida vivida por los hombres ordinarios, pero tú no sabes que cinco centurias han pasado desde que por primera vez mis ojos se abrieron a la luz de la Tierra. En esos años Yo he renovado de nuevo, y todavía de nuevo, el fluido vital que mantiene juntos los átomos del cuerpo mortal ; así yo he mantenido a raya el frío soplo de la Muerte, cuya helada mano separa el Espíritu de su cubierta y lo envía hacia adelante hacia quien sabe qué oscuras profundidades del Infierno.
Para aquellos que se han atrevido, como tú y yo a poner a un lado el velo que oculta los más oscuros secretos de Ahrimán y sus Ángeles, allí esperan sobre las negras orillas del río de la Muerte muchos demonios vengativos cuyo poder nosotros hemos desafiado, y quienes al final hemos sujetado a mi voluntad y hecho mis esclavos, pero a quien yo mismo podría volverme sujeto cuando entrara en esos reinos donde ellos, y no yo, reinarían supremos. Juzga entonces si una persona como yo se atrevería a morir? Piensa, ya sea que los medios utilizados no fueran todo legales con que yo pueda retener mi control sobre este cuerpo terrenal que sirve como mi escudo contra estos poderes malignos que yo había manoseado, y a quien yo había desafiado? No te asombres que yo busque, Oh! mi digno alumno, la ayuda que tú solo puedes dar . Yo te he entrenado por cuatro años ; tú has mirado ahora esa esfera donde yace el conocimiento que deseo, y esta noche tú y yo debemos buscarlo juntos . Bo puedo retrazar más el tiempo . No puedo prepararte más, pues cada día yo pierdo más rápidamente la vitalidad que yo he adquirido, y cada vez que yo consulto las estrellas yo percibo que la palma de mi vida se ha acortado por muchos días . Los medios que he usado exitosamente por muchos años del pasado han comenzado a fallarme ahora. Yo pierdo mis fuerzas vitales más rápidamente de lo que yo puedo renovarlas . Alguna cosa se necesita que no era requerida al principio, y tú debes encontrar para mí qué elemento es este. Esta noche, como he dicho, buscaremos esto. Mientras tanto echa una mirada al espejo negro de nuevo, y deja que los invisibles alrededor nuestro te muestren cual será el resultado de nuestro experimento ; tendremos éxito o el fracaso es mi destino?"Sus ojos relucieron cuando dijo esto, con el brillo de un lobo hambriento que rasgaría en pedazos cualquier cosa cuya destrucción pudiera darle la deseada comida, y yo pensé dentro de mí que él habría matado a cien hombres si pudiera extraer una preciosa gota de vida de cada uno . Yo retrocedí de él, y tomé el espejo como él ordenó, y esperé mientras la niebla pasaba sobre su superficie.
"Qué ves?" gritó mi Maestro impacientemente .
"Yo veo," dije, "nada excepto un negro ropaje o cortina . Yo veo cada pliegue de su ropaje, pero al levantarse no me mostró nada detrás."
"Oh! poderes de Ahrimán !" gritó Jelal-ud-din con una voz de súplica, "Oh! Vosotros Ángeles de las Esferas Oscuras a quien he servido ! Levanta, te lo ruego, sino una esquina de este velo, de modo que podamos saber el secreto que tú ocultas, y aprender ya sea si la vida o la muerte se oculta detrás de ese velo para mí. Ahrinziman, mira aún de nuevo, no ves nada?"
Miré firmemente al espejo, pero aún la visión no cambió. Ninguna punta de la negra cortina fue levantada, y Así se lo dije a Jelal-ud-din . Y aún a medida que yo hacía eso la cortina misma se marchitaba, sin dejar ninguna imagen allí. En vano esperé ; nada más apareció.Jelal-ud-din retorció sus manos en amarga desilusión. Entonces despertándose él mismo dijo:
"Así será, desde que los Oráculos son mudos para mí . Debo ser paciente hasta esta noche . Enviaré a Taki en un viaje de dos días de la ciudad, para que él no pueda espiarnos, y entonces tú y yo juntos arrebataremos de los poderes de la Oscuridad este secreto que ellos tan celosamente guardan de mis ojos . Vete y reposa, para que puedas reunir todos tus poderes, pues, pienso, esa cortina que ellos han mostrado es el símbolo del silencio, y ellos no quieren responder las preguntas que le hacemos ."
Me incliné ante mi Maestro y dejé el cuarto. Pero aunque no le dije nada a él, Yo tenía mis propios pensamientos en cuanto al sentido de la visión . Para mí la cortina no me había parecido como la cortina del silencio, sino mas bien esto parecía a mis ojos un Paño Mortuorio.CAPÍTULO XII
EL ÁNGEL DE LA OSCURIDAD
Tan pronto como el esclavo negro Taki había comenzado fielmente su viaje, y oscureció, Jelal-ud-din me llevó al jardín, y conduciéndome a la fuente me mostró donde mantenía su tesoro y algunos de sus más valiosos manuscritos ocultos . Pues él siempre tenía el temor de que algún día su casa pudiera ser atacada, y él se alegraba de tener un sitio oculto para su riqueza tanto como para su persona. Aquellos que se ocupaban en tales prácticas con Jelal-ud-din hacían necesidad de tener muchos enemigos, que estarían muy contentos de tener una excusa para atacarlo y arrebatárselas.
Mi Maestro primero agotó toda el agua fuera de la cubeta jaspeada, y luego me mostró cómo levantar uno de los cuadrados grandes que pavimentaron el fondo. Vimos frente a nosotros una angosta hilera de escalones, y al descender a través de ellos nos encontramos en una pequeña cámara oblonga como una bóveda. Aquí había varios arcones de hierro de construcción muy maciza, los cuales evidentemente contenían la riqueza que el Hechicero había acumulado durante su extraordinaria vida. En otros cajones había una gran cantidad de rollos de pergamino.
Jelal-ud-dm tomó tres de estos rollos, y luego con mi asistencia transportó uno de los masivos arcones dentro de la casa, tomando la precaución, sin embargo, de cerrar la piedra antes de salir de la fuente.
El peso del arcón mas bien me sorprendió cuando lo trajimos, y el contenido me sorprendió aún más, pues este parecía estar lleno de grandes trozos de metal pesado, como una mezcla de plomo y plata. Mi Maestro puso estos lingotes en un gran plato de fundición sobre un pequeño horno en su cuarto, y tan pronto como la masa se fundió él la derramó en un gran molde. Todo el tiempo en que lo mezclaba el continuó cantando, en una baja, monótona voz, un encantamiento, como imaginé, a esos Poderes del mal cuya ayuda él buscaba.
Habiendo hecho todos los arreglos para enfriar el metal que él había vertido dentro del molde, él me condujo por las angostas escaleras a la torre, diciendo que aquellos a quien él había solicitado su ayuda debían dejarlo hacer su tarea solo.
Habiendo alcanzado la diminuta cámara en lo alto de la torre el corrió las pesadas colgaduras a través de las aperturas de la ventana, y habiéndonos rodeado así en la oscuridad él me pidió que mirara sus manos y le dijera qué colores eran visibles para mi vista clarividente como emanando de ellas.
"Cada color que tú ves te muestra la presencia de ciertas esencias que van a formar la completa vida fluídica, por cuya agencia las partículas del cuerpo son mantenidas juntas. Si todas ellas están equilibradas del mismo modo entonces la fuerza vital es fuerte y vigorosa, pero si alguna es marchita y débil entonces el cuerpo exhibirá signos de enfermedad, y si alguno de ellos falla completamente, de modo que el espectro se hace incompleto, entonces la muerte debe seguir dentro de un breve período, pues cada elemento es necesario para mantener el total en combinación . Yo estoy consciente que uno o más de estos elementos son los que necesito en más alto grado; cual es yo no lo puedo descubrir . Tú debes mirar y decirme."
Por algunos momentos No pude ver nada. La extrema oscuridad hacía imposible verlo con mis ojos físicos, y por un breve tiempo mi vista clarividente pareció abandonarme . Luego de casi media hora de ansiosa observación comencé a ver una débil nube de niebla volando alrededor del sitio donde Jelal-ud-din estaba.Esta creció en dos grandes lenguas de llamas multicolores, que parecían verter hacia fuera sus manos extendidas. El completo arco iris era visible, en lo alto la luz blanco azulada era un mero hilo, mientras el carmesí al pie era como un ancho torrente de llamas . El azul era pequeño, y el oro mezclado con rayas oscuras, como un arroyo que se hubiera vuelto barroso.*
La alegría de Jelal-du-din fue grande cuando él halló que yo podía ver esto. Pareció revivir en sus decaídas esperanzas y renovar su coraje.
"Mirad," dijo él, "tus dones son de un valor grande e inapreciable, Ahrinziman. Muchos videntes han tratado, pero ninguno pudo ver este vital arco iris con tal claridad como tú lo has hecho. Muchos lo han visto en parte, pero pocos verdaderamente pueden subdividir esas partes en diferentes hilos de color. Algunos ven solamente el prevaleciente color de cada persona individual cuyo espectro ellos pueden discernir ; pocos pueden reconocer que todos los colores deben estar presentes en el aura de cada hombre, o de otro modo él moriría. ellos ven los colores predominantes y piensan que es todo lo que hay que ver, y que por lo tanto el completo arco iris no está presente en toda la naturaleza animada. Permanece pasivo ahora, mientras hago aún otra prueba de tus poderes."
La vida del hombre es sostenida por un fino fluido etérico compuesto de tres elementos el animístico o esencia de la vida mental, el fluido astral o magnetismo del plano magnético intermedio entre el alma y el cuerpo y el aura o aroma del plano físico la esencia material de la vida orgánica física. La mezcla de estos tres constituye la naturaleza perfecta síquica o mediumnística! una proporción desigual de cualquiera de las tres origina una cierta perturbación en el equilibrio que hace que el mortal ya sea muy sensitivo o muy insensible a las influencias espirituales.
El proceso completo de materialización y desmaterialización depende del balance de los tres elementos y su acción de uno a otro.
Así uno que tiene un sobre flujo del fluido magnético puede hacer que los objetos se muevan alrededor de él sin contacto y aún no puede ayudar a que los espíritus aparezcan en forma material ; de nuevo con una fuerte esencia mental pero con una deficiencia de los otros puede ver y escuchar a los visitantes de los otros planos o proyectarse ellos mismos en otros planos aunque no puedan ocasionar la materialización de cualquier cuerpo síquico. Y si se ponen los dos extremos juntos y añadimos la esencia del alma y la esencia del aroma a ellos y uno puede crear vida en la forma física instantáneamente . Pero la permanencia de tal aparición material dependerá enteramente de la cantidad de la esencia del alma con la cual uno pueda incorporar a su creación. F. W. THURSTAN, M. A.
Él ahora se me aproximó y trazó algunas figuras sobre el piso en frente de donde yo estaba parado, y yo vi la llama azul como si flotara de su cetro trazando líneas de luz . Luego él hizo algunos pases sobre mí, y las llamas de fuego carmesí que fluían de sus dedos parecían quemar mi cerebro, y causar un estupor sobre mí, y entorpecer mis miembros, hasta que quedé rígidamente fijo al lugar donde estaba. Y como en un sueño, aún un sueño con todas mis facultades en completa consciencia, yo escuché a Jelal-ud-din invocar al Ángel de la Oscuridad a aparecer.La torre pareció conmoverse con un terremoto . Una rodada, ruido de acercamiento como de un ejército aproximándose de lo Invisible se escuchó y yo vi una Estrella brillante de fuego carmesí pasar a través del techo y descansar sobre el piso. Desde su corazón se levantó la figura de un hombre : un hombre de estatura majestuosa, vestido de la cabeza a los pies en un largo manto negro . Él parecía crecer y crecer frente mío, hasta que hubo una oscura, distintiva figura rodeada por rayos de fuego . Él se quitó la cubierta de su cabeza y rostro, y contemplé una vez más el temible semblante de aquel Ángel de la Oscuridad Que yo había visto en mi primer visita a Jelal-ud-din.
Yo estaba en un trance tan profundo que yo no podía mover ni siquiera un párpado, pero yo podía ver y escuchar todo lo que sucedía, y yo sabía que el rey que estaba frente mío ahora no era una mera visión reflejada para mí desde el rostro de un espejo mágico, sino el real Espíritu él mismo, vestido con una materialidad que podría haberlo vuelto visible a cualquier vista mortal, rodeada como él estaba por aquel oscuro brillo de luz carmesí.
Cuando Jelal-ud-din se postró ante él, el Ángel Oscuro dijo en un bajo, profundo tono:
"Tú me has invocado, y lo! yo estoy aquí . Qué deseas de mí?"
"Oh, Gran Espíritu ! Ángel Poderoso ! Yo pido de ti el don de una vida más larga sobre la Tierra, y yo te conjuro, por los muchos años en que yo te he servido, que me reveles a mí cuales son los medios por los cuales puedo obtener el don."
"Estás seguro que la vida de la Tierra es una cosa tan dulce que tú no tienes otro deseo que el de prolongarla?" dijo el Ángel, fijando sus sombríos ojos sobre Jelal-ud-din.
"Sí, " respondió el Hechicero humildemente, "Sí, sobre todas las cosas es lo que deseo, pues yo sé lo que es la vida de mortalidad, pero quien puede describirme la vida de aquel Mundo desconocido más allá de la Tumba."
"Es suficiente," respondió el Ángel . "
Hasta donde está en mi poder te concedo tu petición. Pero sabe, oh hombre de la Tierra, que la vida y la Muerte no están dentro de mi poder el darlos . Ni Ángel ni Mortal pueden otorgar eso, desde que ellos son los dones del único Ser Supremo solo, ante cuya voluntad todopoderosa los Ángeles de las Esferas de la Luz y de la Oscuridad del mismo modo deben inclinarse . Lo que yo puedo darte es el conocimiento de los medios por los cuales la vida puede ser sustentada, y tú mismo puedes usarlos para el fin señalado, sea esto bueno o malo para ti ."Él golpeó el piso tres veces con sus pies cuando habló, y donde sus pies había quedado yo percibí un pequeño y grueso rollo de pergamino aparecer, como si este surgiera a través del piso. A esto él lo señaló, diciendo :
"Lee tú ese pergamino y sigue las directivas que él te da, y tú tendrás dentro de tu asidero el secreto que significa vida o Muerte para ti . Yo no te digo “adiós”,' oh, Jelal-ud-din, mi valioso sirviente ! pues yo preveo que nos encontraremos de nuevo antes de que pase mucho tiempo."
Él puso su manto una vez más sobre su rostro, luego extendiendo sus brazos como alas sobre su cabeza, el Ángel Oscuro pareció elevarse y volar desde la torre, hasta las negras nubes de las nubes que lo ocultaron de la vista.
Yo desperté de mi trance, y vi a Jelal-ud-din introducir el precioso rollo dentro de su ropa, guardándolo celosamente aún de mis ojos.
"Oh, Ahrinziman!" él gritó en un tono de gran exultación, "tu arte es verdaderamente de valor inapreciable para mí. Yo esperaba poco que el éxito me coronara mis búsquedas . Sabes tú que este pergamino que he recibido es realmente la escritura del más grande Maestro de nuestro arte mágico que haya vivido? Ha sido dicho que cuando al final, cansado de la vida de la Tierra, él se extendió para morir, él hizo que aquellos alrededor de él hicieran voto de colocar este rollo de papiro entre sus manos muertas y enterrarlo con él en la tumba, para que nadie pueda aprender el secreto que él había descubierto . Fue dicho también que este hombre había descubierto la tumba de Adam, el antepasado de toda la humanidad, y que en la misma tumba donde descansaban los huesos de Adam había sido depositado este gran Mago para descansar. Vanamente hemos buscado yo y otros por esta tumba, para que pudiéramos poseer nosotros mismos el secreto de la vida que el Maestro fallecido mantenía en sus muertas manos . Y aún en vano la hemos buscado, pues quién sabía dónde estaba la tumba de Adam, y cómo podría uno descubrir qué era aquello tan poderoso que el Mago quería mantener en secreto? y ahora, mirad en mis propias manos Yo tengo su místico rollo, y tú y yo juntos probaremos sus virtudes esta noche.
Tú eres digno de gran recompensa, Ahrinziman, pues por tu poder fue el Ángel capaz de manifestarse a mí. Por años yo he tenido comunión con él, aun cuando esta lo fue imperfectamente. Sus palabras venían a mí como pensamientos, cuyos significados Yo no podía salvo adivinar. Esta noche por la primera vez él me ha hablado con una voz directamente a mí, y por la primera vez yo lo he contemplado claramente . Y, Oh ! el más precioso don de todos, él me ha dado este maravilloso pergamino. Verdaderamente, Ahrinziman, tú elegirás de mis arcones de tesoros tantas riquezas como tú desees, y yo te mostraré los secretos de muchas cosas maravillosas . Pero ven, descendamos, pues la obra de los Espíritus de la Oscuridad será ahora terminado en la cámara inferior, y nosotros tenemos mucho que hacer antes que el día termine."Nosotros de común acuerdo retronamos al cuarto del Hechicero, donde hallamos el gran caldero de fundición, que él había lanzado los trozos ásperos de metal en la caja, listo ahora para ser usado. La alegría de mi Maestro fue tan grande, y su excitación tan perspicaz, que escasamente lo reconocía, y yo pensé para mí mismo que esto no era un buen agüero de éxito; pues cuando nuestras esperanzas son muy altas es con frecuencia el momento cuando el infortunio está más cerca de nuestra mano, y una exageración de lo que se espera, como la de Jelal-ud-din es la mas de las veces el anticipo de un gran desastre .
Jelal-ud-din arregló cuidadosamente su lámpara, y la puso sobre la mesa a su lado. Luego, habiendo arrojado primero ciertas hierbas dentro del caldero, y añadido algunos materiales químicos de jarras herméticamente selladas que él había traído de la bóveda bajo la fuente, él colocó la mezcla completa sobre el fuego en el brasero, y me pidió vigilar por una hora que no se detuviera el cocimiento a fuego lento, mientras él mismo se sentaba a leer el precioso rollo de papiro.
Por cerca de una hora él leyó, y a medida que lo miraba de vez en cuando yo vi su rostro cambiar su expresión de una de expectación a uno de duda y aún temor, mientras él me miraba inquietamente, bajando sus ojos cuando se encontraban con los míos, como si él no se atreviera a encontrarse con mi mirada cuestionadora. Y tantas veces como lo miré Yo podía encontrarlo observándome de nuevo con la misma curiosa expresión intranquila.
Al final se levantó, y confiando el rollo dentro de su pecho, se aproximó al fuego, y habiendo probado el contenido del caldero declaró que este había alcanzado la primer etapa completa de preparación.
Él por lo tanto la transfirió a otra vasija conveniente para la destilación del líquido, y a medida que este subía con el vapor lo dejaba caer gota a gota en un recipiente dorado al lado del fuego.
Jelal-ud-din ahora procedió a trazar de nuevo sobre el piso su muralla protectora de fuego Espiritual, y arrojó un manojo de pólvora suavemente perfumada dentro del brasero. Cuando el humo se levantó de este vi una forma de un gris empañado surgir del precioso caldero, y desaparecer con un gesto de amenaza. Cuando le dije esto a Jelal-ud -din él hizo un gesto de intenso alivio, diciendo :"Yo no vi esa forma, pero sentí su presencia, y yo sabía que si él hubiese tocado el recipiente dorado todo nuestro trabajo hubiera sido en vano. Yo estuve mucho tiempo absorto en la lectura de aquel rollo, y había sufrido bien cerca uno de los malos Espíritus forzar la entrada entre nosotros . Mira, ahora, a medida que esta mixtura destila te contaré porqué fue que dejé la olla de metal ser manipulada por los Espíritus Oscuros que esperaban por mí . Cuando la dejé, esto fue hecho por manos mortales, y podría sostener solamente la parte material de estos ingredientes que puse en esta. La esencia Espiritual que yo deseo sobre todas las cosas preservar habría escapado . El Elíxir de vida se habría evaporado . Así yo dejé que los Espíritus de la Oscuridad trabajaran sobre la olla, y la hicieran conveniente para nuestra obra de oscuridad . Cada vez que se hace uso del caldero debe ser destruido y lanzado de nuevo. Tres veces ya lo he usado así quien sabe cuantas veces más lo podré hacer?
"Ahrinziman, te retirarás un poco de mí por un tiempo ; siéntate más allá, cerca de la ventana, pues lo que debo hacer tengo que hacerlo solo, y en el preciso momento Te llamaré para que vengas cerca y levantes la vasija conmigo."
Él habló en una voz de recogimiento, y de nuevo evitó encontrar mis ojos, mientras sus manos temblaban como alguien de edad cuando él me hizo señales para que me retirara. Su forma de ser también había cambiado. El estado de excitación había pasado, y él se veía macilento y ansioso e incómodo .
Yo me retiré cerca de la ventana que tenía pesadas cortinas y me senté sobre unos almohadones, para observar el progreso de los eventos, sospechando fuertemente de que mi amo no deseara que yo mirase todo lo que él hacía, aunque él requería mi presencia en el cuarto.
CAPÍTULO XIII
MI ÁNGEL DE LUZ
Aproximadamente una hora pasó. Jelal-ud-din estuvo todo el tiempo sobre la preciosa olla y sus contenidos, raras veces dándose vuelta para mirarme, pero murmurando extraños encantamientos de tiempo en tiempo, y haciendo con su cetro místicas figuras en el aire, o arrojando fresca pólvora perfumada dentro del brasero. Él parecía estar absorbido en su experimento, y casi olvidado de mi presencia. Mi visión clarividente parecía inusualmente clara, pues contemplé alrededor nuestro más distintivamente que nunca, los nublados fantasmas del Plano Astral, que parecían flotar alrededor del cuarto y pasar a través de las murallas y techo y levantarse a través del piso como si la sólida mampostería hubiese sido una barrera de agua o de aire . Solamente el anillo de fuego mágico los mantenía alejados de nosotros, y a medida que el precioso líquido se cocía a fuego lento en la vasija ellos parecían reunirse en nubes siempre espesándose, presionando hacia uno y otro lado hasta que aquellos cercanos al anillo flamígero fueron casi forzados a pasar a través de este por la presión de los que estaban detrás .
Cómo describiré la multiforme variedad de extrañas, grotescas y horribles criaturas que yo vi? Algunos grandes como torres se destacaban como gigantescos fantasmas sobre todo el resto ; otros, parecían ser una mezcla de hombres y dragones ; creaturas que parecían bestias salvajes en sus cuerpos, pero tenían rostros de hombres ; duendes y enanos ; algunos eran todo una enorme cabeza con escasamente ningún cuerpo ; otros, eran todo un enorme cuerpo hinchado y sin cabezas . Fantasmas que eran en todos los aspectos como hombres y mujeres, aunque de cuerpos tan insustanciales que ellos parecían disolverse como coronas de humo, y luego tomar una forma de nuevo. Seres que eran como todas las fantásticas creaciones de los pensamientos vagabundos del hombre, y aún poseyendo cada uno su propia individualidad, su curiosa semejanza al tipo humano . Espíritus de una apariencia horriblemente humana, ligados a la Tierra y miserables, mezclados con esta multitud de fantasmas, y luchando con ellos en un feroz deseo de aproximarse y apoderarse de esta preciosa esencia de vida .
Enormes formas empañadas se movían cerca, similares y aún disimilares a los hombres, y flotaban como Espíritus del Mal empollando alrededor del anillo ígneo.
Aquí y allí una cabeza o brazo, un pie o rostro, súbitamente recibiría materialidad desde la poderosa atmósfera de magnetismo material que habíamos generado alrededor nuestro, y vivificada con las emanaciones del precioso Elixir dador de Vida ; y con la materialidad esta cabeza o pie o rostro se volvería distinto y visible a la vista de Jelal-ud-din tanto como a la mía, ocasionándole redoblar sus precauciones y rellenar su vacilante círculo de fuego, a través del cual la salvaje horda Fantasma intentaba a cada momento incendiar en un gran torrente de demonios destructores de oscuridad .Distantes retumbes como de trueno resonaban sobre nosotros y se nos aproximaban, como nuevas y aún siempre nuevas hordas de Espíritus negros reunidos alrededor . La casa apareció rodar y deslizarse con los asaltos de esta poderosa multitud de enemigos desconocidos, y a medida que pasaba el tiempo, y gota a gota de la preciosa mezcla caía en la vasija dorada, la excitación alrededor nuestro pareció aproximarse al clímax, y cada momento, parecía, que sería nuestro final .
Y ahora un cambio pasó sobre el fluido vital destilando dentro de la vasija dorada . Una nube carmesí se levantó sobre este, luego cambió en un color rosa, y se marchitó en un rosa delicado ; luego cambió de nuevo a violeta y lila, luego en azul, verde y amarillo, y finalmente en plateado y blanco, aún un brillo como de un arco iris apareció sobre la jarra mística conteniéndolo .
En este momento yo tomé consciencia que en la oscuridad de las cortinas donde estaba sentado resplandecía allí una Estrella una Estrella con poca luz, pero todavía brillaba ! y cuando me di vuelta para contemplarla yo vi de nuevo a mi Ángel de Luz, a quien no había visto a través de todos los largos años desde mi niñez, pero visible de nuevo al fin. Ella no se veía sin embargo como aquella a quien yo había visto antes, radiante y brillosa, sus ropas resplandeciendo con Estrellas Plateadas .
Ella estaba oscura y empañada, como si se la contemplara a través de una nube de niebla . Su rostro, también, estaba triste . Sus ojos se veían como si ella llorase . Sus largas vestimentas parecían aferrarse a ella, como si estuvieran mojadas con sus propias lágrimas. Ella levantó sus brazos a mí implorando, y llamándome .
Y yo me levanté para seguirla, pues no podía resistir la súplica de su vista, y mi corazón estaba perturbado a la vista de ella por el antiguo apasionado sentimiento de amor y el deseo anhelante de atraerla a mi corazón .
Yo olvidé los experimentos . Yo me había bien olvidado de Jelal-ud-din, cuando me levanté para seguir a mi Ángel Blanco desde ese cuarto aborrecido de misterio y temor .
Cuando levanté una esquina de la cortina para atravesarla, miré hacia atrás .
Allí permaneció Jelal-ud-din, doblándose como un viejo, viejo hombre inclinándose sobre el precioso jarro dorado, casi llenado ahora con las gotas del fluido dador de vida . Sus manos estaban retorcidas como las garras de un ave de presa que esperase lanzarse sobre su esperada comida. Sus ojos estaban fijos con ávida expectancia sobre las últimas pocas gotas a medida que ellas caían lentamente una a una dentro del recipiente. Él parecía ausente de todos los pensamientos excepto del único gran pensamiento de la auto preservación. Sobre su cabeza flotaba la nube de arco iris, alrededor de él resplandecía el anillo de la pálida llama azul, y fuera los feroces Fantasmas luchaban como maníacos en sus esfuerzos frenéticos por pasar a través de él.
Dejé caer la cortina y pasé a través, impelido por un poder más fuerte que mi sentido de fidelidad a Jelal-ud-din, más fuerte que cualquier influencia que hubiese sentido, y seguí la figura de mi Ángel Blanco a medida que ella me conducía, flotando frente mío, su cabeza dada vuelta a medias para ver que yo la siguiera, hasta que alcanzamos el lugar donde mi caballo estaba atado. Allí ella se detuvo, y señalando hacia la puerta, desapareció de mi vista .
CAPÍTULO XIVEL PERGAMINO MAGICO
Cuando mi Ángel Blanco desapareció recordé a mi Maestro, y lleno de remordimiento por haberlo abandonado así me apresuré a regresar a la casa .
Cuando entré en el cuarto yo vi que los círculos místicos de llamas se habían apagado, aunque el fuego todavía ardía en el brasero, y por su luz yo vi que la vasija para la destilación del Elixir yacía sobre el piso ; cerca de esta yacía el jarro dorado, dado vuelta y vacío, excepto por una sola gota del Fluido Dorado. Al lado de este yacía El Hechicero mismo muerto. No necesité mas que mirar a sus labios distorsionados, torcidos y contorsionados en todas las agonías de una muerte violenta ; a sus ojos, comenzando por su fijación y permaneciendo abiertos ampliamente de miedo de alguna cosa desconocida de terror ; a su boca medio abierta de la que la lengua hinchada se destacaba, y de la cual algunas gotas de sangre negra rezumaba, para decirme que él estaba más allá de toda ayuda humana.
Su túnica había caído de uno de sus brazos , que estaba doblado sobre su cabeza como si fuera para defenderse de un ataque . En su muñeca desnuda estaban las marcas de dedos gigantescos, chamuscados y habiendo ardido dentro de la carne como las marcas de un hierro al rojo ; y sobre su garganta había marcas de una mano similar, que evidentemente lo había estrangulado.
Yo retrocedí de la temerosa visión en horror y remordimiento, y mi primer pensamiento fue huir del sitio maldito. Luego pensé en los muchos valiosos manuscritos del Hechicero, conteniendo en algunos de ellos conocimiento que era de inapreciable valor, y de ningún modo maligno, incorporando como lo hizo las pacientes investigaciones de muchos años de trabajo en la búsqueda del conocimiento científico, y yo sabía que tan pronto como la muerte de Jelal-ud-din fuese descubierta, su casa sería pillada y sus papeles destruidos o llevados.Yo resolví, por lo tanto, colocarlos por seguridad en la bóveda bajo la fuente, hasta que una oportunidad me fuera permitida para tomarlos. Entonces puse tantos de ellos como pude allí, llevándome tres conmigo, que yo sabía se referían solamente a la práctica del arte médico . También llevé conmigo el negro cetro y el espejo mágico .
Habiendo reunido mis propias posesiones, que estaban en mi cuarto, junto con algunas gemas de valor que Jelal-ud-din me había dado en diversas ocasiones, yo regresé al cuarto donde yacía el hombre muerto, y estaba casi por dejar la casa cuando mis ojos cayeron sobre la figura rápidamente atiesándose del infortunado Hechicero, y yo pensé que yo debería echar una cubierta sobre el rostro cadavérico.
No podía yo mismo tocarle, para cerrar esos ojos que miraban fijamente o enderezar esos labios torcidos, pero cuando yo tomé una de las pieles de tigre para colocarla sobre él yo vi el rollo de papiro dentro de un bolsillo de su túnica, y lleno con curiosidad para leer su secreto, lo saqué y lo confié a mi cinturón . A medida que yo hacía eso no pude más que notar que el mismo cambio extraordinario que había sucedido al menos una vez, a mi conocimiento, pasado sobre el cuerpo viviente del Mago había llegado sobre este ahora. Desde que había visto primero el cuerpo muerto había comenzado a encogerse y arrugarse . La piel amarilla colgaba en pliegues que se iban encogiendo. El paso de la edad estaba más allá de cualquier cosa que se pudiera imaginar, y en esa tan marchitada y arrugada forma era difícil reconocer a Jelal-ud-din. Era como si él fuera convirtiéndose en polvo ante mis ojos, y yo me pregunté cuando miré hacia abajo sobre él que no sea más que un montón de huesos, un poco de polvo y una pila de ropa, en cuanto tiempo el esclavo negro Taki regresaría y descubriría la muerte de su Amo.
Esto era lo que yo pensaba, que la Tierra estaba reclamando todo enseguida el decaído cuerpo de aquel que por tanto tiempo la había defraudado.
Cuando me fui y dejé al Mago muerto entre la parafernalia de sus artes místicas, que habían probado ser tan impotentes para salvarlo de la austera mano de la Muerte, sentí como si el hechizo que había colgado sobre mí por cuatro años se hubiera quebrado al final, y yo había despertado como de un sueño, restaurado a mi libertad de voluntad una vez mas .Pareció como si un súbito acceso de vida y vigor llenara mis venas . La extraña laxitud que me había oprimido últimamente con una sensación de tener todos mis miembros como agobiados por pesos invisibles, y los cuales me privaban de la energía de pensar o planear por mí mismo, desapareció . Sentí una vez más que yo podría hacer u osar, no como la herramienta de otro, sino como uno que lucha y trabaja por sí mismo.
Cuando recibí la grisácea luz de la mañana yo pensé en aquella otra mañana cuatro años antes, cuando había llegado para hacer mi primer visita a Jelal-ud-din en esa casa de oscuridad, y pasé a la clara luz del día que amanecía ; y me pregunté dentro de mí si el conocimiento que yo había obtenido verdaderamente valía el precio que yo había pagado por este, resolviendo, cuando yo pensé sobre todas estas cosas, que yo les daría un buen uso en nombre de mis congéneres, a la sabiduría que yo había aprendido en medio de tanto mal.
Habiendo ensillado mi caballo no perdí tiempo en salir de la ciudad, pues yo sabía que bajo las circunstancias de la muerte de Jelal-ud-din, en un momento cuando él y yo habíamos estado solos juntos, sería imposible convencer a cualquiera que yo era inocente de su muerte, y yo resolví poner un amplio espacio entre yo mismo y el hombre muerto antes que su muerte fuese descubierta .
Cabalgué cauteloso, evitando todas las villas y ciudades, hasta que cayó la noche, cuando acampé sobre un promontorio rocoso, y encendí un fuego con un matorral para mantener alejadas a las bestias de presa que rondasen alrededor.
No me aventuré a dormir, aunque me estaba sintiendo terriblemente fatigado por la excitación y los ejercicios del pasado día y la noche, pero yo me acosté cerca de mi caballo, y extrayendo el rollo de papiro de mi cinto resolví mantenerme yo mismo despierto mediante su lectura, que, gracias a mis estudios con Jelal-ud-din, yo fui capaz de hacer .
Este comenzaba explicando los varios métodos por los cuales el fluido vital podía ser renovado, y en qué sustancias este podía ser hallado en el más puro estado . Luego daba algunas directivas para extraerlo, y siguiendo con la explicación, que para aquellos que ya hubiesen renovado su palmo de vida hasta tres veces el período permitido al hombre se requería un más fuerte y aún siempre más fuerte grado de poder en el Elixir Vital para permitir a los átomos del cuerpo mantenerse juntos . Luego proseguía diciendo que, como en cada renovación de vida el cuerpo desmenuzado requería aún más y más de la vitalidad que tenía que ser incesantemente derramada dentro de este como comida, el escritor aconsejaba que ya sea el rápido cuerpo en decaimiento debería ser abandonado y un cuerpo fresco del cual el Espíritu propietario correspondiente hubiese sido eyectado, se tomase posesión de él, o sino que una joven y vigorosa persona, en cuyas venas la sangre aún corriese cálida y roja y llena de vitalidad, debía ser mantenida en estrecha proximidad del buscador en pos de la vida perpetua, con el objeto que la joven fresca vida alimentase con su magnetismo a aquel cuyo cuerpo fuese viejo, y así salvarlo del muy rápido desgaste del precioso fluido que este había absorbido.
"O," decía el manuscrito, "si tú lo prefieres, tú buscador de la vida sin fin, tú puedes succionar como un espíritu vampiro la vida de muchos mortales dormidos, retornando a tu propia cubierta mortal antes del amanecer para renovar tu vida con la vida que has obtenido de esta manera .Pero ten cuidado que tú no debes tratar este medio de sostener la vida luego que hayas bebido por quinta vez del gran Elixir, pues por la época en que tú hayas probado de este por quinta vez, tú no podrás dejar con seguridad tu cubierta desmenuzada, pues esta decaerá rápidamente y dejará tu Espíritu sin una cubierta mortal . Hay algunos que afirman que ellos pueden construir de nuevo un cuerpo para ellos mismos . Si, y es aún así . Y este cuerpo se sostendrá junto por tan breve espacio de tiempo que no será posible adherirse a la Tierra por tales medios . De tiempo en tiempo el Espíritu puede manifestarse a través de tal cuerpo, pero este no puede disfrutar de los placeres de la Vida sobre la Tierra mientras está unido a este, porque todos sus esfuerzos deben estar dirigidos a preservarlo de la desintegración . Si, luego, tú deseas vivir la vida de los hombres mortales, entonces tú debes robar un cuerpo a otro, o aún robarlo de muchas de las esencias mortales de vida que sostendrán la tuya propia .
"Hay aún una tercera y más oscura forma por la cual aquellos que encuentran que no pueden poseer ellos mismos del cuerpo de otro pueden todavía robarle su joven, fresca vida. Cuando se haya hecho un Elixir, el más fuerte y más poderoso que puede ser destilado, y cuando se forme la nube del arco iris, y las últimas gotas doradas caigan dentro de la vasija, haz que el hombre con la fuerte joven vida latiendo en todas sus venas se aproxime y toque la vasija donde está contenido este fuerte Elixir, pues como el cuerpo más fuerte atrae al más débil, como el más grande atrae al más pequeño, como la magnetita atrae al hierro, así la poderosa vida dentro del jarro extraerá la vida contenida dentro del cuerpo mortal del joven, y cuando el cuerpo mortal, privado así súbitamente de su joven vida, se hundirá en la tierra, quien pueda beber enseguida del gran Elixir absorberá tanto la vida que estaba contenida dentro del cuerpo del joven y aquella contenida en el líquido mágico así él renovará su vida por aún otros cientos de años, o puede ser aún más.
Pero atención! los Poderes de la Oscuridad no pueden ser burlados, pues mirad Yo había leído hasta aquí, y estaba por dar vuelta la página, cuando de la oscuridad de la noche salió una mano ! Una mano gigantesca, que terminaba en la muñeca, la cual aferró el rollo de papiro y me lo quitó, desvaneciéndose con este tan súbitamente como este había aparecido.
Así los secretos que este contenía permanecieron en gran parte como un secreto todavía. Pero yo había leído bastante. Yo sabía ahora por qué Jelal-ud-din había estado tan perturbado por su lectura, y por qué él ya no se atrevía a encontrar mi mirada . Y yo reconocí con una emoción de completo agradecimiento la súbita muerte de la cual mi Ángel de luz me había salvado .
CAPÍTULO XVMI ENCUENTRO CON ZULEICA
Hice mi camino a través de Persia hasta dentro del país Montañoso de Afganistán, y en la ciudad de Herat yo hice mi morada. Había yo resuelto practicar como un profesor del arte médico, y con el conocimiento que me enseñó Jelal-ud-din Yo produje muchas curas exitosas .
Yo no manoseé los misterios más oscuros, pues el horror de la muerte de mi Maestro pesaba todavía fuerte sobre mi ; y aunque yo tenía su mágico cetro y el espejo, y ciertas otras cosas, No hice uso de ellas, y tales dones de adivinación como yo poseía Los usé en esta época solamente para ayudarme en mi trabajo de curar a aquellos que venían a mí por ayuda.
Antes de que pase mucho tiempo me hice una honorable reputación, y fui solicitado por aún la clase más alta de ciudadanos, y por un momento yo permanecí quietamente y complacientemente viviendo como uno altamente respetado y estimado .
Y ahora yo pensé en tomar para mí una otra esposa.Yo había aprendido de los manuscritos de Jelal-ud-din cómo preservar mi cuerpo cuando mi Espíritu fuera enviado desde este, y yo había tenido ocasión de ir así desconocido a visitar la esposa a quien había dejado entre las tiendas de ladrones en las montañas de Persia.
La encontré, como yo esperaba, ya casada con mi rival Hadji.
El antiguo Jefe estaba muerto, y Hadji gobernaba en su lugar sobre la tribu, mientras Dilferib gobernaba con una mano no mansa a Hadji.
Yo por lo tanto me sentí yo mismo en libertad de encontrar otra pareja, y comencé a mirar a mi alrededor a todas las bellas doncellas cuyos padres yo conocía . Mi idea de amor hubiese sido algo vacía en mi vida con Jelal-ud-din. Las mujeres no me parecían ya más tales divinidades sagradas para mí, y Comencé a desesperar de encontrar una que pudiera inspirar en mi corazón una adhesión romántica . Poco soñé que la crisis de mi vida, en cuanto al amor se relacionaba, estaba tan cerca de la mano.Había un mercader Árabe en la ciudad con quien yo estaba en cierta intimidad, y al mencionar mi deseo de encontrar esposa, él me invitó a visitar a su familia . Él tenía, dijo, tres hijas, cada una de las cuales era estimada por su belleza, y Yo podría elegir, si me complacía, una de ellas.
De acuerdo yo fui invitado a una fiesta, tras la cual esas doncellas iban cada a una a quitarse el velo frente mío.
El mercader tenía una sobrina junto con las tres hijas, y como la hija más joven ya había manifestado su afecto sobre un joven, fue convenido entre las muchachas mismas que la sobrina tomaría quietamente su lugar sin decirle al mercader, pues como la hija más joven era considerada la más bella se temía que yo pudiera seleccionarla .
La sobrina, cuyo nombre era Zuleica, era la hija huérfana del hermano del mercader, que se había asentado en Turquía y casado con una dama Circasiana de gran belleza pero de disposición infiel, quien había escapado con su amante, dejando detrás la pequeña hija que era solamente una niña . A la muerte del padre esta niña fue adoptada por el buen mercader, Abou Hassan, y llevada con sus propias hijas .
No necesito detenerme sobre el entretenimiento dado a mí por el mercader, ni describir los encantos de las dos hijas mayores, cuyas ruborizadas caras fueron momentáneamente reveladas a mis ojos sin excitarme más que una pasajera sensación de admiración por sus atractivos.
La tercer muchacha, a quien el mercader imaginó ser su hija más joven, deslizó su velo muy ligeramente a un lado, mostrándome un rostro que sobrepasaba a los otros en belleza de rasgo y perfección de tonos. Pero no fue su encanto lo que causó el súbito latido de mi corazón, el rápido correr de sangre a través de todas mis venas, sino el hecho que cuando esta tercer doncella se quitó el velo frente mío yo reconocí el largo tiempo buscado rostro de la niña que yo había visto en el espejo mágico, en esa importante noche cuando visité por primera vez a Jelalud-din.
CAPÍTULO XVIMI CASAMIENTO CON ZULEICA
El digno mercader Abou Hassan se mortificó un poco cuando encontró que su sobrina y no su hija hubiese sido seleccionada para convertirse en mi esposa, y se enojó por el truco que se realizó frente a él . Sin embargo, teniendo algo de un filósofo, él se consoló con la reflexión que en cualquier caso estaba bien que Zuleica fuese proporcionada pues, y dio su asentimiento a nuestra unión no bruscamente. Yo presioné por un temprano matrimonio, pues si la mera reflexión del rostro de esta niña proyectado a mí en un espejo había impactado tan profundamente mis sentidos, su presencia corporal había doblemente encadenado mi corazón, y yo estaba consumido por el más impaciente deseo de casarme con ella con la menor dilación posible.
De la extraña advertencia contra ella que su aparición en el espejo me había provisto, yo pensé sino poco, atribuyendo a la influencia del cuarto de Jelal-ud -din todo lo que había proporcionado una sugestión de mal en Zuleica misma . Ella era apenas una joven niña llevada en la estricta reclusión de la casa de su tío, y era imposible mirar la sencilla inocencia de su encantador rostro, con sus modestamente ojos negros caídos que raramente se levantaron ellos mismos para mirarme, y aún asociar un pensamiento de maldad con ella. No! Yo estaba seguro que ella era un Ángel de bondad y pureza, y anhelaba con toda mi Alma apresurar el día que la haría mía .
Las joyas que me había dado Jelal-ud-din eran, como he dicho, de considerable valor, y yo había pensado que era bueno partir con ellas a un mercader que negociaba con piedras preciosas. Yo había, es más, hecho una buena cantidad de dinero mediante la práctica del arte de curar, de modo que yo estaba en una posición para dar mi dote a la novia y su familia ambos numerosos y costosamente, y yo fui tratado de conformidad con una correspondiente cantidad de favor. Zuleica misma no me desveló su rostro de nuevo, pero se me permitieron varios encuentros en la presencia de su familia, y la impresión que ella había hecho sobre mi era, si es posible, más profunda cada vez.Al final de todas las muchas costumbres y ceremonias necesarias para el matrimonio en el Este se terminaron y se me permitió llevar a mi novia a mi propia casa al fin. El tiempo que siguió fue uno de tan intensa felicidad, de tal intoxicación de amor, que aún ahora, después de todo este lapso de tiempo, yo suspiro cuando miro hacia atrás, y quisiera, si esto fuese posible, llamar de nuevo, mas no fuera por una hora, las ilusiones y la beatitud de aquel tiempo. Que Zuleica me amase tanto como yo la amaba fue algo no esperado . Solamente en la perfecta unión entre almas gemelas se encuentra la perfecta unidad de amor, y Zuleica era en muchos aspectos lo opuesto de mi verdadero ideal, aunque él tenía tan completamente usurpado el lugar de este que yo no podía soñar más de ninguna perfección que las que ella poseía . Ella era inteligente, ingeniosa, y llena de recursos . Ella nunca llegó a cansarme, como la pobre Dilferib había hecho . Zuleica parecía adivinar mis pensamientos antes que yo pudiera expresarlos, y gratificar mis deseos cuando ellos apenas se habían formado a medias en mi propia mente . Aunque ignorante de vida, sus intuiciones eran tan perspicaces ella nunca parecía torpe o perdida, aún bajo las circunstancias más exigentes. Por naturaleza una coqueta, ella aprendió casi enseguida las artes por las cuales las mujeres esclavizan a los hombres, y hacen al más inteligente y más mundano de nosotros meros muñecos en sus manos .
Ella era una actriz por instinto, y le resultaba más fácilmente y naturalmente a ella fingir una emoción que sentir una, pues ella misma era incapaz de un real sentimiento profundo de cualquier tipo, excepto tanto como ella deseaba siempre disfrutar la más alta medida de confort posible para sí misma . Ella no podía comprender la absoluta devoción con que yo la adoraba, el celo apasionado Que yo suprimía al verla otorgar sus caricias aún sobre un pequeño pájaro, para que yo no sufriera el robo de aún el más pequeño amor que deseaba fuese todo para mí.
Ella nunca adivinó cuanta hambre tenía de sus besos, cómo temblaba y cómo mi corazón se calentaba con la emoción más salvaje a cada toque de su suave mano . A través de cuantas largas noches me había quedado despierto, incapaz de dormir por razón de la fiebre de pensamientos que ardían como fuego en mi cerebro, mirándola mientras permanecía serenamente dormida en mis brazos, notando cada rasgo de su rostro, aún la sombra de expresión, y preguntándome qué soñaba ella, anhelando con apasionada vehemencia conocer sus pensamientos, y que sus sueños fueran de mí y de mi amor.Yo habría dado tanto por leer sus pensamientos, y saber qué parte tenía yo en las emociones de su alma . Pero aunque ella pudiera leer mis pensamientos, los suyos eran un libro sellado para mí, que yo no podría nunca, con todos mis poderes de adivinación, leer una línea .
Yo pienso que hubo veces cuando mi vehemencia la desconcertaba y cansaba . Yo exigí tanto que ella se puso al final algo cansada de las interminables demandas que yo hacía sobre su amor. Sus pequeños pedazos de actuación fueron hechos indiferentemente, y en mi desencanto y celo suspicaz yo la reprocharía con frialdad e indiferencia, hasta que sus grandes y bellos ojos me mirase en lánguido asombro . Ella era muy feliz, porqué no habría de serlo? ella preguntaría, y entonces ella despertaría para conceder sobre mi la codiciada caricia, que por un momento removía la nube de mi frente, la sospecha que ella era indiferente a mí de mi corazón .
Yo no pienso si es jamás posible para naturalezas como la mía ser perfectamente feliz sobre la Tierra, donde las nubes de lo incierto, las desilusiones y desencantos que son inseparables de todas las cosas terrenales, perpetuamente se permite el lujo de la comida por los celos y sospechas, y donde el hambre del corazón raras veces encuentra completa satisfacción . Pero a pesar de muchos inconvenientes yo pienso que durante los primeros años de mi unión con Zuleica yo gusté una medida llena de felicidad como nunca cayó al lote de la humanidad ; y ciertamente había sabido que los años que siguieron fueran a traer para mí Yo habría valorado la comparativa felicidad de ese tiempo aún más grandemente que lo que hice.
CAPÍTULO XVII
EL HIJO DE ARTEMISIA
Yo había estado casado un poco más de tres años, y aunque ningún niño me había sido dado para coronar mis esperanzas yo estaba tan profundamente enamorado de Zuleica como para sentir que esto fuese una gran desilusión, cariñosamente como yo amaba a los niños y grandemente como yo hubiese deseado tener un niño mío.
Mi fama como médico se había esparcido por muchas millas alrededor de Herat, y Yo fui buscado por los más altos oficiales de la Corte del Príncipe Afgano . No me sorprendí demasiado, por lo tanto, al recibir una orden de presentarme en el Palacio, un joven pariente del Ameer estaba sufriendo violentas convulsiones que nadie era capaz de aliviar . El Gran Visir, que era uno de mis pacientes, habiendo mencionado mi nombre al Príncipe, yo fui buscado con toda la prisa .
Al ingresar en la cámara donde el sufriente yacía, encontré que este era un hombre joven de cerca mi propia edad, guapo pero de parecido algo afeminado, y evidentemente débil de voluntad . Un vistazo hacia él me mostró que este no era un caso común de epilepsia, sino que el infortunado Príncipe era la víctima de una forma de Posesión Demoníaca, que es mucho más común que lo que se supone usualmente . A mi vista clarividente pareció como si un espíritu negro de un bajo tipo estaba haciendo esfuerzos frecuentes y violentos para echar al correcto poseedor del cuerpo del hombre joven, y entrar él mismo dentro de esa cubierta, mucho como un hombre puede tirar fuertemente de la capa de otro de sus espaldas a pesar de sus esfuerzos por resistir. Las temerosas contorsiones del Príncipe eran causadas por la resistencia de su espíritu a medias consciente contra quien sería su despojador .
Apresuradamente emitiendo algunas palabras que yo había aprendido de Jelal-ud-din, y que sabía poseían un poderoso efecto sobre espíritus de esta clase, yo avancé lentamente hacia el Príncipe, manteniendo mis ojos firmemente fijos sobre el oscuro ser luchando con él, y arrojando todos los poderes de mi voluntad y mi determinación para hacerle liberar al joven.
El oscuro ser se agachó frente mío, profiriendo temerosos aullidos de rabia, que, debido a la proximidad de la relación entre ellos parecían venir del infortunado joven. Cuando puse mi mano sobre él, sin embargo, él se volvió súbitamente silencioso, sus miembros relajados y él cayó desmayado como un muerto sobre el piso, mientras el oscuro espíritu parecía reptar como una serpiente a lo largo del piso, retorciendo su cuerpo lejos como un reptil.Cuando este se retiró dio vuelta su cabeza y me miró, pareciendo escupir su cólera como veneno sobre mi, y mostrando a mis ojos asombrados el rostro de un esclavo negro . El rostro y la acción eran tan exactamente como aquellas de la visión que me mostró el espejo de Jelal-ud-din, que por casi un instante yo había casi olvidado al pobre paciente, hasta que la voz del Ameer me hizo recordar el lugar donde estaba.
Unos pocos simples remedios pronto restauraron al joven hombre a sus sentidos, y aunque terriblemente exhausto él pronto comenzó a recuperar su fuerza.
En respuesta a mis preguntas, Se me dijo que él había estado sujeto a estos ataques por algunos años, y bajo su influencia exhibió síntomas que habían alarmado y perturbado a su familia tanto que ellos temían por su razón sino por su vida, desde que los últimos pocos ataques lo habían reducido a una condición tan terrible de agotamiento que se había temido que cada convulsión provocaba una lucha a muerte.
Yo fui altamente apreciado por mi exitoso tratamiento, despedido con un muy rico presente, y se me pidió visitar a mi paciente de nuevo el día siguiente. Mi amigo el Visir me aseguró, a medida que me conducía fuera del cuarto, que mi fortuna estaba hecha, desde que el joven Príncipe a quien había aliviado no era nada menos que el único legítimo hijo del Rey de Persia.
Al visitar a mi ilustre paciente la mañana siguiente lo encontré bastante recuperado, y contrario a su experiencia tras anteriores ataques, muy poco de lo peor por el presente, y yo fui de nuevo altamente cumplimentado por mi habilidad.
Por una semana yo continué mis visitas diarias, y luego me buscaron una vez más rápido porque el Príncipe de Persia había sufrido de nuevo una de esas extrañas y (a esos alrededor de él ) inenarrables movimientos convulsivos, aunque en esta ocasión la convulsión fue mucho menos violenta.
Como antes, encontré que la causa era la cercana proximidad del espíritu negro, quien aunque la influencia de mi fuerte voluntad interponía una barrera entre él y el Príncipe que le impedía tocarlo de nuevo, era todavía capaz de aproximarse bastante para ejercer una considerable influencia sobre él.
Desde que mi primer encuentro con este oscuro ser Yo había estudiado uno en los valiosos manuscritos de Jelal-ud-din, y era por lo tanto más capaz para tratar con el espíritu obsesionante, a quien rápidamente hice desaparecer en una forma muy expeditiva, sin arrojar al paciente en un estado de inconsciencia .Yo fui ahora invitado por el Príncipe para entrar a su servicio, y añadirme yo mismo permanentemente a su séquito, ya sea como médico o en cualquier otra capacidad Que pudiera preferir .
"Seguramente," dijo el joven Príncipe, "tú no has pasado todos tus días como un estudiante de profundos misterios . Pienso que tú tienes más el porte y apariencia de un soldado que un seguidor de aquella arte de curar que parece más apropiada al cabello gris y a la sangre lenta. Tus ojos, mi amigo, yo observé que brillaron cuando tú contemplaste los guerreros que desfilaron delante nuestro el otro día, y yo observé que tú montaste tu corcel como uno que ha aprendido a mantenerse sentado en la silla de montar bajo todas las dificultades."
La sangre subió a mi mejilla, y los recuerdos de la vida libre y salvaje de las montañas despertó en mi mente a medida que escuchaba su discurso, y me incliné ante el Príncipe, cuando respondí orgullosamente, " Han habido muchas cosas en aún mi corta vida, Muy Gracioso Señor, y pienso que yo podría manejar una espada y lanza en una manera que no deshonraría a ningún soldado de su Majestad .
"Tú entonces cuidarías de seguir mi fortuna, no solamente como mi médico de confianza, sino como uno de mis hombres de lucha? Si es así tú solamente tienes que expresar tu deseo y yo te lo concederé, pues en verdad yo siento que te debo mi vida y mi razón a tu habilidad, y yo me sentiría contento de recompensarte como un Príncipe haría."
Por un momento estuve tan contento con el prospecto de una vida activa y la oportunidad de ganar distinción sobre el campo de batalla, que yo estaba por aceptar la oferta del Príncipe. Pero pensé en mi esposa, y de cómo iba a dejarla . Cómo habría de dejarla enteramente por un tiempo ; y mi amor y mis celosos temores probaron ser más fuertes aún que mi ambición . Con una profunda inclinación, expresé enseguida mi sentido del honor que el Príncipe deseaba conceder sobre mi, y de mi profunda obligación hacia él, yo respondí, "Señor, es con la profunda reluctancia que yo dudo en aceptar el honor propuesto para mí .
No hay carrera que yo desee más que la de las armas . Pero yo tengo lazos que me atan más fuertemente que la ambición, y, si su muy Graciosa Alteza perdonara la aparente indiferencia al favor ofrecido para mí, Yo elegiría más bien continuar en mi presente carrera, desde que al seguir a su Majestad a través de la presente campaña Yo debería dejar esta ciudad de Herat."El Príncipe frunció el entrecejo, y pareció grandemente molestado por mi respuesta . Los Príncipes no desean hallar sus favores tan fríamente recibidos, y él respondió secamente, "Es suficiente, Señor Médico puedes retirarte de nuestra presencia. "
"Oh, Ahrinziman," dijo mi amigo el Visir, en una baja voz, cuando dejamos la cámara de audiencias, "verdaderamente tú has nacido bajo una estrella desafortunada, desde que no te has aprovechado del favor del Príncipe que había mostrado sobre ti. ¿Quien, o qué, es esta maravillosa atracción que te mantiene en Herat, cuando la fortuna te señala el camino a Persia?"
"Es mi esposa," dije, sin cuidarme . "No podría llevarla conmigo a lo largo de las marchas forzadas del Ejército Persa, cuando ellos van a sofocar las revueltas en esta distante provincia, y No deseo dejarla detrás mío."
"Tu esposa," dijo él, riendo, "si eso es todo no es imposible que tú puedas seguir al Príncipe de Persia aún. Seguramente tú podrías hacer arreglos por su seguridad y reclusión de alguna manera?"
"Yo no lo sabía," contesté tiesamente . "Pero ya le he dado mi respuesta al Príncipe, y he sido despedido de él. El asunto por lo tanto está terminado ."
El Visir rió de nuevo, y sus ojos centellearon suavemente cuando dijo, "Ve, Ahrinziman, dile a tu esposa del ofrecimiento que tú has rechazado, y ver si ella encomendará tu devoción a ella."
Como habíamos alcanzado ahora la puerta exterior Dejé al Visir sin otras consideraciones, y mientras me apuraba en regresar a mi casa yo resolví decir a Zuleica y ver si ella estaba verdaderamente complacida al pensar que yo no iba a dejarla . Las palabras del Visir habían despertado una sospecha molesta que dormitaba a medias en mi mente, y Yo no estaba muy seguro de que Zuleica me diera las gracias por rehusar la oferta del Príncipe que yo sentía que merecía.
Y el Visir estaba en lo correcto. Ella me escuchó con una mezcla de sorpresa y placer hasta que le dije cómo había rehusado el favor propuesto y elegido permanecer en Herat, y entonces ella expresó su descontento en términos no medidos, reprochándome que no tenía ambición, ningún deseo de elevarme en la vida y tomar una posición que pudiera elevarla a ella como a mí mismo.
"Un hombre instruido está muy bien en su camino, sin duda," añadió ella, "pero la práctica de curar nunca te elevará a la posición en el estado en el cual tú, como un guerrero distinguido por el favor de un Príncipe, podría obtener . Tú me has dicho con frecuencia que en tus primeros días la práctica de las armas te resultaba familiar . Por qué entonces tú no has aprovechado de tan buena oportunidad de adoptar la guerra como tu profesión, especialmente cuando haciéndolo así tú podrías todavía practicar tu arte de curar sobre la persona del Príncipe, y tales de tus camaradas cuando tuvieran la mala suerte de ser heridos."Yo me sentí muy ofendido ante este discurso que yo desdeñé explicarle mi real razón, pues yo pensé que ella mostró poca ansiedad acerca de mi seguridad personal, y que estaba algo ávida enviarme lejos de ella. Yo estaba dejando el cuarto en ardiente enojo cuando ella me llamó de vuelta, diciendo, "Vuelve aquí, Ahrinziman, tú eres tan impetuoso y tan rápido de temperamento que yo veo que tú estás ofendido por mi franco hablar, y piensas que yo soy descuidada de tu vida . Pero no es así . Pues yo estimo que tú tengas una vida confortable, y no temo que aún en batalla algún daño pudiera llegarte.
“Es más," ella añadió, tocando mis mejillas y acariciándome con la punta de sus dedos, para que yo retorne a su lado, " yo estoy tan orgullosa de ti, y tan segura que tú solamente necesitas una oportunidad con el objeto de volverte tan grande como tú te lo mereces, Yo no habría dudado en hacerte aceptar una oportunidad como esta, que la fortuna te ha enviado seguramente en tu camino con el objeto de ayudarte a esa posición en la vida a la cual yo tengo mucha certeza que te pertenece por derecho de nacimiento."
Ella había tocado ahora sobre un tema acerca del cual yo estaba algo herido, pues sentí muy agudamente el misterio que rodeaba mi nacimiento y parentesco, y Yo habría dado mucho por saber a quien yo debía este derecho. Mi orgullo y mi ambición me causaron siempre caer en la creencia que yo podría ser el hijo del hombre que me había dado la cadena y hablado esas extrañas palabras de afecto hacia mí . Yo estaba seguro que él era una persona de distinción, pero yo no sabía dónde buscar por él. Ni estaba yo seguro que él me diera una bienvenida, pues él nunca había venido a verme excepto una vez . Yo había contado a Zuleica una gran parte de mi historia, solamente suprimiendo tales partes como yo pensé que era más seguro abstenerme de confiar a nadie . Ella era muy discreta, y capaz más allá de la mayoría de su sexo de mantener su propio consejo y otros secretos, y ella había pronto obtenido de mí todo lo que concernía a mi huida desde el Templo y la muerte de Jelal-ud-din. Que yo había practicado las artes de la magia ella lo sabía, aunque no que mi instructor en ellas estaba muerto, y ella había oído de mi vida en las montañas cuando era un niño, y de mi unión con los ladrones de las montañas por un tiempo .
Ambiciosa ella misma, ella había alimentado la llama de mi ambición, y me animó en la creencia de que algún día yo alcanzaría una posición digna de lo que ella decía ser mi distinguido parentesco . Y al aludir así a mi nacimiento y mis ambiciones ella sabía que estaba avanzando en el más fuerte posible argumento en favor de aceptar el ofrecimiento del Príncipe de Persia."Tú no tienes necesidad de urgirme en considerar de nuevo la oportunidad que he perdido, Zuleica, pues yo la hubiera aceptado enseguida si no hubiera sido por el pensamiento de abandonarte . Ahora es muy tarde . Yo lo he declinado, y yo no seré llamado de nuevo para su renovación. Yo no me cuido de solicitar el favor de ningún hombre, sea él Príncipe o Rey."
“No, pero él puede ofrecértelo de nuevo, y si así es deberías aceptarlo, y cuando tú retornes de una conquista victoriosa yo te recompensaré de la manera que tú más desees, y te mostraré cuan orgullosa es Zuleica de su amado."
Ella me miró con tanta dulzura en sus ojos negros, y me tocó tan amorosamente, que mis oscuras sospechas fueron disipadas, y la abracé en mi gozo y la besé apasionadamente.
Así fue cambiada mi carrera ; pues, pues Zuleica pensaba, el Príncipe estaba tan ansioso de tenerme con él para dar la idea ligeramente, y aperturas fueron hechas a mí a través del Visir, que yo acepté ahora con un sentimiento mixto de placer y reluctancia, de satisfacción y presagio de algún mal futuro.
Mis presentimientos no se cumplieron sin embargo muy rápidamente.
Zuleica fue a vivir bajo el cuidado de su tío durante mi ausencia, y cuando el tiempo de nuestra partida llegó mostró la cantidad de emoción que se esperaba en una ocasión similar. Ella tal vez sobreactuó un poco su parte, pero lo hizo muy graciosamente, sin desfigurar por ningún medio su encantador semblante con un exceso de lágrimas, aún haciendo las apropiadas expresiones de sus sentimientos en palabras para cualquiera de ellos que pudiera ser, y la dejé asegurando su fidelidad hacia mí. Yo no sospechaba, sin embargo, que mi esposa había sido vista por el Príncipe de Persia, y que era solamente su sentido de la gratitud que él me debía que le impedía de tratar de hacerla suya. El Visir, habiendo repetido al Príncipe mis comentarios acerca de mi atadura a mi esposa, él había concebido un deseo de ver a la dama, y juzgar por él mismo del poder de sus encantos . Sobornando algunos de mis sirvientes, el Visir había contribuido a que el Príncipe se ocultara en mi jardín, y mirara a Zuleica cuando ella caminaba allí sola y sin velos.
Zuleica supuestamente era ignorante de este pequeño plan, pero en verdad ella había sido cuidadosamente informada por una de sus doncellas, y fue por su connivencia que se llevó a cabo, la idea que el Príncipe deseaba verla secretamente habiendo inflamado su imaginación e inflado su vanidad.
La expedición a la que se me añadió era una enviada a apaciguar una revuelta en una de las provincias menores dependientes, y el Príncipe había recibido la orden de su padre tanto para removerlo de la Corte como para enfrentarlo a una oportunidad de distinción. Yo pronto aprendí de aquellos alrededor del Príncipe que él y su padre no estaban siempre en los mejores términos, desde que el Príncipe estaba aliado con su madre, entre quien y el Rey había existido una marcada frialdad, casi aumentando a veces a una abierta enemistad, por muchos años . El Emir de Afganistán , siendo un pariente de la Reina Artemisia, había permitido a la Reina y su hijo retirarse más de una vez a su corte, dejando al Rey de Persia por períodos considerables, y la Reina Artemisia era más que sospechada de estar en constantes, aunque hasta entonces infructuosos, complots para destronar su marido y poner a su hijo sobre el trono .
El Príncipe Selim mismo, era, como yo había visto al principio, algo débil de voluntad y fácilmente dominada por aquellos alrededor de él, y la fuerte voluntad de su madre lo mantenía en constante sometimiento a sus deseos ; esto era como un fuerte, aún apasionada, adhesión entre ellos, mientras hacia el Rey el hijo sentía una indiferencia y casi disgusto, nacido sin duda del sentimiento dividido entre sus padres .
Para mí el joven Príncipe pronto mostró una fuerte disposición de estar cerca mío, parcialmente debido a la influencia que yo había ganado sobre él con objeto de protegerlo, y parcialmente a un sentimiento que yo tenía que ser contado completamente como su seguidor fiel, como en verdad yo lo era en ese tiempo.
Nosotros experimentamos algunas luchas difíciles y por ningún medio fue una tarea sencilla el suprimir la revuelta, y una vez ocupado en las realidades del estado de guerra encontré poco tiempo para pensar en asuntos domésticos .
El movimiento y bullicio de un campamento congeniaba mucho para mí, y sentía placer en servir con las altamente entrenadas tropas regulares muy superior a la lucha en una promiscua turba con una tribu montañés insubordinada donde cada hombre pensaba de sí mismo que era bueno para ser líder, y había poca o ninguna disciplina que prevaleciera.
Todos mis instintos de una naturaleza guerrera revivieron . Yo aprendí las diversas artes de la estrategia del experimentado General que servía nominalmente bajo el Príncipe, pero quien era en verdad nuestro real líder ; y como yo estaba en un alto favor con el Príncipe Selim yo fui adelantado rápidamente de un puesto de honor a otro, aquellos que envidiaban mi éxito juzgaron bien fingir una amistad hacia mí si ellos no siempre la sentían.
Mi conocimiento y habilidad como médico me hicieron aún de más importancia, no solo al Príncipe, sino a mis camaradas, y por un tiempo considerable pareció justificar la creencia de Zuleica de que yo gozaría de una encantadora vida, pues yo había escapado de cualquier herida seria.
Al final, sin embargo, Tuve la desgracia de recibir un peligroso corte de una lanza, y yo caí sobre el suelo algunos de los caballos de mis camaradas fueron conducidos en una ola de batalla sobre mí donde yo yacía, y yo fui todavía más dañado por sus cascos, de modo que la lucha, siendo al final ganada por nuestro lado y el enemigo batido en retirada, Yo fui levantado escasamente vivo y llevado a mi tienda, donde yo permanecí por muchas semanas en extremo peligro.
Al final empecé a recuperarme, y el asedio de la ciudad que habíamos atacado siendo por esta vez terminado, se me permitió levantarme para retornar a mi propio hogar en la ciudad de Herat para descansar y recuperar mi fuerza.
Mi recepción por Zuleica fue todo lo que yo podía desear, y más que me pagó por la separación y sufrimiento, mientras yo no podía sino preguntarme cómo yo había estado tanto tiempo contento para llevar una quieta vida estudiosa en aquella embotada ciudad montañesa.
CAPÍTULO XVIIIMI PRISIONERO
A mi retorno al ejército encontré que todo estaba en un estado de bullicio y confusión a consecuencia de las noticias que habían sido recién recibidas de la súbita e inesperada muerte del Rey de Persia, y la consiguiente necesidad para el inmediato retorno de su hijo. El Príncipe, o, como podía llamarlo yo ahora, el Rey, estaba a punto de partir para regresar a la ciudad y palacio donde su padre había muerto, y yo, como se suponía, esperaba acompañarlo.
Estábamos a dos días de viaje de la ciudad, y fuimos a descansar por la noche, cuando llegó un mensajero con una carta de la Reina Artemisia para su hijo, quien luego de leerla me convocó a su presencia, y dirigiéndose a mí me dijo :
"Ahrinziman, tú eres En cuya fidelidad confío hacia mí. Entre todos alrededor mío tú eres el único en quien yo confiaría más prontamente como siendo verdaderamente leal a mis intereses, y por lo tanto es que deseo enviarte para recibir el encargo de un prisionero que ha sido hallado conspirando ya contra mí, y a quien mi madre ha encontrado bueno arrestar y enviar a la fortaleza . Pero como él es un hombre que tuvo gran poder bajo mi padre, y era muy popular entre los soldados, sería desaconsejable encargarle esto a cualquiera de quienes han sido sus amigos en el pasado, y deseo, entonces, enviarte con una tropa de jinetes para conducirlo a la fortaleza, donde tú te encargarás de él sobre el Gobernador, quien ya ha recibido instrucciones sobre como tratar con su prisionero. Tú comenzarás de inmediato, y el mensajero que trajo esta carta te conducirá a donde el prisionero aguarda ahora tu llegada. Tú luego te unirás conmigo en Persagarda ."
Yo me incliné profundamente ante el Rey, y habiendo besado la mano que él me extendió en muestra de mi fidelidad, yo salí para hacer mis preparaciones.
Una rápida cabalgata de unas pocas horas nos llevó donde una compañía de soldados que estaban acampados con su prisionero esperándonos, y yo asumí el mando, enviando al oficial y sus soldados de regreso a la ciudad por orden del Rey.
Ya era de noche cuando hice eso, y como el prisionero estaba muy embozado por una gran capa no tomé mucha noticia de su apariencia en ese momento. Escasamente habían partido los otros soldados cuando un mensaje fue traído a mí para preguntarme si otorgaría a mi prisionero el favor de una entrevista de pocos minutos. De conformidad yo fui a la tienda en que él estaba confinado, y levanté la cortina de la puerta para entrar.
Entonces el prisionero, un hombre poderoso que estaba encadenado pesadamente, se levantó y avanzó hacia mí y yo vi su rostro por primera vez, y emití una exclamación de sorpresa, pues yo lo reconocí de inmediato como el hombre que me había llevado a la choza del pastor cuando yo era un niño, el hombre sobre todos los otros más capaz de resolver para mí el misterio de mi nacimiento.
"Tú estás sorprendido," dijo él fríamente, "de la misma manera como lo estoy yo cuando te vi ahora. Yo busqué por ti porque es un asunto de mucha importancia que yo tenía que confiar a tus oídos, y también debido a que yo pienso que cuando tú hayas escuchado mi narración tú sentirás que al menos no será tu mano la que me conduzca a una cautividad que yo sabía muy bien que terminará solamente con mi muerte . La Reina Artemisia y yo somos muy viejos y también enemigos mortales para que ella me perdone ahora, cuando el destino me ha enviado en sus manos. Yo te vi cuando tú llegaste, y aunque tú has cambiado algo desde que tú eras un niño, tú mantienes mucho de su imagen, tanto en rasgos como en gestos, a tu padre como para que nadie dude que tú eres en verdad su hijo."
"Tú hablas de mi padre. Te lo ruego dime quien era él, pues por mucho tiempo he deseado saber de quien provengo yo"
"Tú nunca has adivinado de quien eres hijo?"
"No, excepto que yo creía serlo del hombre que vino contigo para verme cuando yo era un niño. Él fue quien me dio esta cadena," dije, extrayéndola para mostrársela, "debe haber sido mi padre. Pero si fue así porqué él mostró tan poco cuidado de mí? Por qué vino sólo una vez a ver a su hijo?"
"Nunca adivinaste siquiera quién era ese hombre, ni porqué él de todos los hombres no se atrevió a reconocer a su hijo favorito? Entonces debo decírtelo, Ahrinziman, que tu padre fue este Rey de Persia quien murió tan recientemente, y si tú me concedes el tiempo yo te contaré su historia y la tuya propia, y tú juzgarás si la parte del Príncipe es una siempre a ser envidiada ."
Él entonces me contó la historia de mis padres, y del asesinato de mi pobre madre, mucho como está relatado en el Prólogo a esta historia de mi vida, y continuó diciendo :"Fue imposible encontrar alguna prueba de la participación de la Reina Artemisia en la muerte de tu madre, pero el Rey tenía muy pocas dudas en su propia mente en cuanto a la mano que le había provocado este terrible golpe, y cuando la Reina se reunió con él cuando él fue a sus propias habitaciones del lecho de muerte de su amada Cyntia, él se encogió ante el toque acariciador con el que ella buscaba darle la bienvenida a su regreso, y le disimuló sus propios sentimientos, como si alguna cosa aborrecible le hubiera tocado, pues a su vista sus manos parecían teñidas de rojo en la sangre de su fallecida Cyntia.
"Su expresión y su gesto fueron bastante para la Reina. Ella se retiró orgullosamente y se fue lejos, y desde esa hora no hubo nada sino una tenuemente velada enemistad entre ellos. Ella no podía esperar más volver a ganar su amor, y la dignidad de su posición le impidió reñir abiertamente con su marido, pero ella pudo y lo hizo amargar su vida con secretas intrigas contra él que ella alentó, y ella fue capaz de desviar el cariño de su hijo legítimo, y hacer que su hijo se aliara con ella en todas las ocasiones.
"En cuanto al hijo de Cyntia, todos los pensamientos del Rey estaban dirigidos a encontrar algún asilo seguro donde la Reina Artemisia nunca pudiera descubrirlo, y fue por lo tanto considerado por todos como que el niño estaba muerto, mientras en verdad yo me había encargado de ti mismo, como ustedes saben, dejándote a ese digno pastor cuya esposa te había alimentado unos pocos años antes. El Rey mismo no pudo sostener por un tiempo el pensamiento de verte, al revivir tan penosamente el terrible dolor por la pérdida de tu madre, sin tener que esforzarse por ganar el olvido. No fue hasta que yo le dije de tus visiones, y cómo tú habías visto seguramente su espíritu, que él deseó ver a su hijo . Cuando él te dejó fue con la completa intención de arreglar algún plan con que él pudiera traerte a vivir con él, sin exponerte al destino fatal como el que sufrió tu madre . Pero él fue súbitamente llamado a Egipto por una insurrección allí, y consideramos mejor para ti enviarte al Templo, desde que este podría al menos proporcionarte un asilo seguro .
"Había sido el pensamiento de tu padre entrenarte en la profesión de las armas, y mantenerte cerca de él mismo, pero cuando las dificultades de todo tipo comenzaron a reunirse densamente alrededor de él , él tuvo otro pensamiento, y decidió dejarte seguir tu deseo de volverte un Profeta del Templo.
Él tenía una esperanza de que por eso él podría verte mucho todavía, mientras lo sagrado de tu oficio te daría la más fuerte posible protección contra cualquier complot de la Reina, aunque ella supiera de tu existencia . Es más tu padre pensó que la muerte de su amada Cyntia fue un castigo sobre él por haber tomado para sí uno quien hubiese sido dedicado a las cosas sagradas, y él pensó apaciguar a la Deidad ofendida dando al servicio del Templo su único hijo . Tu propio deseo pareció señalar aún más fuertemente a esto siendo el recto curso a seguir."Nosotros salimos de Persia por algunos años, y cuando al final retornamos, el primer cuidado del Rey fue enviarme al Templo de Amurath, donde él había hecho que te enviasen, para que yo pudiera preguntar por tu bienestar . Allí yo supe que tú habías golpeado a uno de los Altos Sacerdotes y huido . Se hicieron investigaciones por ti y tu rastro fue trazado hasta la tienda de un pastor, donde tú habías dado dos eslabones de una cadena de oro (que yo bien sabía que te había sido dada por el Rey ) para alimentos y ropas . Tú fuiste seguido en tu huida a un precipicio, sobre el cual se creyó que tú habías caído, desde que aquellos que te perseguían contemplaron tus blancas ropas, y, como parecía, tú mismo, yaciendo sobre las rocas .
Fue imposible recobrar tu cuerpo, así que los intentos de hacerlo tuvieron que ser abandonados, y los Sacerdotes, creyendo que la venganza de los Dioses te había alcanzado, olvidaron hacer mayor búsqueda.
"El Rey y yo te lamentamos como si estuvieras muerto, hasta que unas pocas semanas antes de la muerte de tu padre, cuando un extraño rumor nos llegó concerniente a uno llamado Ahrinziman, quien estaba a la asistencia del Príncipe de Persia, y que había mostrado gran habilidad médica, pensándose también que ejecutó muchas de sus curas con la ayuda de ciertos dones de adivinación que él poseía .
"Nosotros habíamos oído de la maravillosa cura efectuada sobre el Príncipe Selim por ti, pero tu nombre no estaba mencionado aún hasta que uno vino del campo que te conocía bien, y su descripción de ti, y del nombre bajo el cual tú eras conocido, lo que causó a tu padre la más grande agitación. Él decidió llamar a su hijo inmediatamente, con el objeto que tú pudieras acompañarlo . Luego él supo que tú habías dejado el campo y retornado a tu hogar por una estación, y había sido arreglado que yo te buscara, cuando el Rey fue asaltado por su súbita y fatal enfermedad : una enfermedad de cuya causa, pienso, Yo no podría encontrar otra explicación que aquella que dieron los hombres eruditos alrededor del paciente."
Al Zulid se detuvo, sobrepasado por su emoción, y luego continuó : "Poco antes de su muerte tu padre, quien llamó repetidamente sobre el nombre de su hijo perdido, envió por mí y por un escriba, y en mi presencia y aquella del Visir dictó un decreto por el cual dejaba el Reino a ti, su hijo Ahrinziman, si se probaba que tú estabas vivo todavía . Pues él creía que pasárselo al Príncipe de Persia sería equivalente a dejárselo a la Reina, desde que su hijo está enteramente bajo su influencia y gobierno, y El Jazid no consideró bueno para Persia que la Reina Artemisia reinara en efecto sobre este a través de su hijo . En el caso de que yo encontrara que tú estabas realmente muerto, el Reino sería dejado al tercer hijo, quien como tú mismo era su ilegítimo vástago. Al hijo de Artemisia tu padre dejó riqueza suficiente para todas sus necesidades, aún en la más principesca escala. Él le dejó uno de sus principales Palacios y muchos tesoros, pero el gobierno de su Reinado él deseaba que pasara a otras manos que aquellas de Artemisia y su hijo .
"A la vista de ti, Ahrinziman, él siempre lamentaba, y cuando él escuchó de los grandes poderes militares que tú habías desplegado, y de tu popularidad con el ejército, él sintió que tú eras verdaderamente su hijo, entonces eso solo estaría justificando la opinión que él se había formado de tu carácter de una entrevista que él tuvo contigo, y que tú serías un sucesor para él mismo bajo quien Persia incrementaría en su grandeza .
"En cuanto a él mismo, Ahrinziman, él siempre obró como uno de cuya vida había huido el entusiasmo, y cuyo corazón estaba siempre presa de un dolor permanente, que tenía cavada en sus raíces la semilla de la ambición, y hacía como frutos del mar muerto todos los triunfos, todas las conquistas, que él obtenía. Así la promesa con que su reino empezó nunca se cumplió, y él adquirió un carácter de debilidad que era debido mas bien a una apática indiferencia que a las luchas por el poder de aquellos alrededor de él ."
Cuando yo miraba a Ben Al Zulid sentí que él había hablado la verdad, y no requería mucho conocimiento de la humanidad para convencerme que la naturaleza del hombre frente mío era esencialmente una de honestidad. Si aún la gratitud hacia él por su cuidado de mi niñez no me influenció, Yo sentía todavía una reluctancia a depositarlo en cautividad, y yo estaba grandemente agitado, no solo por lo que él me había contado de mis padres, sino por la extraña oportunidad que lo había puesto en mi poder. Mi deber al Rey que me lo había confiado era clara, pero yo debía algún deber a este hombre también? Podría yo conducirlo a un destino cierto de cautividad y muerte?
Mientras yo lo consideraba, Al Zulid habló de nuevo. "Deseas tú, " dijo él, "saber dónde está este decreto del cual hablo? Mira que está en las manos del gran Visir Bubadul. Él fue más afortunado que yo, y lo ha ocultado a tiempo para escapar del peligro, llevándose con él no solo el decreto, que había sido confiado a su cuidado, sino también el escriba que lo escribió . Por lo tanto la Reina Artemisia podía sospechar que este contenía asuntos adversos a sus intereses y aquellos de su hijo, pero ella no podía tener un conocimiento cierto de sus contenidos, y al arrestarme ella ha actuado bajo una vaga sospecha, sin prueba para soportarla . Y yo sabía bien que el hombre a cuya posesión ella me había consignado, no se preocuparía él mismo en buscar pruebas de mi culpa o inocencia cuando la Reina ordene mi muerte.Él es apenas una criatura de ella, solamente muy lista para cumplir sus órdenes.
"Pero en cuanto a ti, Ahrinziman, si tú deseas un Reino, tú debes buscar a Babadul rápidamente, o aún él buscará por este tercer hijo de tu padre, y lo pondrá en contra de Artemisia. Debe haber muchos que se unirán a su estandarte, o al tuyo, pues existen muchos que no desean ser gobernados por Artemisia y su hijo de poca voluntad. El orgullo de la Reina ha hecho muchos enemigos ."
“No," respondí yo, "pero yo no me atrevo a arrebatar el Reino de la garra de Selim y su madre, desde que el honor y la amistad me lo prohíben . Al Príncipe yo le debo muchos favores . Él me ha mostrado bondad y me ha distinguido con muestras de honor en un momento cuando yo estaba oscurecido, y cuando nosotros no sabíamos que hubiese ninguna relación de sangre entre nosotros . Cómo, luego, puedo avalar yo mismo este decreto, y convertirme en un traidor contra la mano que ha mostrado favores sobre mi? Cómo puedo yo empujar de su trono a quien he jurado fidelidad? El prospecto me tienta mucho. No hay altura a la que yo dudara subir, ni posición muy exaltada para la ambición de mis propios deseos. Pero yo no puedo trepar sobre un trono desbaratando los derechos de mi patrón."
Que sea así, desde que tú lo consideras de esa manera, pero al menos cerciórate de la verdad que acabo de contarte, buscando a Babadul y leyendo este decreto que hace de ti un Rey. Y recuerda, si tú no haces uso de sus poderes contra el Príncipe Selim, otro lo hará ; uno que no tendrá tus escrúpulos . Es más, de confiar en Artemisia o su hijo.
Ellos pueden cargarte con favores hasta hoy, y aún mañana, si esto sirve mejor a sus propios intereses, ellos podrían enclaustrarte en la celda de un calabozo. El lobo no es más salvaje que Artemisia ; la hiena no es más traicionera, ni el zorro más hábil que esta Reina, quien, si supiera de inmediato de quien eres hijo tú, te convertiría en pedazos en su amargo odio largo tiempo alimentado, sin importar qué sacrificio hayas hecho tú por la causa de su hijo . No confíes en ella, y no confíes en su hijo ; pues, verdaderamente, como el sol brilla en el cielo, así el odio de Artemisia hacia tu madre y tu padre arde como un fuego siempre ardiente, cuyas llamas te consumirán algún día ."
La sinceridad con la cual Al Zulid habló me impresionó a pesar de mí mismo, pues parecía como que sus palabras fueran como las palabras de alguien inspirado, y yo resolví tener precaución de esta Reina, y mantenerla alejada completamente del conocimiento de mi parentesco . Yo pensé que yo podría jugar con una espada de doble filo y aún no cortarme yo mismo, pero quien podía preveer los trucos que el destino puede jugarle, o quien puede defenderse contra los decretos del destino.
Cuando la primer impresión de mí mismo y lo que me concernía había pasado, recordé a Ben Al Zulid y su situación presente, y yo le dije, "Pero en cuanto a ti, mi amigo, no puedo ayudar a tu fortuna de algún modo? Te debo también demasiado para conducirte a tu muerte, pero cómo puedo ser yo el único en liberarte? Qué puedo hacer? Piensas tú que con mi aval, podría interceder con el Rey para liberarte?"
Al Zulid rió con una risa despreciativa cuando replicó, "Tanto como podrías tú pedir a un gato que suelte al pájaro en sus garras sería pedir a Artemisia suspender su revancha sobre mi por mi participación en el pasado. No, Yo no quiero que tú supliques por mi vida al hijo de Artemisia. Más bien yo moriría mil veces," dijo él apasionadamente, "pero si tú quisieras proporcionarme un afilado y largo cuchillo, que yo pueda ocultarlo cerca de mi persona, y montarme mañana sobre el caballo más rápido que tú tienes, y Yo haré el resto por mí mismo . Nadie sabrá que tú me has ayudado.
Tú puedes tomar toda precaución ostensible que tú puedas elegir por mi seguridad, pero si yo tengo mi largo cuchillo y un corcel veloz, el sol de mañana me verá muerto o una vez más libre. Yo soy un soldado muy viejo para ser capturado de nuevo fácilmente, y si no hubiera sido que Los soldados de Artemisia vinieron sobre mí en un momento cuando el pesar me había privado de mi sabiduría, Yo no habría sido tan prontamente apresado por ellos."
Yo dije lentamente, "Veré que el caballo que tú montarás mañana caiga cojo antes de partir. Hay un solo caballo líder con nosotros ahora, es mi propio corcel favorito .Lo valoro como la manzana de mi ojo. Nunca lo conduje en batalla para que ningún daño caiga sobre él, y yo veré que tú estés montado sobre su grupa mañana . Si fueras tú mi padre No podría hacer más por ti, pues este caballo es rápido de cascos como el más rápido caballo del desierto, y si tú cabalgas bien, y yo elijo el momento de tu fuga discretamente, no habrá jinete veloz que te de alcance.
"Comenzaremos una hora antes del amanecer. Antes que la luz se haga más brillante tú podrás haber logrado tu libertad.''
Al Zulid inclinó su cabeza, y tomando mi mano en la suya la besó, en muestra de su profunda gratitud, y entonces se conmovió por su emoción .
Cuando me di vuelta para irme Al Zulid dijo, "Ahrinziman, hijo de mi amado Maestro, si no nos encontramos sobre la Tierra de nuevo yo quisiera repetirte cuídate de Artemisia! No vayas a la Corte de su hijo .' Para ti pueden haber muchos prospectos brillantes en otra parte, aun cuando tú pienses que no debes extender tu mano para aferrar el Reino de tu padre. Si tú muestras este anillo a Babadul y le dices que Al Zulid te lo dio a ti como un gesto, él te ayudará, por el amor que él tanto como yo teníamos hacia tu padre, a prosperar tan bien como cualquier cosa que el Príncipe Salim pudiera ofrecer a toda tu ambición. Adiós . Tu caballo retornará a salvo a ti si yo escapo, pero ninguna palabra puede expresar aún mi gratitud, ningún favor que yo pueda otorgarte puede devolver este servicio que tú me has prestado."
“No, no hables de esto. Soy yo quien debe hablar de darte las gracias. Te debo mucho ya, y es sino en una pobre forma que yo veo que puedo repararte aún una parte de mi deuda," Repliqué .
Nosotros nos saludamos entonces con mucha emoción, y Salí de la tienda del prisionero a buscar algunas horas de reposo.
CAPÍTULO XIXLA REINA ARTEMISIA
Algún tiempo antes de partir yo me levanté, y bajo pretexto de examinar los caballos tomé cuidado en dejar ligeramente cojo al que Al Zulid tenía que montar, con el objeto de tener un pretexto para montarlo sobre mi propio corcel favorito, dejando un soldado con el caballo cojo en una pequeña villa cercana.
Estaba todavía oscuro cuando partimos, y como el camino iba a través de un paso montañoso fuimos obligados a cabalgar en una sola fila. Yo mismo cabalgando a la cabeza, dejando al prisionero cabalgar en el medio de la pequeña tropa de soldados . Justo cuando alcanzamos la cabecera del paso, y la ruta se amplió a través de la extensa planicie, más allá de la cual yacía otro barranco profundo, el primer golpe de luz diurna estaba apareciendo en el Este. A medida que emergíamos de las profundas sombras de las Colinas Tuve una impresión de que aquí mi prisionero intentaría hacer su arremetida por libertad, y yo de acuerdo estimulé a mi caballo y di la orden de avanzar rápidamente . Cuando comenzamos un rápido galopar yo vi al prisionero y sus guardias estaban bordeando el filo de un pequeño precipicio, cuyos lados pendientes estaban cubiertos densamente con arbustos . Yo pensé que no sería sabio mirarlo, así que comencé a conversar con el soldado que cabalgaba más cerca de mí .
Pronto hubo un grito fuerte y una lucha aguda, y yo vi a dos soldados y sus caballos caer rodando por los lados del precipicio, donde ellos fueron parcialmente atajados y su caída detenida por los arbustos . El prisionero, que se había ocupado algo en liberar sus manos, tomando ventaja de la sorpresa y confusión, montó su caballo y huyó a través de la planicie, donde en la semi oscuridad era difícil seguirle.
Por supuesto que salimos a capturarlo, pero, como yo sabía bien, mi rápido caballo pronto lo llevó más allá de la persecución, y el amistoso velo de la oscuridad nos impidió ver con seguridad dónde fue él. Él estaba, es más, bien enterado del país, y yo no lo estaba, y aunque Yo fingí la más grande ansiedad para perseguirlo, yo contribuí a confundir nuestra ruta todavía más, y tras un momento tuvimos que detener la caza.
Debatí dentro de mí ya sea Si retornaría al Rey y confesaría cuan ineficientemente había yo llevado a cabo el deber confiado a mí, o si yo debería mejor escapar. Yo decidí finalmente enfrentar la situación, y confiar que el valor de mis anteriores servicios paliaran la cólera del Rey por mi presente fracaso.La fortuna me favoreció en esta encrucijada, pues al llegar al Palacio en Persagarda , y antes que pudiera hablar del escape de mi prisionero, Yo fui encontrado por un ansioso mensajero que había sido despachado recientemente para acelerar mi retorno. El Rey había sido atacado por otro y aún peor ataque de convulsiones . Ninguno de aquellos que estaban presentes podía hacer nada, y la Reina y aquellos alrededor temían cada momento que estuviera llegando el fin del joven Rey, tan terribles eran sus forcejeos y convulsiones . Si yo hubiera perdido cien prisioneros la necesidad de mi habilidad me habría excusado de la vergüenza.
Enseguida hice lo que había hecho antes, y tuve éxito en liberar a Selim del espíritu obsesionante, pero por ningún medio fue esa una tarea fácil, y mi conversación con Al Zulid me permitió preguntarme por qué. Yo tenía pocas dudas que el oscuro espíritu era aquel del infortunado esclavo asesinado.
Yo no sabía en esta época, sin embargo, dónde estaba precisamente el pasaje secreto, ni que el Rey estaba en el mismo apartamento al que este se abría.
Cuando al final el paciente se hubo recobrado, su propia ansiedad de que yo no lo deje de nuevo fue tan grande que él me hizo las ofertas más aduladoras de todo tipo, pues mientras que él estaba molesto por el escape de Al Zulid, él no estaba dispuesto a depositar su cólera sobre alguien cuya habilidad era tan necesaria para su propia seguridad. Por mi lado me sentí casi constreñido a aceptar sus favores y permanecer con él, primero porque ni él ni yo podíamos ser responsables por esa enemistad entre nuestros padres en la cual no habíamos tomado parte, y en segundo lugar porque sin embargo mucho Podría dar y recibir de cualquier comunicación con la Reina, quien yo sabía sin duda era la asesina de mi inocente madre, y yo apenas me sentía como teniendo el derecho para abandonar al Rey al terrible destino que yo, más que cualquier otro, sabía que estaba pendiente sobre él. Yo podía ver que solamente esperaba una oportunidad para permitir al espíritu del negro obtener completa posesión de él, y yo sentí un cierto interés profesional en exhibir mi habilidad y conocimiento contra los poderes de la Oscuridad arreglados contra mí.
Yo percibí que ya no era más solamente el único espíritu oscuro obsesionante contra cuyos ataques sobre mi paciente yo tenía que cuidarme, Sino que detrás de él se había reunido una horda de malas influencias, que usaban al oscuro espíritu como su arma de activo ataque ; seres a quien Artemisia misma, en la hora cuando ella se había inclinado a vengarse y asesinar, había reunido alrededor de ella, y cuya influencia era la herencia que ella dio a su hijo.Para mí hubo un cierto placer feroz en combatir estos oscuros seres, y verlos retirarse confundidos y subyugados por la fuerza de mi propia voluntad. Esto me hacía pensar como si yo solo defendiera una fortaleza de los asaltos de muchos enemigos, y cada vez yo y no ellos, obtenía la victoria, me sentía como un comandante que ha logrado rechazar al enemigo.
Así yo tenía una doble razón para permanecer con el Rey.
La gratitud, y un cierto afecto por alguien que dependía así de mí, se añadió al deseo de liberarlo enteramente de sus oscuros e invisibles enemigos.
En la primer prisa de mi llegada Yo no había advertido a la Reina, aunque ella estaba en el cuarto de su hijo, y al hacerme cargo del paciente ella se había retirado a sus propias habitaciones, y ahora mandó decir que deseaba una audiencia conmigo, lo cual obedecí con una mezcla de curiosidad y reluctancia .
La Reina me recibió en sus propios apartamentos privados, y como ella estaba estrechamente velada no tuve oportunidad de ver su rostro .
Cuando ella me hizo un signo para aproximarme a ella yo reconocí el orgullo en la gentileza del gesto lo cual me había sido descrito. Sentí instintivamente el poder y determinación del carácter de la mujer . Como se suponía me incliné ante ella, pero lo hice con una altura igual a la suya, y el apasionado odio que bullía en mi corazón a la vista de ella, y el pensamiento del destino de mi pobre madre, hizo casi imposible para mí controlar mis emociones suficientemente para responderle con respeto. A qué atribuyó ella mis modales yo no lo supe, pero en su ansiedad acerca de su hijo, que era el único lugar suave en su dura y orgullosa naturaleza, ella no prestó mucha atención a esto, sino que comenzó a preguntarme estrechamente en cuanto a las causas de su enfermedad y los remedios que yo podría prescribir .
Yo le respondí cautelosamente y brevemente, y tuve cuidado en dejar el asunto en tanto misterio como antes, mientras yo le aseguré que en corto tiempo yo esperaba curar a su hijo .
"Si tú puedes hacer eso no habrá nada que tú pidas que no te sea otorgado . No hay altura a la cual tu ambición pueda aspirar que sea muy grande para ti poder alcanzar . Mi hijo es para mí el único verde oasis en el desierto de mi vida, y sobre quien pueda preservar ese hijo para mí Yo le concederé el equivalente al rescate de un Rey," dijo la Reina en una voz de profunda emoción .
“No, Reina Artemisia, no necesito nada que alguien pudiera sobornarme para dar mis mejores servicios al Rey," respondí yo orgullosamente, "Yo lo he hecho, y yo lo haré, todo lo que se encuentra dentro de la habilidad de un hombre mortal, aún debe ser siempre dejado a un poder superior sin desesperar de nuevo que un ataque lo asalte, pues cada vez este será con menos fuerza yo lo espero, y el intervalo será más largo entre ellos.""Yo te confío a mi hijo," dijo ella, "pero con el objeto que tú no lo dejes siquiera un día, Yo desearía que tú tuvieras tu morada dentro del Palacio . Apartamentos adecuados a tu oficio, y al rango que tú tendrás, te serán asignados, y tú traerás a tu familia a vivir aquí, y seguirte cuando el Rey llevaría su corte a alguna otra parte. Yo he dado órdenes para que todos los medios de transportar tu familia y tus tesoros hogareños estarán a tu inmediata disposición, y te ofrezco que no tardes enviar por ellos, desde que debo constreñirte a permanecer con el Rey de aquí en más . Todo lo que tú puedas desear de riqueza y tesoro está ya concedido sobre ti, y tú encontrarás que Artemisia sabe cómo proporcionar como una Reina lo haría a quines ella desea honrar."
Ella entonces se sacó un costoso anillo de su dedo y lo puso sobre mí en muestra de su favor, y aunque mi carne se erizó a su toque, como si un reptil me hubiera tocado, No pude rehusar el regalo, y tuve que ocultar mis sentimientos lo mejor que pude, desde que yo estaba resuelto a permanecer con su hijo y luchar la batalla que yo emprendí en su nombre.
CAPÍTULO XX
MI VISION EN EL ESPEJO
De conformidad con los deseos de la Reina, no menos que los míos propios, yo traje a Zuleica y todas mis posesiones a los magníficos apartamentos en el palacio que se me había sido asignado. Zuleica y su familia fueron muy gratificados por la espléndida litera y el grupo de sirvientes y soldados que fueron enviados para conducirla. Si ella hubiese sido una Princesa no hubiera sido tratada con tan grande honor, y mientras yo me sentía adulado de que toda esta aparatosidad fuese pretendida como una muestra de honor hacia mí persona, fue en alto grado debido a la admiración que el Rey había concebido por mi esposa en la ocasión cuando él la había visto en el jardín en Herat. Si yo hubiera tenido la más ligera sospecha que él la había visto, Yo me hubiera muerto mil veces antes que haberle permitido venir hacia mí, pero yo era ignorante de su secreta pasión por ella, y yo imaginé que el único pensamiento en buscar por ella era el de gratificarme.
En cuanto a Zuleica misma, ella estaba como intoxicada con la grandeza de su posición. Ella había sido siempre ambiciosa, pero sus pensamientos nunca habían volado a una altura tal como esta, y hacia mí, como el afortunado hombre que la había elevado tan alto, ella desplegó una calidez de trato que por un tiempo fue real en todos los aspectos, y yo fui levantado al séptimo cielo de beatitud por sus muchas expresiones de devoción.
Zuleica era, como ya he dicho, naturalmente reticente, y no dada a esa indulgencia en la murmuración que es la perdición de su sexo, y yo había por lo tanto, en las horas de nuestro amor y confidencia, confiado a ella mucho de mi historia . Y ahora tomé la precaución de advertirla contra permitir a la Reina Artemisia obtener algún conocimiento concerniente a mí mismo y mis antecedentes de ella, diciéndole que por muchas razones esto me afectaría, no solamente injuriosamente, sino aún causarme personal peligro si la Reina supiera más de mi vida que lo que yo había elegido decirle de mí mismo. Sentí que el propio afecto de Zuleica hacia mí, y su propio auto interés, la mantendría de ser traicionada en transmitir alguna confidencia a la Reina, tras haberla advertido así, y yo sabía que Zuleica era muy inteligente y también discreta para permitirse ella misma ser entrampada en decir lo que ella deseaba mantener secreto.
Yo estaba ansioso de obtener mas conocimiento concerniente a los mejores medios de mantener al Rey en el estado satisfactorio de salud que él había disfrutado desde que yo retorné a él, y por lo tanto recordé de los rollos que yo había enterrado en la bóveda en el jardín de Jelal-ud-din. La ciudad a un día de cabalgata de Persagarda , y yo por lo tanto resolví ir y traer conmigo algunos de ellos.Al Zulid había regresado mi caballo a mí secretamente por un mensajero que trajo noticia que él estaba en seguridad en una ciudad Griega en Asia Menor, donde encontraría una palabra de él en cualquier tiempo que deseara buscarlo.
Yo tomé conmigo una pequeña caja en la cual transportar los pergaminos, si yo fuese tan afortunado de encontrarlos sin cambios, y montado sobre mi caballo favorito Salí con un rápido paso por la ciudad donde Jelal-ud-din había habitado.
La alcancé a la caída de la noche, y encontré que la casa estaba mucho como yo la había dejado, excepto por el polvo y decaimiento que se había reunido allí en los pocos años que habían pasado . Los supersticiosos temores con los que la casa del mago era observada, junto con la misteriosa desaparición de su propietario, había servido para preservarla del pillaje, excepto como observé los amoblamientos costosos y las ricas colgaduras. Estos habían sido llevados todos lejos, pero las sustancias químicas en los jarros permanecían, y también los curiosamente preservados especímenes de animales muertos, etc., mientras la casa misma estaba intacta, y el lugar secreto oculto bajo la fuente no había sido descubierto.
El lugar era, en verdad, evitado por todos .
Como el tiempo me presionaba rápidamente tomé esos manuscritos que yo usaría, y cerré la piedra al salir de la casa.
Cuando crucé el desierto de un jardín yo pensé que escuchaba unos pasos sigilosos siguiéndome, y un sonido como de alguien suspirando . No pude ver nada, sin embargo, y concluí que debió haber sido una fantasía.
Yo entré al cuarto donde mi anterior Maestro se había sentado conmigo tan frecuentemente, y en que él había muerto, y habiendo seleccionado ciertas jarras de sustancias químicas que yo las empaqué con los manuscritos en la caja que había llevado . Yo estaba por salir, cuando recordé el espejo mágico que yo usualmente llevaba conmigo, y curioso por saber cómo habían estado aquellos a quienes dejé en Persagarda durante mi ausencia, lo saqué para mirar en su oscura superficie.
"Seguramente," pensé yo, " Veré algo en este cuarto, cuya completa atmósfera estaba saturada con nuestros estudios místicos . Seguramente si el fallecido Maestro puede devolver a su alumno de ese oscuro antro al que él fue tan involuntariamente apurado, él retornará a este cuarto donde trabajamos tanto tiempo juntos ."Escasamente habían pasado estos pensamientos a través de mi mente cuando yo vi la niebla reunirse sobre la superficie pulida del espejo, y como al pasar vi dos figuras, un hombre en una rica vestimenta de espaldas hacia mí, pero cuya altura y figura algo se parecía a la mía propia, y una mujer, cuya cabeza, cuando la vi por primera vez, descansaba sobre el hombro del hombre, mientras sus brazos estaban abrazados alrededor de su cuello, y su completa actitud era una de afectuosa inclinación . Ella levantó su cabeza y miró, no a mí, sino al hombre a quien ella acariciaba, y yo vi que su rostro era el encantador rostro de mi esposa, Zuleica. Pero no como a la que yo había visto antes, suave y tierna, y con el semblante inocente de un niño acariciado. Ella tenía una sonrisa maligna, ella dio al hombre a su lado la mirada tentadora y seductora, que yo había visto la primera vez Que había contemplado su imagen en el espejo en este cuarto, y yo me estremecí mientras veía su rostro de nuevo.
"Quien era el hombre?" Me pregunté a mí mismo, con una fría sospecha reunida en mi corazón . "Quien era este? Su figura era como la mía . Seguramente el espejo me mostró a Zuleica tal como ella me recibirá dentro de unas pocas horas . Esa sonrisa maligna no era la suya ; esta nació de la malsana atmósfera de este cuarto, que corrompió todo lo que miré en él. Zuleica nunca podría tener ese semblante! Fue un falso libelo contra ella! y aún de nuevo, quien era el hombre? Era yo mismo?"
Como en respuesta para mí, el hombre volvió su cabeza, y yo vi que el rostro no era mi rostro, sino el del Rey.
En mi furiosa cólera golpeé el espejo contra el piso, y estampé sobre este con las ruedas de hierro de mis sandalias, hasta que lo convertí en miles de pedazos, gritando que era un espejo falso y mentiroso, un timo sin valor reflector de las cosas Invisibles .
Y mientras yo estaba atacado y deliraba en mi pasión yo comencé a ver la forma de un fantasma levantarse y deslizarse a lo largo de la pared hacia mí, y el rostro cuando este se volvió hacia mí fue el rostro del muerto Jelal-ud-din mismo . No el rostro como yo lo había conocido en vida, sino como yo lo había conocido en la muerte, distorsionado y horrible.
La baja, burlona y exasperante voz del hombre muerto cayó sobre mis oídos, y su voz pareció dirigirse a mí en un feroz murmullo, ¡Espera! ¡Espera y mira si mi espejo te ha mentido! ¡Espera hasta que todas tus cálidas emociones se hayan vuelto amargura y bilis!¡Hasta que todas tus brillantes esperanzas queden como hojas marchitas alrededor tuyo !
Hasta que los más sagrados votos hacia ti hayan sido quebrados, y tu confianza traicionada ! y tu arruinada vida gritará fuerte por venganza, y en tu agonía tú llamarás a esos poderes del mal, cuya ayuda tú ahora desprecias, para ayudarte a destruir a aquellos que te han hecho daño y entonces dí si ya las visiones que Jelal-ud-din te ha mostrado son verdaderas o falsas !"
El fantasma se marchitó mientras las palabras morían lejos como un eco desmayado, y yo quedé solo en el cuarto, con los fragmentos esparcidos del espejo roto alrededor mío .
CAPÍTULO XXI
LA REUNION DE LA TORMENTA
En la tarde del día en que yo había ido a visitar la casa de Jelal-ud-din, la Reina Artemisia se sentó sola en sus habitaciones, mirando fijamente desde las ventanas sobre la ciudad que yacía más allá de las murallas del palacio, y meditando ansiosamente sobre las noticias de una formidable insurrección en medio de los asuntos de su hijo, que justo la había alcanzado. El tercer hijo desterrado del Jazid, acompañado por el anterior Visir, Babadul, y el General fugitivo, Ben Al Zulid, había entrado en Persia, y su estandarte había ya reunido a muchos a quienes disgustaba o temían a la Reina Artemisia y su hijo . Su cólera contra mí fue encendida de nuevo por estas noticias, y si no hubiera sido que ella creía mi presencia necesaria para la seguridad de su hijo ella habría ordenado mi arresto y ejecución.
"Seguramente," pensaba ella, "tenemos hombres sabios en la Corte de Persia cuyo conocimiento sea igual a la de este Extraño? El poder secreto que él detenta es sin duda debido a un arte mágico. Podría yo descubrir que hay muchos hombres instruidos en Persagarda que pudieran lanzar este hechizo tan exitosamente como Ahrinziman.
Yo buscaré a su esposa, y aprenderé de ella cuales son sus hábitos secretos, y de quien él ha cosechado este poder secreto . Se dice que este es el mismo hombre quien, como un joven desconocido, fue a lo de un mago y habitó con él hasta que ambos desaparecieron misteriosamente . Las ropas del Mago fueron encontradas yaciendo en un pequeño montón, pues se pensaba que él las había arrojado y al lado de ellas no había nada excepto un poco de polvo negro; el hombre mismo había desaparecido, ya sea que él había dejado la Tierra o tal vez transportado él mismo a otro sitio, ninguno de sus vecinos podía decirlo. aunque esta es una extraña historia, aún pienso que hay maravillosas semejanzas entre la descripción que me fue dada de las artes usadas por el desaparecido mago y el joven que fue su alumno, y aquellas que Ahrinziman practica. Si pudiera hallar dónde habitaba el maestro Mago Yo podría permitirme el lujo de prescindir de los servicios de su alumno Ahrinziman. Y yo quisiera bien humillar a este orgulloso hombre, que me trata, no como a una Reina, sino con el aire de casi un igual a mí. Él me disgusta y aún lo odio porque, además, deberíamos yo y mi hijo estar bajo obligaciones debidas a su habilidad?"Ella se levantó y se paseó de un lado a otro como una tigresa enjaulada, mientras ella pensaba de estas cosas, y de aún otra y más mortal razón que ella tenía para odiarme. Era apenas una sospecha todavía, pero cada día esta asumía la mas fuerte apariencia de una certeza en su propia mente. Había veces en las que ella fue sobresaltada por la semejanza que yo tenía en los gestos y en la fisonomía al muerto El Jazid. Esos rasgos de costumbre que son con frecuencia usados inconscientemente, y heredados de nuestros padres, eran muy marcados en mí, y otros cercanos a la Reina los habían notado . Artemisia nunca había creído en la historia de mi muerte cuando era niño, y las noticias de esta insurrección fueron aumentadas con la afirmación que Ahmed, el tercer hijo del Jazid, estaba reclamando el trono por virtud de un decreto firmado por el Rey antes de su muerte, en el cual había una mención del niño supuestamente muerto, pero se pensaba por el Jazid que estaba aún vivo. Nada más definitivo podría aprender la Reina todavía, pero esto fue suficiente para convertir sus sospechas en certezas.
"Oh, vosotros los Dioses !" gritó ella, apasionadamente ; "Oh, vosotros los Dioses ! He esperado tanto tiempo para mi completa venganza para encontrarla al fin en mis manos? Puede ser verdad que sea el hijo de aquella muchacha Griega que robó el amor de mi marido, y lanzó una quemadura sobre toda mi vida?
Él tiene la más maravillosa apariencia del Rey, aunque hay veces cuando él me mira con los ojos de ella, y yo veo de nuevo la mirada medio maravillada con la cual ella me miró antes que el temor llenara su alma, y ella huyó con terror de la daga que la mató . Miles de veces yo la veo así. Persiguiéndome como una sombra oscura : muerta siempre, desde que yo la maté; como un fantasma, desde que ella no tiene más existencia sino la de una sombra de la que no puedo liberarme ; un fantasma del que nunca puedo descansar. Y en este su hijo, pues con seguridad él es su hijo, yo veo de nuevo su rostro y el de El Jazid reflejado sobre mí . Yo podría matarlo en cualquier hora, pero que es la muerte? Una momentánea punzada, y todo está terminado ; las víctimas se han ido donde tú no puedes alcanzarlas más, mientras tú has dejado tu corazón en una lenta agonía a través de largos años de tu vida . Yo maté a la muchacha Griega en mi cólera apresurada ; antes que haber matado a El Jazid y dejarla viva, para hacerla sufrir y probar, como lo hago, toda la amargura de desdén y rechazo. El destino parecería haberme enviado a su hijo ; y el Destino me ayudará a extraer de él y de su arruinada y emponzoñada vida la sabia que puede sola aliviar la amargura de mi corazón ."Ella apretó sus dientes y colocó sus agitadas manos sobre su cabeza en su salvaje deseo, y golpeó su pecho en apasionada cólera, mientras ella pensaba sobre la agonía feroz de su despreciado amor, y la manera despectiva y despreciativa del muerto Rey hacia ella. Bien, en verdad, hubiera sido para mí y para lo mío haber prestado más atención a la advertencia que Al Zulid me había dado, para no confiar en el poder de Artemisia.
Zuleica había estado en el palacio por una semana solamente, y aún no había visto a la Reina, cuando un cortés mensaje de Artemisia la llenó con un conflicto de emociones en la cual la vanidad gratificada tenía la parte más grande. Ella se vistió apresuradamente con las ropas más vistosas que poseía, e hizo un intento por decorar las habitaciones . Ella fue luego a recibir a su Real visitante e la entrada a ellas.
Cuando la Reina hubiese sido conducida al asiento de honor que se había rápidamente arreglado para ella, Zuleica hizo una profunda reverencia de respeto, y se postró a los pies de Artemisia con una realmente maravillosa imitación de las costumbres de los asistentes de la Reina que acreditó sus poderes de mimicidad.
La Reina, que estaba muy impaciente por ver a mi esposa, ordenó a Zuleica quitarse el velo, y cuando ella se quitó el velo, con el que en un espíritu de coquetería ella había ocultado sus rasgos, la Reina emitió una exclamación de sorpresa y satisfacción, pues ella vio que Zuleica era en verdad muy bella. Su encanto juvenil había madurado en todavía más perfectos encantos desde su matrimonio. Artemisia le hizo señas para que se sentara ella misma a sus pies, y, habiendo hecho salir a las mujeres que le servían, se dirigió así a ella:
"Yo había pensado visitar antes a la esposa de alguien a quien mi hijo deseó honrar, pero las atenciones del estado son muchas, y mi tiempo ha estado completamente ocupado. En verdad debo alabar el gusto de tu esposo, pues tú, Zuleica, eres suficientemente encantadora para haber hallado favor en los ojos de cualquier hombre, aún ante el mismo Rey." Ella fijó sus ojos perspicaces sobre Zuleica cuando dijo esto, para notar que n había ninguna confusión en la mención del Nombre del Rey, pero Zuleica, ostensiblemente expresó cuan sobrecogida estaba por la condescendencia de la Reina, pero en realidad escondió el rubor por tal dicho con una mantilla sobre sus mejillas por un breve momento, inclinándose casi hasta el piso, y extendiendo sus manos en el más profundo saludo ante la Reina."Su Majestad me hace también mucho honor," dijo ella, mientras se levantaba. " yo no soy digna de estos favores que han llovido sobre mi ."
"Tú eres indudablemente una extraña a las costumbres de un Palacio, pero, aún tú tienes la manera de aquellos que no están totalmente familiarizados con la presencia de lo grande," dijo la Reina, en tonos halagadores . "De dónde vienes tú, antes que tú y tu marido vivieran en Herat?"
“No pero, su Majestad, yo no conocía ninguna ciudad salvo Herat, donde yo viví con mi tío desde mi niñez ."
"Y tu marido, es de allí también?"
"Ahrinziman ha sido un viajero, muy graciosa Reina ; quien puede decir de que sitio son que han viajado mucho?"
"Verdaderamente ; aunque él debe haber nacido en alguna parte. Donde residían sus padres?"
"Yo no lo sabía . Ahrinziman es uno de aquellos que han conocido poco del amor paternal. "
"Aún así él debe haber pasado su juventud en alguna parte para aprender las artes de curar y de la guerra en alguna escuela. Sabes tú tan poco de tu marido para no saber estas cosas concernientes a él? Si es así, tú eres un modelo de esposa para confiar, un espejo de ingeniosa discreción," dijo la Reina, de manera irritada.
De nuevo Zuleica se postró ante la Reina antes de replicar. "Ahrinziman ha estudiado en tantas escuelas que sería difícil decir a cual dar el honor de su éxito, o aún recordar donde fueron todos ellos, desde que yo soy apenas una persona sin conocimientos, y no conozco dónde estás todas esas ciudades y países de los que hablan los hombres.""Tú puedes ser no ilustrada, pero tú no eres tonta, Yo bien lo percibo, y tu discreción te hace honor," dijo Artemisia, con una muestra de indiferencia que ella estaba lejos de sentir, "pero si tú deseas elevarte en mi favor, y aquella del Rey, tú y tu marido deberían confiarnos con la historia de su pasado . Pienso que puedo hacer que el servicio de Ahrinziman permita descargar la deuda de gratitud que le debo, pero para hacer esto es necesario que yo sepa de qué país es él. Puede Persia reclamarlo como su hijo?"
"Yo siempre he pensado que él es Persa, Graciosa Reina, pero seguramente le preguntaré."
"Hazlo así, solamente sin decir que la Reina deseaba saberlo, pues yo preparo un honor para él, y no quiero hacérselo saber hasta que esté completo. Tú eres una a quien bien otorgaría la más alta posición, Zuleica, y tú debes contar siempre en la amistad de Artemisia para elevarte a ella. Yo estoy contento de haberte visto. Tú y yo debemos vernos mucho la una a la otra."
Artemisia se levantó, y llamó a sus doncellas para preparar su retorno a sus propias habitaciones, dejando a Zuleica con toda marca de favor ella podía otorgar, de modo que Zuleica estuvo encantada con su Real visitante y su cabeza se llenó con un centenar de sueños ambiciosos.
Escasamente había la Reina salido cuando otro mensajero llegó, esta vez del Rey, llevando el más hermoso ramo de rosas, en medio de cuya fragancia reposaba allí un magnífico collar de perlas, que el Rey rogaba a Zuleica aceptar como una muestra de estima de él mismo. El esclavo que lo trajo añadió misteriosamente que Zuleica bien podría darse una caminata a la puesta del sol en el jardín, y visitar la pequeña casa de verano en el extremo del lugar, usando el Presente del Rey para mostrar que ella lo había aceptado.
La luna se había levantado en el cielo de la tarde, y su luz plateaba con un lustre resplandeciente las hojas y flores alrededor del Rey y Zuleica. Inundaba con sus suaves radiaciones el bello jardín, mientras dejaba la casa de verano en la cual ellos estaban en la más completa oscuridad . Cuando los rayos de la luna cayeron sobre el collar de perlas que estaba al lado de ellos, el Rey lo tomó y lo abrochó alrededor Del encantador cuello de Zuleica, mientras él se doblaba de nuevo y aún de nuevo para dar apasionados besos sobre sus labios. Y entonces fue que ella respondió a sus cuidados aún como la contemplé en mi visión en el espejo .
CAPÍTULO XXII
ZULEICA SOSIEGA MIS TEMORES
Cabalgué hacia mi casa como si pensara que mil demonios me persiguieran, la visión que yo había visto me asaltaba a pesar de todos mis esfuerzos para desacreditarla, y volviéndome medio enfadado en mi aprehensión por la seguridad de Zuleica.
Cuando yo llegué a mi propio hogar Zuleica vino hacia mi con tan bien actuada muestra de afección y placer que yo me sentí avergonzado de mis temores. A mis ansiosas preguntas acerca de cómo había estado ella en mi ausencia, y si ella había visto alguna cosa del Rey, pues yo estaba tan celosamente infeliz que olvidé ocultar mis sentimientos, y deseaba ver si ella mostraba alguna vergüenza a la mención de su nombre, ella levantó sus finos ojos a mi rostro en lánguida sorpresa, y sin la mas ligera muestra de avergonzamiento dijo algo fríamente:
"El Rey? Qué tengo que hacer con la Rey? Tú deseas que yo lo vea?"
"Que deseo?" dije yo . "No! mil veces, No! Pero yo siento cierto temor de que su curiosidad pudiera impulsarlo a verte, y yo tuve, es más, una extraña visión en la cual tú parecías hablar con él ."
"Una visión," dijo Zuleica, desdeñosamente, "y si tú has tenido una visión, debo ser yo sospechada? No, pero tus celos te llevan muy lejos, Ahrinziman, tú estás más allá de toda razón ." y ella me volvió la espalda como si dejara el cuarto en su indignación . Pero yo la seguí, y con muchas disculpas me esforcé en hacer las paces con ella jurando que ella era un Ángel de verdad y bondad, y que yo había sido un loco celoso, cuyo amor lo había hecho, aún como sucedió, irrazonable. Y así lo hicimos, y Zuleica tomó su arpa y cantó para mí, e hizo todo lo que era posible para mostrar cuanto ella estaba contenta con mi regreso, hasta que yo me juré a mí mismo que en verdad el espejo debía haber mentido y fue bueno haberlo destruido.
Aunque Zuleica afectó no saber nada del Rey, ella me habló de La visita de Artemisia, y me asombró mucho al representar la escena completa, actuando como si fuera la Reina con un gracioso orgullo que era mitad actuación. Ella así me aseguró de la discreción que ella había mostrado al responder las preguntas de la Reina que yo tenía un poco de aprehensión cuando en unos pocos días ella fue enviada a visitar a Artemisia.
Cuando Zuleica entró en los apartamentos de la Reina ella la encontró rodeada por costosos tesoros de todo tipo: tapizados de ricas sedas, intercalado con hilo de oro, y adornados con lentejuelas con brillantes joyas ; finos velos de flotante telaraña nevada ; tejidos bordados muy detalladamente ; ornamentos inapreciables de rara manufactura, esparcidos a cada lado, mientras la Reina misma, cuando se levantó y avanzó unos pocos pasos hacia mí y Zuleica (una marca del más grande honor que ella podía dar ) hacía un llamativo contraste a la ambiciosa muchacha cuya mente ambiciosa le hacía ya una imagen de ella misma como ocupando la posición de la orgullosa Artemisia. La Reina nacida para gobernar, y rodeada desde su cuna con todas las comodidades de la realeza, bella todavía con la madurada belleza del verano o del primer otoño de vida, más alta que la ordinaria altura de las mujeres, y aunque lejos de ser robusta, tenía bastante aún para dar una apariencia más majestuosa a la guapa figura de la Reina en cada gesto, en cada pensamiento.
La otra, más pequeña, más ligera, con la frágil delicada belleza de un rubor se levantó, con la graciosa manera acariciante de un niño, pero con una ambición tan inteligente, un corazón tan orgulloso, un temperamento tan indomitable como aquella de la orgullosa Reina, ante quien ella estaba constreñida a afectar una humildad que ella no sentía ; con una destreza tan profunda, un intelecto tan fino, como el de la misma Artemisia, y una capacidad de acomodarse ella misma a las circunstancias del momento que la impaciente Reina no poseía ; y con una calma indiferencia a todo excepto a sus propios intereses, una insensibilidad a todas las emociones profundas que la apasionada mujer mayor no podría entender.
Artemisia podía actuar cuando esto convenía a sus propósitos, y fingir una amistosidad que ella no sentía para ocultar sus reales intenciones, pero con ella la gracia era forzada, la decepción un asunto de estudio, y un esfuerzo para ella misma ; mientras con Zuleica la actuación era instintiva, ella estaba siempre actuando, siempre posando para ella misma tanto como para los demás . En la soledad de su propia cámara ella posaba para ella misma como el poseedor de un carácter emocional tan extraño a su real naturaleza como el fuego es al hielo. Ella exhibía pasiones como ella las había visto desplegadas por otros, y hacía mímica de las más intensas manifestaciones de amor o odio, gozo o desesperación, sin sentir el más pequeño latido de estas mismas emociones.Fue porque ella era una mera mímica, y no verdaderamente una actriz, que ella falló en despertar en otros la respuesta simpática que solo puede ser despertada por los actores o actrices perfectos, quienes sienten ellos mismos vividamente por un tiempo todas las intensidades de pasión que ellos mostraban. Zuleica era una mera mímica, y en su mimicidad su real naturaleza interna no tenía ninguna participación, su alma ninguna parte ; y esta era la razón por las que sus más profundas protestas de amor dejaban mi corazón todavía en duda ; su devoción más cuidadosamente actuada me dejaba todavía sospechoso y desconfiado, pues mientras yo argüía que ella me mostró toda la afeccionada atención que un marido podría desear, mi sentido instintivo de la irrealidad de sus amantes palabras y suaves caricias mantenían mi corazón inquieto e insatisfecho.
En la batalla estas dos mujeres, que ambas buscaban manejar poder a través de su influencia sobre el Rey, estaban bastante igualmente equipadas, las cualidades poseídas por cada una siendo balanceadas muy uniformemente, pues mientras la juventud de Zuleica y su belleza, su arte, y su perfecta frialdad de temperamento le daban ciertas ventajas sobre la Reina, la última tenía la influencia de los años, los lazos de largo afecto, el hábito de obediencia a ella en el pasado, para ayudarla, y si no hubiera sido por la interposición de un poder, con cuya influencia había contado, es imposible decir quien habría sido el victorioso, o quien habría tenido que rendirse a la supremacía del otro . Como fuera, cada una de ellas afectaba una amistad que no sentía por la otra, y cada una creía haber engañado a la otra.
CAPÍTULO XXIIILOS FAVORES DEL REY
Pronto después que Zuleica retornó de su audiencia con la Reina Yo fui convocado para presentarme ante el Rey, y enviado a una misión que me llevó fuera por unas pocas horas de la tarde. A mi regreso Yo fui a tomar mis pergaminos de su caja como de costumbre, pues yo estaba profundamente interesado en leer aquellos Que yo había finalmente traído de la casa de mi Maestro muerto. ellos contenían una muy curiosa descripción de los medios con que los Espíritus del Plano Astral, y los multiformes seres de una naturaleza maligna que volaban alrededor de la tierra, podrían ser controlados y hacerlos servir al hombre como humildes pero peligrosos servidores, un conocimiento que Jelal-ud-din había obtenido de mí. Yo casi había terminado el manuscrito, y pensé terminar de leerlo antes de dormir.
Cuando, sin embargo, abrí la caja yo percibí que ellos habían sido desarreglados. ellos no estaban en el orden en que yo los había colocado, y al tomarlos en mis manos yo enseguida fui consciente de una fresca influencia saturándolos. Alguien había estado en la caja. Alguien había descubierto mi lugar secreto, y mis tesoros ya no estaban mas seguros.
Muy agitado por este descubrimiento yo resolví no perder tiempo en colocarlos en un nuevo sitio de ocultamiento, y tomando la caja conmigo yo salí, y montando mi caballo de nuevo cabalgué sin problemas a un lugar solitario a pocas millas de la ciudad .
Aquí enterré la caja debajo de algunos arbustos de tamarindo salvaje, y, habiendo cuidadosamente removido todos los rastros míos habiendo hecho así, retorné sin ser visto a mis habitaciones en el Palacio.Quienquiera que fuese que había encontrado mis manuscritos yo no podía adivinarlo. No sospeché de Zuleica, y la influencia de la persona que había estado manejándolos era el de un extraño para mí. Indudablemente, pensé yo, algún sirviente lo había hecho, y encontrando que la caja no contenía dinero la abandonó. Yo deseé ahora No haber destruido tan apresuradamente el espejo mágico en mi cólera, pues este podría haberme mostrado algo. Mis propios poderes no estaban disponibles sin ayuda, porque el bullicio y confusión de mi presente vida, mis ansiedades y mundanos pensamientos, los habían dañado tanto que yo no podía invocar mis visiones, o mirar cosas Que yo deseara saber salvo en inciertos vislumbres.
El espejo había ayudado a mis debilitados poderes, y formado un medio de reflexión en una forma semi material los multitudinarios eventos que fueron tomando lugar alrededor mío, o había ensombrecido aquellos que estaban aproximándose. Ahora yo no tenía medios de prevenirme de los complots y maquinaciones que estaban reuniéndose alrededor de mi camino, y el oscuro sentido de un mal llegando que oprimía mi alma solamente servía para hacer que mis propios poderes sin ayuda fuesen todavía menos adecuados para usar. Todos mis sueños fueron quebrados y perturbados, y las imágenes en ellos fueron como reflexiones distorsionadas en los quebrados fragmentos del espejo, el cual en mi pasión yo había destrozado. Todos los agüeros alrededor mío parecían señalar a algún gran infortunio, o aún a la muerte ; de quien, no podía verlo, pero sentía que mi propio destino estaba involucrado con aquel de otros . Esa atmósfera del palacio me oprimía . La forma de Zuleica era tan artificial en su semblanza de afección que yo comencé a sospechar de ella. El Rey, de quien cuya mente leía con frecuencia, me dio la sensación de que él estaba meditando alguna alevosía hacia mí, cómo o de qué manera no podía verlo . Yo siempre había sentido que la Reina era mi enemiga, como yo para ella, y yo tuve poca duda que ella estaba planeando alguna acción contra mí .En este estado de asuntos yo resolví dejar el palacio y el Rey, y buscar a Al Zulid y saber qué podía hacer él por mí.
Bien habría sido si lo hubiera hecho así rápidamente, y salir en la misma noche Encontré a mis pergaminos como si hubiesen sido manoseados. Pero yo dudé. Yo deseaba que Zuleica, como se suponía, fuese la compañera de mi meditada fuga secreta del Palacio, y ella se rehusó a irse. Ella se indignó mucho con lo que ella denominó mi tontería, mi insanidad, al proponerle arrojar el favor del Rey, la posición de honor que yo había disfrutado por tan pocas semanas, y todo porque yo había tenido malos sueños, padecido los presentimientos, y era sospechoso y desconfiado ! Ella me aseguró del favor la Reina que le había mostrado, pero ella no añadió que el Rey y ella se veían diariamente, y que sus favores había pesado más que considerablemente en valor a aquellos otorgados por la Reina . Ella me halagó, ella me ablandó, ella practicó todas sus artes para tranquilizar mi mente, y tan grande fue su poder magnético que ella tuvo éxito en calmarme en una especie de torpor mental, aunque ella no pudiera engañar más mis aprensiones.
En verdad, ella estaba buscando ganar tiempo. Ella no deseaba ponerse ella misma absolutamente en el poder del Rey hasta que ella estuviera muy segura de que los fundamentos de su influencia sobre Selim eran seguros, y fuertes bastante para ofrecer desafío a cualquier asalto de la Reina o cualquier otra persona. Ella no quería que yo sufriese ningún daño pues ella no era sin corazón bastante para eso pero ella quiso conseguirme fuera del camino tan quietamente como fuera posible, desde que yo me había vuelto una barrera entre ella y su ambición. Ella nunca me había amado realmente, y, extraño como puede parecer, ella había concebido una pasión por el Rey, nacido principalmente de su admiración por su poder y riqueza. Ella quería que me fuese lejos, pero ella no tenía la idea de acompañarme. Los eventos se habían sucedido tan rápido que aún no habían pasado dos meses desde que Selim había ascendido al trono; escasamente dos semanas desde que Zuleica había llegado a ella, y todavía la corriente de nuestras vidas estaba llevándonos adelante en una prisa rápida hacia un vórtice poderoso de destrucción. La impaciencia del Rey estaba precipitando la crisis del destino de Zuleica, que ella estaba vanamente tratando de retrasar.En menos tiempo que una semana desde el momento cuando yo había descubierto que mis rollos de pergamino habían sido inspeccionados, yo fui buscado por el Rey, e informado con muchos discursos halagadores que fue su deseo nombrarme Gobernador de una provincia distante por un breve tiempo, en la ausencia del presente Gobernador.
" Ahrinziman," dijo él, "si por estas pocas semanas tu encuentras que los cuidados de Gobierno son de tu gusto, a tu retorno podemos pensar de alguna posición en la Corte que te convenga, y esta experiencia me dará la excusa para designarte en ella. Por mi mismo, me siento ahora tan bien que pienso que puedo dispensarte de tu constante presencia por un breve tiempo, y cuando tú retornes encontrarás que no nos hemos olvidado de ti en tu ausencia . Tengo aquí una carta, escrita y firmada con mi propia mano y sello, que tú darás al Gobernador de quien tú ocuparás su lugar por una breve estación. Ella le dice cuan altamente te estimo. En cuanto a tu esposa, Ahrinziman," él añadió, coloreándose confusamente, pues mis ojos estaban dirigidos hacia su rostro, y él mismo se inclinó ante mi mirada, "En cuanto a tu esposa, mi madre se encargará ella misma de su cuidado hasta tu retorno. Ella ha concebido un gran afecto por ella. Seguramente tú sentirás que ella está segura al cuidado de la Reina?"
Me incliné ante él en silencio, pues mis pensamientos estaban en tumulto, y no podía confiar en mí mismo para hablar.Él me entregó la carta que tenía que entregar al Gobernador, y cuando él lo hizo su mano se movió como la mano de uno que tiene una parálisis, mientras sus ojos buscaban el piso, y él dijo con tonos inciertos:
"Ahrinziman, es por mi amistad hacia ti que yo te envío en esta misión. Es para poder tener una excusa para conferir sobre ti aún más altos honores. Tú eres de tan gran valor para mí mismo que no te enviaría sin una buena razón, y yo esperaré con impaciencia la hora de tu retorno, Oh, mi amigo ."
Sus palabras eran las palabras de amistad, pero yo sabía que él me mentía, porque yo podía leer sus pensamientos. Aunque yo no podía leer en esta época los pensamientos de ningún otro alrededor mío, yo podía leer los suyos, y yo sabía que él mentía, pues en su corazón él decía que yo no debería retornar nunca, desde que él me había enviado solamente para encontrar, no el honor sino mi tumba.
En mi cólera por su ingratitud y traición yo habría sacado mi puñal y clavado en su corazón mientras él estaba sentado allí, pues él y yo estábamos solos ; no había nadie para atestiguar nuestra audiencia.
Pero me detuve yo mismo, y aunque mis dedos jugaron con el puño de mi puñal, y mis ojos lo miraron con una firme mirada de desdén, hasta que él se acobardó ante mi mirada y pensó llamar a sus guardias, yo no saqué mi arma. Me contenté con una orgullosa inclinación hacia él mientras dije:
"Oh, Señor! Bien se yo cómo valorar los favores de los Reyes, y grandemente te agradezco por esto último, esta distinción coronadora de tu honor y tu consideración."
Luego salí, y busqué a Zuleica, para que ella y yo juntos pudiéramos dejar este palacio de mal agüero.
De nuevo y de nuevo Traté de llevarla conmigo. No, en mi cólera y sospecha yo aún traté de llevarla por la fuerza, porque ella se rehusó a ir conmigo. Ella lloró e imploró que yo la dejara donde ella estaba. Ella juró que creía en la amistad de la Reina, y ella se rehusó a creer que cualquier daño estuviera preparado para mí, y al final cuando yo traté de forzarla a salir ella volvió sobre mi en caliente enojo, y juró que ella despertaría el Palacio con sus gritos si yo no me iba y la dejaba.
"Espera," dijo ella, "y si tú no vuelves yo mandaré buscar por ti, pero yo no me marcharé rápidamente así por tus tontas fantasías, tus indignas sospechas de tus mejores amigos."
Al final Yo estaba tan enojado que la dejé, diciendo con la ira de un rayo que si su corazón estaba con sus nuevos amigos mas bien que con su marido, ella podía mantener su cuerpo con ellos también ; pero en mi propia mente me juré a mí mismo que si ellos me enviaban fuera yo regresaría sin ser visto, como yo bien sabía hacerlo, y conocería el sentido de su extraño deseo de estar alejada de mí.Fue temprano en la mañana cuando partí, y todo ese día cabalgué a la cabeza de mi tropa de soldados, y esto me hacía pensar como si todos los negros demonios del infierno cabalgaran conmigo, tan lleno de amarga cólera estaba mi corazón, tan inclinado estaba yo sobre mi esquema de venganza .
"Pues," dije yo a mí mismo , "si Zuleica es falsa hacia mí, si ella se ha quedado mientras yo soy enviado fuera con el objeto de que ella pueda volverse el juguete del Rey, verdaderamente como que hay un cielo sobre nuestras cabezas, tan ciertamente como existen poderes del mal alrededor de este, no habrá una venganza común que yo ejerza sobre aquellos que han traído la ruina de mi vida . Y por los poderes de Ahrimán, ellos morirán, cada uno . Los demonios del infierno más oscuro los hundirán abajo juntos allí. Si verdaderamente tú me has hablado, Oh mi fallecido Maestro, si tu espejo no mintió cuando me mostró la visión de Zuleica y el Rey, entonces por la falsedad yo te llamaré a ti y tus servidores invisibles de la Oscuridad para ayudarme en mi venganza."
Yo escasamente había salido del Palacio antes de una media hora que Zuleica, que estaba completamente impaciente en apoderarse ella misma de mis pergaminos misteriosos, fue a mirar en el anterior lugar oculto por ellos.
Como ella había imaginado que yo iba a estar ausente solamente por un breve tiempo ella no supuso Que me los llevaría conmigo, y ella se sintió aún más segura sobre este punto al ver que yo partía sin ninguna caja semejante a aquella que ella sabía que contenía los rollos ocultos. Su desmayo puede ser imaginado cuando ella encontró el lugar secreto vacío y que los papeles y la caja no estaban!
Ella se volvió mortalmente pálida, y en los primeros pocos momentos le pareció a ella que todo estaba perdido, pues yo había entrado en sospechas y los había llevado conmigo. La vista que el Astrólogo de la Corte había obtenido de los papeles había sido muy apurada para permitir apreciar sus contenidos en una forma que probara ser de algún valor práctico, y quien sabía qué podría hacer yo cuando mis sospechas fueran completamente confirmadas. Zuleica se consoló con que ella me había enviado lejos, enojado, sin duda, pero aún en ignorancia del hecho de su infidelidad hacia mí, y ella esperaba que antes que yo lo descubriera ella estaría en una posición con el Rey tan segura como para permitirle a ella desafiar mi cólera . Ella aún esperó que podría ser capaz de evadir todas las consecuencias de su traición.
Ahora, sin embargo, con los rollos desaparecidos tan bien como yo mismo, ¿cómo iban ellos a proteger al Rey? En cualquier momento él podría enfermarse de nuevo, y su fino castillo podía tumbarse alrededor de sus orejas.Ella no se atrevió a decirle a Artemisia de la pérdida, sino que ella envió por el Astrólogo de la Corte, y con muchas supercherías lo engañó para que le prometiese ayudarla en mantener la desaparición de los papeles un secreto hasta que fuera posible tomar posesión de ellos de nuevo.
Entonces él le aseguró que tenía un plan muy seguro para llevar a cabo, aunque él declinó en decirle cual era este, meramente asegurándole a ella que había otros además de su marido que podían lanzar conjuros y que la causa perdida sería encontrada. Este hombre no tenía ningún amor particular por mí, como en verdad él difícilmente podría tenerlo, viendo cómo yo lo había suplantado y lanzado descrédito sobre su habilidad, y él estaba solamente muy dispuesto a asistir en el apresuramiento de mi caída . Él buscó al Rey, y con mucha cautela le informó que del estudio de las estrellas él percibía que no debería ser posible que se me permitiera continuar mi viaje; pues si yo lo hacía el desastre caería sobre su Majestad . "Oh, Señor!" dijo el Astrólogo, "mientras él viva, el peligro amenazará la persona del Rey, pues así aparece en mi visión, y solamente con su muerte la vida de su Majestad estará segura."
El Astrólogo se postró ante el Rey, pero aún mientras su cabeza estaba inclinada sus hábiles ojos estaban esforzándose en ver el efecto que sus palabras habían producido sobre su Amo .
En cuanto a Selim, él estaba visiblemente perturbado, y tras torcer nerviosamente la orilla de su faja por algunos momentos, él replicó :
"Tú dices que cuando Ahrinziman esté una vez muerto su poder cesará y yo estaré seguro. Para asegurar esto no es necesario que lo llamemos de regreso, pues, mira, Yo mismo he considerado que su poder no es bueno para mí, y aunque él lleva consigo una carta de amistad para entregar al Gobernador, yo he enviado un rápido mensajero antes que él con otra, donde yo he ordenado que sea aprisionado y ejecutado. No necesito que lo llamemos de regreso. No deseo su retorno."
El Astrólogo comenzó con sorpresa ante este discurso, y respondió : "Verdad, Oh Rey, aún el Gobernador de aquella ciudad no tiene conocimiento de las cosas ocultas. Él matará a Ahrinziman, sin duda, pero él no le extraerá primero el conocimiento que nosotros deseamos. Ahrinziman morirá sin liberar a su Alteza de su hechizo, de modo que el último estado de su Majestad será peor que el primero. Si mi augusto Amo me hubiese consultado, su humilde esclavo, yo lo habría prevenido de este peligro. Ahora yo solamente ruego que Ahrinziman pueda ser retrazado, con el objeto que antes que él muera nosotros podamos obligarle a que retire sus hechizos, y descubrir la fuente de su secreto poder . No necesito nada que él se aproxime a su Majestad, o suponer por qué él ha sido llamado de regreso."De nuevo el Rey dudó, luego temió por su propia seguridad, y un febril deseo de poner un fin a su actual estado de suspenso, prevaleció, y llamando a sus criados él les dio orden de mi retorno, y un mensajero fue enviado en rápida carrera para traerme de regreso, con la excusa que el Rey había olvidado algo que él tenía que decirme. El astuto Astrólogo retornó de su audiencia bien contento, pues él no dudaba que él sería ahora capaz de tenerme en su poder, y forzarme por medio de la tortura a descubrir dónde había puesto yo los pergaminos.
CAPÍTULO XXIV
LA AYUDA DEL Ángel OSCURO
A la caída de la noche levantamos nuestras tiendas en las afueras del gran Desierto Salado, y tan pronto como que yo había visto los arreglos para el reposo de mi escolta, Me retiré a mi propia tienda, y di estrictas órdenes que yo no debería ser perturbado de ninguna manera.
Tan pronto como todo estuvo quieto alrededor mío, salvo por el paso medido del centinela ante la puerta de mi tienda, yo tomé de mi pecho el rollo que yo había traído desde el secreto repositorio de mi fallecido Maestro, y arreglando la pequeña lámpara que ardía en mi tienda, me senté para tratar de leer de nuevo todo lo que este decía acerca de los métodos de controlar las fuerzas misteriosas del plano Astral. Yo tenía una vaga y confusa idea de tornar esos poderes en un instrumento para ejecutar mi meditada venganza, pero en el agitado estado de mi mente sentía imposible pensar en cualquier plan claramente, o todavía el salvaje latido de mi cerebro.
Hubiera dado cualquier cosa ahora por poseer de nuevo el espejo mágico que yo había destruido ; yo quería ver a Zuleica, saber cuales eran sus reales motivos en permanecer detrás. En vano traté de leer el rollo ; los caracteres danzaban ante mis ojos, y solamente una palabra aquí y allí podía yo descifrar . Lo arrojé de mí al final, y comencé a caminar de un lado a otro en la pequeña tienda, como un alivio para mi inquietud .Yo había dado unas pocas vueltas cuando el sonido de un profundo suspiro, proferido como si se burlara de mi mismo, saludó mis oídos, y en la esquina más lejana de la tienda yo vi una figura oscura, negra y siniestra, envuelta en un manto . Pareció vacilar y crecer débil, entonces se reunió de nuevo, y se volvió más nítido, aunque siempre con la apariencia de ser una mera reflección, una verdadera sombra arrojado sobre las cortinas de la tienda . Por varios minutos lo miré en silencio, entonces lo llamé, aunque en una baja voz, "Quién eres tú? De dónde has venido?"
La sombra se hizo más oscura, más fuerte, más claramente definida por un momento, y al contemplarla reconocí la majestuosa figura, la pose real de la amortajada cabeza que yo había visto en el velado Ángel de la Oscuridad que yo había contemplado así mucho antes sobre esta misma planicie desierta. No había una figura visible esta vez, solamente esta oscura sombra de su forma, velada y amortajada como antes .
Una suave risa burlona llegó como un distante eco a mis oídos, y el sonido de una voz remota parecía dar esta respuesta a mi pregunta:
"Tú preguntas quien soy yo? Tú, que deberías conocerme bien, desde que Yo mismo me he constituido en el guía de tu vida, y he ayudado en la realización de tu ambición . Tú deseaste elevarte, y tú te has elevado alto ya, aunque tú no has alcanzado aún el pináculo de tu deseo . Mi mano te ha ayudado a subir paso a paso, y ahora en la hora de tu angustia tú dudas todavía en llamarme por ayuda. Tu corazón está apenado . Trata, luego, el dulce bálsamo de venganza que yo puedo ofrecerte para aliviar sus punzadas."
"Tú hablas de venganza, Oh tú Ángel de Maldiciones. Puedes tú mostrarme cómo perforar una pared del palacio, y arrastrar de su resguardo aquellos que yo juzgo que me han echo mal? Puedes tú mostrarme, y mostrarme verdaderamente, qué hace mi esposa ahora? con quien sueña ella? Yo quisiera saber la verdad como esta aparece a los ojos de Dios . ¿Puedes tú, cuyos poderes son malignos, mostrarme lo que es verdad?"
La figura pareció elevarse frente mío, hasta que se balanceó sobre mi cabeza, y tirando hacia atrás el manto me pidió mirar el rostro del Ángel oscuro, y fijamente dentro de sus ojos . Y cuando me esforcé en hacerlo así vino un rostro, tan viviente y distintivo como el mío propio, en una forma ensombrecida ; los ojos miraban fijamente a los míos hasta que me pareció como si ellos fueran a chamuscarme con el relámpago de su mirada ; la orgullosa frente frunció el entrecejo hacia mí con una rabia mezclada con desdén, y de los apretados labios salieron estas palabras siseando en un feroz murmullo:"Si puedo yo mostrarte aquellas cosas que son verdad, preguntas tú? Piensas tú que todo lo que es malo debe ser falso? No está el germen de la verdad en todas las cosas? Si, aún en eso que podría parecer la más grosera falsedad a ti una vez, no se ha probado ya ser una verdad? yo soy un Ángel de Oscuridad, y en mi propio reino oscuro yo reino supremo, sobre seres tan viles y malos como cualquiera en nuestro espantoso Reino del Infierno, pero en toda mi corte no hay mentirosos ; los que mienten deben buscar otro Rey, desde que yo no tengo nada en afinidad con ellos. Busca el Espíritu Mundial de principio a fin, si tú puedes aún imaginar hacerlo, y tú encontrarás siempre que lo semejante atrae a lo semejante; la traición busca a su compañero traidor; pero aún en las más bajas profundidades, tales como tú y yo no tenemos afinidad con la mentira, el amigo como una serpiente, que apuñala en la oscuridad, mientras su rostro te sonríe de día . Mira! yo soy un Gobernante en el Infierno. Yo soy tan malo como es el más malo de los Ángeles de Ahrimán . Asesinato y Guerra, Derramamiento de Sangre y Venganza, Destrucción y Temor, siguen en mi camino ; pero la Falsedad no me conoce ; el engaño huye antes que yo me aproxime, y si yo te muestro algo habrá al menos verdad en lo que yo muestro.
"Tú querías ver a tu esposa? Mírala ahora."
Él osciló su sombrío brazo, y en la esquina de la tienda apareció una estrella carmesí, puesta en un círculo de oro como una corona. Alrededor de la estrella una niebla gris como un velo pareció flotar, y a medida que este se hacía más y más claro la estrella lanzó brillantes rayos, y por su luz yo vi que el círculo de oro enmarcaba una cabeza de mujer. Más y más transparente se volvió el velo empañado, y yo vi a Zuleica. Ella apareció flotar ante la superficie pulida del espejo, y balancear su cabeza graciosamente, primero de un lado y luego del otro, mientras ella miraba las chispas de sus joyas en medio de su flotante cabello; y los trenzaba en sonrisas mientras ella admiraba su propia belleza reflejada en el acero bruñido.
Ella estaba ataviada en su más rico vestido, el vestido que Artemisia le había dado, y sus brazos desnudos y garganta sembrada con joyas que yo nunca había visto que ella usara. "De quien las has obtenido?" Pregunté en mi celosa cólera.Como en respuesta a mi pensamiento, ella levantó una mano a sus labios, y besó con delicia apasionada un anillo que ella usaba, un anillo de hombre. Oh, poderes del Cielo!, lo reconocí entonces.
Era el Anillo de Sello del Rey. Ella extendió sus manos y lo miró, como un niño admira un nuevo juguete. Ella coqueteó con su propio reflejo ; ella puso mala cara, frunció el entrecejo, sonrió, si, incluso medio ruborizada, e inclinó sus ojos en dulce y modesta confusión, como si ella detuviese los avances de un muy ardiente pretendiente. No era mi esposa la que yo veía entonces, sino alguna doncella vergonzosa, que soñaba por la primera vez en el amor.
Súbitamente su gesto cambió, con un fresco humor que la levantó. Ella movió su cabeza en orgullosa gracia ; ella caminó unos pocos pasos adelante y atrás, como si ella fuera una Reina ; ella ofreció sus manos, como si levantase a un suplicante ; ella hizo imperiosamente un signo a un imaginario compañero para que se retirase, y lo rechazó con un ceño despectivo, y un gesto orgulloso de su cabeza, digno de una Reina . Luego ella cambió de nuevo. Ella se hizo toda sonrisas radiantes, en un completo rapto fascinante, y extendió sus brazos como para abrazar a alguien, mientras sus labios murmuraron, no mi nombre, sino aquel de Selim.
Tan realística era la visión que en mi rabia me abalancé hacia delante, puñal en mano, para clavárselo en el corazón, y como una cosa de niebla ella desapareció, y yo quedé solo en mi tienda .
Aún la sombra del Ángel Oscuro había desaparecido, pero su voz era todavía audible para mí, y cuando retrocedí, temblando con cólera y desilusión, dijo :"Tú sabes ahora cuan falsa es esa hija de la Serpiente, y tú desearías matarla. Si es así tú puedes solamente hacerlo así con tu propio cuerpo material. Los poderes que yo tengo no tienen influencia sobre ella, o sobre esa falsa Reina que mató a tu Madre, y ha arruinado tu propia vida. Ellas no pertenecen a la esfera donde yo gobierno, y las estrellas de estas dos mujeres dominan la tuya, de modo que sobre el plano espiritual de tus vidas terrenales ellas prevalecerán contra ti. Para vengar tus ofensas sobre ellas tú debes obtener poder de un tipo material, y mientras Yo puedo ayudarte a obtener esto, Yo no puedo afectar su bienestar, ya sea material o espiritualmente . Con Selim esto es diferente ; él flota entre dos esferas . Él tiene ciertas afinidades contigo, a través de tu padre común, y él ya está sujeto a su influencia . Si tú deseas visitar el Palacio en Arsaglurd, hazlo así ahora.
"Dibuja alrededor de este tu cuerpo terrenal los signos usados por el Maestro Jelal-ud-din, para que pueda permanecer a salvo hasta tu retorno. Luego vete en tu forma espiritual, y juzga por ti mismo si yo te he mostrado verdaderamente la naturaleza de esta mujer a quien tú has amado tan locamente . Ve, y mis servidores irán contigo ."
La voz cesó, y yo levanté mecánicamente el negro cetro que llevaba siempre conmigo, y tracé sobre el piso los círculos protectores . Entonces me envolví yo mismo en mi manto Y dejé mi cuerpo caído como si descansara, mientras en mi corazón había el más fiero tumulto de emociones, y en mi alma la fría desesperación de mi fallecida esperanza, la temerosa agonía del amor marchito .
CAPÍTULO XXV
MI VENGANZA
Por la primera vez en mi experiencia yo estaba completamente consciente del proceso por el cual un espíritu puede dejar el sobre terrenal para vagar sin trabas a través del plano de la Tierra. A medida que me desprendía de mi cubierta mortal me sentí como uno que se quita un saco, y tras dos o tres ligeros temblores de los músculos estuve de pie en mi forma espiritual, libre de mi cuerpo material, excepto por un fino hilo de una textura semejante a la telaraña, que todavía me unía a este, y lo mantenía animado por mi fluido vital.
En todas mis previas experiencias yo había estado inconsciente durante el cambio, y había despertado, como uno que se despierta de un sueño, al conocimiento de mis alrededores espirituales . Pero en esta ocasión esto me hacía pensar como haber dado un paso más allá en una nueva etapa de vida, y al hacerlo así había descorrido la cortina que velaba sus escenas y actores de mi vista mortal.
Alrededor mío yo percibí las contrapartes espirituales de todas las cosas materiales, pero ellas ya no aparecían más como ellas lo habían hecho a mi vista mortal. Algunas eran infinitamente más bellas ; otras habían perdido toda traza de su belleza terrenal, por razón de su deshonra espiritual. Mi propio cuerpo, como yacía ante mis ojos, que yo estaba acostumbrado a verme, parecía ahora velado por colgantes tejidos, como vestidos zambullidos en algún corrosivo fluido abrasador, y manchado con barro ; y al mirar mi forma espiritual percibí que yo estaba vestido de la misma manera, mientras la rusticidad macilenta de mis rasgos había sido transferida de la imagen similar a la arcilla de mí mismo sobre el suelo al viviente, sufriente espíritu.Yo pasé mi mano a través de mi frente, para limpiar mi cerebro y sostener mis pensamientos vagabundos, entonces "deseé" ir a visitar a Zuleica, Y me sentí yo mismo elevarme y apresurarme a través del aire. A medida que me apresuraba hacia adelante yo contemplé alrededor mío, arriba y abajo, miríadas de extraños seres de toda forma y tipo. Aquellas fantasmales creaturas Las había contemplado oscuramente antes y ahora eran distintivas y claras a mi visión : espíritus como yo mismo, humanos en sus formas y en sus naturalezas ; algunos brillaban como radiantes Ángeles, otros oscuros, negros y llenos de pena. Todo alrededor mío, a cada lado, había formas multitudinarias de vida : hombres, bestias y pájaros ; peces y reptiles ; plantas ; flores ; todo igual y distinto a esos de la vida material de la tierra. Estrellas brillaban sobre mí ; luces se encendían y se apagaban ; todo era apresurado, rápido y tumultuoso ; y no había ni descanso ni paz en ninguna parte. Como las ondas de un poderoso océano la vida del plano astral surgía aquí y allí.
A medida que continuaba adelante yo vi que estaba acompañado por un gran tren de espíritus ; raras creaturas de formas fantasmales, y los espíritus humanos de hombres y mujeres muertos de malas vidas. Adelante conmigo ellos se apresuraban, aullando, gritando, llorando, exclamando imprecaciones salvajes y feroces lamentos por venganza sobre toda la humanidad, gesticulando como un conjunto de maníacos, y peleando unos con otros como una manada de lobos. Riendo y gritando en diabólico gozo con el pensamiento del deporte que les aguardaba ; ondeando sus largos y flacos brazos para alentarme, y hablándome con voz hueca con sus rostros horrorosos ; chillando maldiciones unos sobre otros y sobre mi, aún mientras cada uno se esforzaba en conseguir un lugar delantero cerca mío, para que ellos puedan disfrutar más la escena esperada .
Sobre toda esta multitud salvaje yo vi la flotante forma del Ángel Oscuro, balanceado sobre sus alas desplegadas como una majestuosa ave de presa, que mira la batalla de lejos para poder descender solamente para llevarse el despojo que otros han reunido para él .
Y como la marea que flota arrastrando plantas sobre su inquieto seno, así flotamos yo y mi salvaje escolta sobre la corriente de mis feroces y asesinos deseos.Alcanzamos el Palacio y ciudad de Persagarda , y colgamos como una oscura nube sobre esta por un breve momento, antes de que todos nosotros nos hundiéramos a través de los tejados y murallas que ya no más ofrecían ninguna obstrucción a nuestro pasaje. Nosotros entramos a la corte exterior que conducía a mis propias habitaciones, y pasamos a lo largo del pasaje a aquella cámara interna donde Zuleica había dormido en mis brazos tantas veces . En la puerta me detuve, y como un torrente apresurándose que se encuentra con una obstrucción en su camino, el apresuramiento y rapidez de mis febriles pensamientos parecieron ser verificados.
O no pude entrar. La memoria de nuestro pasado amor, el pensamiento de todas las dulzuras de aquellas horas desaparecidas, se levantó como una barrera entre yo y mi venganza. La bondad y pureza, la fe y la confianza, del pasado muerto, eran como blancos Ángeles con las alas extendidas para obstruir el camino contra el pecado y la muerte . Yo me detuve. Yo vacilé por un momento en mi salvaje sed por venganza . Di media vuelta, y dejé caer la cortina Que había comenzado a correr a un lado.
Otro instante y mi buen Ángel habría triunfado, y Yo habría dejado sin cumplir mi meditada muerte.
Pero en este crítico momento, mientras los pesos de la balanza temblaban, la voz de Zuleica, de mi esposa infiel, cayo sobre mis oídos, hablando en suaves dulces tonos aficionadas palabras de amor a mi rival. Con un furioso grito de ira Rasgué un lado de la cortina de la puerta, y miré dentro.
Ella estaba sentada, ataviada como yo la había visto en la visión en mi tienda; el círculo de joyas en su cabello, el rico vestido, las gemas chispeantes, el Anillo del Rey en su dedo, todo exactamente como yo lo había visto . Y ahora sobre su rostro había una maligna y seductora sonrisa ; la mirada desvergonzada de la tentadora forma en sus ojos, y ella se veía como yo la había visto primero en el espejo de Jelal-ud-din.
Y Selim sentado al lado de ella. Sus brazos abrazándola. Sus labios estaban unidos a los suyos, de nuevo y aún de nuevo, en un apasionado beso que no podía contenerse más. Con prisa frenética me arrojé sobre ellos, olvidando que como un espíritu yo era invisible, y todas mis furiosas palabras eran inaudibles. ellos no me vieron, pero un violento temblor se apoderó del Rey ; un viento frío como de hielo rodeó a Zuleica, y ella se retiró de su amante en una súbita alarma. Yo traté de agarrar al Rey . Traté de estrangularlo. Pero para mi asombro mis manos no hacían impresión sobre él . Esto me hacía pensar que yo me había vuelto yo mismo una sombra intangible . Mis manos se deslizaron por su cuerpo, como si la armadura protectora de su forma material ofreciera una pared impenetrable contra todos mis ataques. Saqué mi puñal, o más bien la contraparte espiritual del puñal, que yo usualmente usaba: mi puñal era como yo mismo, una sombra, al lado de la poderosa cubierta del escudo material.
Furioso con desconsolada rabia, golpeé contra el piso, y en sus oídos, embotados por la carne, mis pisadas no hicieron sonido.El temor llenaba el corazón de ambos, pero era el temor sin nombre de lo desconocido.
En mi ardiente cólera llamé en voz alta por alguien que pudiera ayudar a mi venganza, y la risa burlona del Ángel Oscuro me respondió, cuando dijo :
"Oh, tonto ! tonto ! Piensas tú que, como un espíritu, podrías penetrar la gruesa armadura de mortalidad. Pero mira a aquellos que pueden ! Mira a quien he enviado en tu ayuda ."
Una nube nos envolvió por completo ; una nube tan negra como la más oscura nube de tormenta de la noche, tan densa como un arroyo de cochino barro negro . Y en el medio de su oscuridad contemplé horrorosas formas gigantescas extrañas ; espantosas creaturas como monos humanos ; sus manos como manos gigantes; sus brazos como hierros ; sus cuerpos cortos y sin forma, como algunos horribles abortos de nacimiento humano . Estas creaturas peleaban y luchaban mientras ellos nos amortajaban con su atmósfera sucia oscura, y entonces el delantero de ellos sujetó al Rey con una garra de hierro, y lo estranguló en un instante, como un perro mataría una rata, echando su cuerpo tembloroso sobre el suelo a los pies de Zuleica, y como una ola de la Oscuridad la multitud de criaturas se fue tan súbitamente como ellas habían venido.
Feroz como había sido mi deseo por venganza, yo me estremecí ante esta horrible escena, y con escasa consciencia de nada sino del horrible rostro del Rey asesinado, me apresuré en salir del lugar fatal.
CAPÍTULO XXVI
YO SOY PROCLAMADO REY
Fue bueno que yo retornara tan rápidamente a mi cuerpo terrenal, pues encontré que un horrible espíritu de los planos inferiores de la tierra ya estaba tocándolo, y esforzándose en tomar posesión de él. El anillo protector de fuego astral se había apagado en un sitio, y a través de este hueco el espíritu oscuro había entrado . En mi ira me abalancé hacia delante, casi aniquilando a la infeliz criatura con el marchitante desdén de mi mirada, y él se agachó abyectamente a mis pies y se fue furtivamente lejos, mientras yo, re ingresando a mi cuerpo con un violento y doloroso golpe, desperté con la sensación de haber tenido alguna horrorosa pesadilla nocturna, y necesité algunos momentos antes de poder reunir mis pensamientos suficientemente para darme cuenta que mi última experiencia no había sido un sueño, sino una terrible realidad.
Mientras yo estaba pensando sobre lo que había pasado escuché un apurado murmullo fuera de mi tienda, luego la cortina fue levantada con cuidado y alguien miró dentro. Con una exclamación de placer yo salté, pues reconocí al fiel amigo de mi padre Al Zulid.
Yo había enviado un mensajero hacia él cuando dejé Persagarda , pero no había esperado que él se reuniera conmigo tan pronto, y tras la terrible aventura de las últimas horas su presencia fue doblemente bienvenida, pues yo había resuelto confiarle todo a él, y ser guiado por su consejo.
Él me saludó con mucho afecto, y escuchó con una simpatía muy bienvenida a mi apenado corazón la historia de mis errores, y de la venganza Que yo había exigido para ellos en tan extraña manera.
"No te dije que te cuidaras de Artemisia? No te advertí, Ahrinziman, no confiar en ellos ni por una hora? Verdaderamente desde luego yo creo que la Reina ha tenido una gran participación en la realización de tu deshonor, y en verdad tú y yo saldaremos juntos las deudas que nosotros le debemos. Pero no sería sabio hacer que otros sepan que tú has en efecto asesinado al Rey . Nosotros debemos actuar como si pensáramos que él está todavía vivo, y habrá bastante tiempo para hablar de él como estando muerto cuando otros nos hablen de ello."
"Tú no crees que él esté muerto? que yo lo he matado aún como te lo he contado?"
"Yo pienso, amigo, que tú has tenido un sueño perturbado, tal vez.
El percance pudo haber sido como tú dices, pero hasta que yo sepa de otros que Selim ha muerto, y muerto aún de esa manera, yo no puedo creer bien en una cosa tan extraña. No pienses que desprecio tu visión . No frunzas el ceño tan enojado sobre mi, hijo de mi fallecido Maestro, pues yo no dudo que tú hayas visto algo. Los dones de la adivinación son tuyos por derecho de nacimiento, aún como el trono de Persia será tuyo, pero yo pienso que tu agitado marco de tu mente puede haber coloreado tu visión, y haberle dado un más extremo final que el que le pertenecía en verdad .
Pero ven, tú estás despierto ahora. El tiempo de los sueños ha pasado, y si tú deseas vengarte de los propios errores de Artemisia, y aquellos de tus padres, no debemos perder tiempo . El Príncipe Ahmed está conmigo, y así también nuestros seguidores, pues estábamos en marcha hacia Persagarda cuando tu mensajero me encontró, y me hice a un lado para buscarte . Ven y mira a Ahmed conmigo, pues él ha soñado en reinar, desde que tú no tomarías el lugar de tu padre, y él no estará muy dispuesto a resignar sus sueños en tu favor.. Y yo debo aún hacerlo así, pues tú eres el primero. Tu nombre está antes que el suyo, y yo juré a al Jazid que si encontraba a Ahrinziman aún con vida yo le dedicaría toda mi influencia, todo mi poder para colocarle, el hijo favorecido, sobre el trono de Persia.""Te agradezco, Al Zulid," dije, estrechando su mano con mucha emoción. "Tú eres en verdad el más verdadero de los amigos verdaderos, ¿pero no podemos convenir con Ahmed de modo que él no se defraude completamente? ¿No podemos compartir el Reino? ¿No podemos él y yo reinar cada uno sobre una parte, en unidad no en amistad? Confieso que yo ahora deseo reinar. El amor está muerto para mí, pero la Ambición puede ser aún mi Dios y el poder mi Ídolo. Yo puedo todavía buscar en la vida pública el consuelo de la distinción. Persia será mi esposa, desde que ahora no tengo mujer, y cuidar por la grandeza de mi país llenará el vacío dejado en mi corazón . Además," añadí, rechinando mis dientes con rabia, "además de eso, no está incompleta aún mi venganza? No tomaría el poder para poder luchar yo bajo más iguales términos con Artemisia? Su hijo está muerto, ya sea que tú lo creas o no, pues yo lo he visto morir; pero él es solamente uno, y los que me han hecho mal eran tres. Condúceme a tus tropas, y al Príncipe Ahmed, y lo que parezca sabio y correcto yo lo haré, pues no debo retrasarme más en obtener la herencia que es mía por derecho de nacimiento y me fue dado."
"Bien, Ahrinziman, Rey de Persia. Pero no debes ser tú quien busque a Ahmed; él debe venir a ti, y Yo lo traeré aquí."
Diciendo así él salió, y prontamente regresó acompañado por Ahmed y los principales oficiales de su ejército, tan bien como el Visir Babadul. Mi tienda estaba iluminada solamente por una pequeña lámpara, pero una antorcha ardía fuera, y cuando Al Zulid corrió las cortinas de mi tienda, su luz cayó por completo sobre su rostro y figura. Cuando me adelanté hacia Ahmed, y para asegurarle que mi deseo era dividir el Reino con él, no poseerlo todo para mí mismo, la luz del fuego iluminó mis rasgos y Babadul y los Generales con él, que habían conocido bien a mi padre, emitieron una exclamación de sorpresa, pues la semejanza a mi fallecido padre, no solo en imagen y figura, sino en gesto y habla, era tan fuerte que ellos pudieron haber creído que era Al Jazid mismo que estaba de nuevo ante ellos. Solamente era como El Jazid había sido en su juventud, antes que las penas hubiesen surcado y oscurecido su frente y el lustre de sus ojos y el orgullo de su porte.
En cuanto a Ahmed, él me miró en malhumorado asombro y cólera. Él rechazó la mano que le ofrecí, y arqueándose orgullosamente dijo :"No puedo compartir el Reino contigo . Es mío o es tuyo, pero al menos yo no tendré una herencia dividida. Yo no deberé a la cortesía y gentileza de ningún hombre el poder que debe ser mío por derecho o nada por completo. Yo mismo me retiro y mis reclamos desde que Ben Al Zulid y Babadul te han encontrado, quienes han sido llamados ante mí en el decreto de mi padre. Pero pido para mí mismo perfecta libertad de acción . Yo no deberé obediencia a ti ." Luego volviendo sus talones él salió de la tienda, y montando sobre su caballo cabalgó fuera.
Tan pronto como él desapareció los otros se apiñaron alrededor mío, cada uno ávido por asegurarme de su fidelidad, y luego Al Zulid aconsejó que saliéramos, y que yo me mostrase a las tropas, a quien él había ya explicado quien era yo, y porqué él se había desviado de su marcha hacia mí.
Entre los soldados, y con el pueblo en Persia, Ben Al Zulid tenía un gran poder. Él era un favorito con todo el mundo.
Su poderoso físico, sus espléndidos talentos militares, su valor intrépido, su éxito como un comandante, todo contribuía a hacerlo popular con la gente guerrera, mientras su firme fidelidad y su noble naturaleza le ganaban la confianza y confidencia de todo el que le conocía. Yo verdaderamente creía que si él hubiese elegido aferrar el cetro real para él mismo, en lugar de para mí, él habría sido electo para el trono con aclamaciones de gozo .
Como fuera, cuando él me condujo montado sobre mi caballo favorito y rodeado por los Generales quienes habían conducido el ejército de mi padre fallecido a través de tantas campañas exitosas, y mostrado a las tropas reunidas como el verdadero Rey, señalándome Al Jazid mismo para sucederle, hubo un gran griterío de "Larga vida al Rey Ahrinziman ! Larga vida al hijo de Al Jazid!”
Abajo con la Reina Artemisia y su débil hijo! Pueda largo tiempo reinar un Rey que restaure la gloria marchita de Persia!"
El día estaba saliendo y los rojos rayos del sol naciente se encendían enrojeciendo sobre las ondeantes lanzas y cabeceantes plumas de la gran cabalgata de los guerreros frente mío, como el completo ejército reunido por Al Zulid gritando mi nombre y saludándome como su nuevo Rey, y por un breve momento el triunfo de mis ambiciosos deseos parecían como un consuelo a mi herido corazón, y el primer sorbo de la copa de poder, endulzaba mis labios. Y entonces se levantó ante mis ojos de nuevo la visión de Zuleica, cuando ella había colgado tan tiernamente sobre el pecho de mi rival y susurrado sus palabras de amor, hasta que él cambió en el horrible, distorsionado, horroroso cuerpo que yo había visto yaciendo a sus pies . Entonces todos mis pensamientos de triunfo se hicieron polvo y cenizas; toda mi exultación en amargura ; toda la dulzura de la copa de prosperidad en bilis y madera agusanada, aún cuando gusté este primer sorbo.Yo cabecee como en un sueño . Me arqueé mecánicamente en respuesta a las resonantes alegrías; y cuando Zulid dio la orden para reanudar la marcha a Persagarda él puso su mano sobre la brida de mi caballo, e inclinando su cabeza, susurró:
"Despierta ! Despierta ! Ahrinziman. Deja tus sueños de amor y desilusión detrás de ti, para una nueva vida, la vida de acción y de poder, yace ante ti, y te dará consuelo aún por las inconstantes sonrisas de una mujer. Es el tiempo de actuar, no de soñar en aquel muerto pasado de tus afectos."
CAPÍTULO XXVIIENTRO EN MI CAPITAL
Cuando Zuleica se recobró del primer golpe de desmayo y horror al ver al amante que ella estaba acariciando muerto en tan súbita y tan inenarrable forma, en tan terrible manera, su primer pensamiento fue del peligro hacia ella misma si fuera encontrada con el cuerpo muerto en su habitación de dormir. Ella no había visto nada de mí, o de aquellos horribles fantasmas que habían asesinado a Selim. Ella pensó que él había muerto en convulsiones . Ella sintió una oscura creencia de que yo era de alguna manera responsable por la catástrofe, pero ella no tenía idea de que yo hubiese estado realmente en el cuarto. Ella no sabía qué hacer.
Ella no podía tocar el cuerpo de Selim ahora, con quien había estado juntos diez minutos antes. Ni se atrevía a dejarlo donde este yacía, para ser encontrado en su cuarto por Artemisia. Temblando y sollozando - ella buscó a la fiel esclava que la había cuidado desde su niñez, y que ella había conocido primero acerca de la admiración del Rey cuando ella estuvo en Herat. A esta mujer ella relató lo que había sucedido, y tras una breve conferencia se convino que el cuerpo de Selim sería llevado a través del pasaje secreto por el cual él había entrado en el cuarto de Zuleica , y dejado sobre su propia cama, allí para ser descubierto por sus propios asistentes, que imaginarían que él había muerto súbitamente en la noche . Zuleica y la fiel esclava no osaron llamar a nadie para ayudarlas en su tarea, pero afortunadamente la esclava era una mujer grande y fuerte, mientras el Rey, aunque alto, era un hombre delgado, y no pesado, de modo que mientras la mujer llevaba el pobre cuerpo contorsionado en sus brazos, Zuleica , con mucho temor y temblando, ayudaba a soportarlo, y entre ambas lo llevaron a través del corto pasaje y lo dejaron sobre la cama.
Entonces ellas cerraron las puertas secretas, y Zuleica , que había estado por este tiempo casi en histeria, fue dejada en su propia cama y cuidada por la fiel esclava, quien mantuvo a todos los otros lejos de la cama, para que el estado mental de Zuleica , su llanto salvaje y gran terror, no levantaran sospechas.
Así transcurrió la noche, y temprano en la mañana la muerte del Rey fue descubierta por uno de los asistentes, que corrieron en gran alarma a llamar la Reina .
La consternación reinaba en todas partes.
En cuanto a Artemisia, ella estaba como una tigresa a la que se le había robado su cachorro. En su frenético pesar ella se colgó sobre el cuerpo muerto de su hijo, y rehusó creer que él pudiera estar muerto. Ella besó los pobres labios lívidos e hinchados ; ella acarició la cabeza insensible ; ella se esforzó en derezar los miembros torcidos, calentar el cuerpo frío mediante el contacto con su corazón que latía apasionadamente; ella sostuvo a su muerto niño en sus brazos, y lo acunó sobre su pecho, como si él fuera todavía el niño a quien ella había dedicado todo su amor, y a quien ella se había volcado en su despreciado afecto .
Ella se volvió como una bestia salvaje sobre todos los que trataban de tocar al hombre muerto, o apartarlo de ella. Por horas ella continuó sus esfuerzos salvajes e inútiles para revivirlo, olvidando, afortunadamente para Zuleica , todo lo demás, en sus intentos por revivir a su hijo . Luego, al final, comprendió lo inevitable en su mente, y con un loco chillido de pesar, un frenético grito de desesperación, ella se hundió insensible sobre el cuerpo de su hijo, mientras el lamento salvaje de sus doncellas asistentes llenaban el aire en lamentaciones sobre el muerto Selim.
Era avanzada la tarde. Yo y mis tropas habíamos alcanzado el Palacio de Persagarda . Nosotros habíamos encontrado el mensajero enviado por Selim para llamarme de regreso, y su presencia me dio un buen pretexto para entrar en la ciudad silenciosamente, sin aparentar saber nada de lo que le había sucedido al Rey .No encontramos oposición en ningún lado, escasamente nuestra apariencia excitó la sorpresa . Los terribles eventos en el palacio llenaban la mente pública, con exclusión de todas las demás cosas. En todas partes había grupos diseminados hablando sobre la extraña muerte de Selim, cuya noticia se había esparcido como un fuego salvaje a través de la ciudad . Aún cuando alcanzamos las puertas del Palacio nadie se opuso a nuestra entrada, cuando mostré a los guardianes de las puertas la orden de mi regreso .
Ben Al Zulid se había vuelto muy pálido cuando él escuchó las noticias de la muerte de Selim, y había intercambiado una rápida mirada conmigo.
Pero él fue cuidadoso en no traicionar nuestro previo conocimiento, y cabalgamos hacia el patio de la Corte del palacio sin impedimento, entre una multitud de soldados y cortesanos desconcertados.
No con gritos de gozo fue recibida mi llegada, sino que a medida que me acercaba a la Puerta del Palacio cayó sobre nuestros oídos la larga y salvaje lamentación, el lúgubre lamento de las mujeres de la Reina, mientras ellas colocaban el velo mortuorio sobre el Rey asesinado .
CAPÍTULO XXVIII
MI ESPOSA
Una breve conferencia tuvo lugar entre Al Zulid y los líderes del anterior gobierno. El decreto del Jazid fue exhibido a ellos, y fue un hecho claro a las mentes de Los amigos de Artemisia que yo tenía detrás mío un poder bastante fuerte para soportar mis reclamos. La muerte de Selim no dejó pretexto para oponerse a mi elevación, y cualquiera pudiese ser el secreto sentimiento de aquellos alrededor de la corte de Selim, fue evidentemente que no pensaban que fuese sabio desplegar ninguna animosidad hacia mí . Es más Yo no estaba sin amigos, aún entre los cortesanos del difunto Rey, y todos estos esperaban compartir mi prosperidad.
Así fue mi elevación al trono realizado sin ningún tipo de oposición, y aún Artemisia ella misma no tuvo excusa para interferir conmigo.Las exequias de Selim fueron conducidas con mucho esplendor (como es la costumbre en el Oriente). Artemisia, quien estaba todavía medio frenética en su dolor, permaneció sin ser molestada en sus propios apartamentos, atendida por sus mujeres, y sin tener conocimiento de mi llegada, desde que Yo me contuve de molestarla en ese tiempo, y resolví diferir mi venganza contra ella hasta una estación más propicia, meramente ordenando que no se le debería permitir dejar el Palacio.
Yo no había visto a Zuleica . Ella también era en efecto una prisionera .
Ella había oído con maravilla, no sin mezcla de alarma, acerca de los extraños eventos que estaban teniendo lugar, y de mi súbita elevación al poder. Su primer pensamiento fue lamentar que ella no había sido fiel hacia mí, su segundo, descansó en recordar que yo estaba con toda probabilidad ignorante de su falsedad . Y cuando ella se recobró un poco del choque de la muerte de Selim ella comenzó a considerar cuanto mejor era tornar el inesperado cambio en uno para su propia ventaja . Ella se preguntaba por qué yo no había ido en seguida a verla, como ella se sentía segura de que mi primer impulso habría sido este bajo circunstancias ordinarias .
Ella sintió algo de desasosiego ante mi extraña ausencia, pero esperó que esto podría deberse a otro origen distinto al disgusto. Ella deseó no haber sido tan enojada conmigo cuando partimos, y al final resolvió enviar una carta para mí, preguntando si yo había olvidado a Zuleica . Mientras tanto ella se había vestido ella misma en su más simple pero aún más seductora manera, y removido tanto como era posible todos los rastros de su última agitación.
Yo apenas me había despertado de un breve reposo de absoluto agotamiento cuando el mensaje de Zuleica fue traído para mí, y fue algunos minutos antes De que me diera cuenta de todos los cambios que habían tenido lugar.
Cuando lo hice, mi cólera contra mi infiel esposa revivió en toda su amargura.
Cuando entré en el cuarto de Zuleica , que estaba descansando sobre sus almohadones, se apresuró hacia mí con muchas muestras de júbilo por encontrarme.
Era temprano en la mañana, y ella estaba apenas medio vestida. Su bello cabello colgaba suelto sobre sus hombros ; sus blancos y redondeados brazos y su cuello estaban desnudos, y sus bellos pies estaban calzados apresuradamente en sus zapatillas ; sus oscuros ojos se veían inusualmente grandes y nostálgicos por razón de la palidez de su rostro . Sus manos temblaban mientras se esforzaba en poner su velo alrededor suyo y ajustar su ropa, pero ella se volvió a mí con una sonrisa tan dulce e inocente como antaño, y extendió sus brazos acariciantemente al abrazarme.
Pero yo retrocedí de ella orgullosamente, y la miré fríamente y severamente, aún mientras mi corazón dio un salvaje latido de angustia, y yo habría dado todo en la Tierra para saber si ella todavía me estaba diciendo la verdad, y que todo el terrible pasado era sino un terrible sueño. Mi voz se ahogó y tembló cuando le dije:"Tú te olvidas. No es tu marido, Ahrinziman, quien ha retornado a ti, sino el Rey de Persia. Qué deseas de él?"
Los brazos de Zuleica cayeron a sus lados, y sus grandes ojos infantiles se llenaron con lágrimas ; reales lágrimas, sin duda, cuando ella replicó :
"Oh, Ahrinziman! Yo pensé que tú serías siempre el mismo para mí . Yo pensé que tú no mantendrías tu cólera así. Nos despedimos enojados es verdad, pero yo pensé que tú eras irrazonable en tus sospechas; y mira, Yo he llorado amargas lágrimas desde que tú me dejaste, sin un beso, y ahora tú eres tan frío como hielo para mí . Puede ser que tú ya no me ames más? Que tú ya no te preocupes de mi amor desde que tú te has vuelto el Rey?"
Ella no se veía como una esposa culpable, sino como un niño suplicando, mientras ella me hablaba, y yo estuve casi por comenzar a creer en ella de nuevo, Durante tanto tiempo ella se había apoderado de mi corazón, y al escucharle decir que ella me amaba. Yo di un paso hacia ella, y mi rostro se ablandó, y mis ojos se llenaron con lágrimas . Y luego, Oh Dios ! si yo he pecado ha sido sin provocación, pues allí sobre la alfombra entre nosotros estaba el Anillo de Sello del Rey, el anillo que él había dado a Zuleica , y que ella había usado sobre su delgado dedo en el fatal momento cuando yo la había visto en sus brazos. En el apresuramiento y agitación el anillo había caído del Dedo de Zuleica , el cual era mucho más pequeño para usarlo, y había permanecido sin ser notado sobre el piso, para levantarse como un silencioso testigo acusador de su falsedad y mi deshonor.
Yo reaccioné como si una alimaña me hubiera picado, y levanté el anillo, y mostrándoselo a ella dije:
"Oh, Mujer! Débil e infiel ! Oh rostro mentiroso que tú eres! Tú dices que has llorado por mi partida, cuando fue el amante que murió aún a tus pies por quien esas lágrimas fueron derramadas. Y tú no sabes nada de cómo llegó el anillo de Selim, su anillo de Sello, dentro de tu habitación de dormir? La cámara que debería ser sagrada para ti y para mí solos. No perjures más tú misma . No busques más engañarme, pues mira, yo te vi con él, y yo lo vi morir, así como tú lo has visto morir, a tus pies . Oh, la más falsa de las mujeres, que podrías mentir en mis brazos y susurrar palabras de amor en mis oídos, cuando tú ya me has decepcionado y me has deshonrado . Tú morirás . Si, en verdad tú morirás, y en el Infierno buscarás a tu amante."
Desenvainé mi puñal, y lo habría clavado en su corazón, pero ella emitió un grito desgarrador y cayó a mis pies, besándolos como una esclava, y rebajándose sobre el suelo en abyecto terror, mientras ella suplicaba que la dejase vivir. Entonces mi ira se convirtió en desprecio, y La aparté de mi con mi pie, y me quité mi faja que ella había sujetado en su agonía de terror, lejos de sus manos, como si su toque me ensuciara."Tu vida, vil ramera ! Cual es el valor de una vida como la tuya? Tu vida ! Es una cosa tan querida para ti? Entonces vive hasta que seas vieja y gris y marchita, y todos esos encantos con los que tú has embelezado los corazones de los hombres se conviertan en una atrocidad, y tú seas conocida por lo que tú eres, una mujer sin virtud y sin vergüenza. Vive! si, tú vivirás, pero tú disfrutarás el destino que tú y tu traidor planeaban para mí. Tú irás a prisión, no al Palacio de tus sueños."
Yo me fui . No podía confiar en mí mismo en mirarla de nuevo, como ella estaba sollozando sobre el suelo en todo el abandono de su terror y desesperación, pues mi corazón se ablandaría y ella se apoderaría de mi alma una vez mas .
Cuando regresé a mis habitaciones encontré a Al Zulid esperándome, con la noticia que la Reina Artemisia había huido durante la noche del Palacio .
"Tal vez ha sido bueno que ella haya hecho eso," dijo él, "desde que nosotros no podríamos haberla retenido como un prisionero sin levantar alrededor nuestro un nido de avispas de sus poderosos parientes, quienes tendrían solamente muy contentos un pretexto para atacarnos. De esta manera no tendrán una excusa para hacerlo así, y tan pronto como tú estés seguramente sentado sobre el trono de Persia tendremos amplia oportunidad de vengar sobre Artemisia nuestros mutuos errores, y de humillar aún hasta el polvo a esta orgullosa Reina. Aferra primero con una firme mano el poder real y todo lo demás seguirá ."
"Indudablemente esto es tal como tú lo dices, Al Zulid, pero, Oh! amigo, para alguien a quien los males arden en el corazón como lo hace el mío, es difícil esperar, aún por una hora, antes que yo pueda saciar mi sed por venganza .
podemos vengarnos contra Artemisia, pero puede nadie restaurar para mí la felicidad que yo he perdido para siempre? Puede alguien devolverme a mi esposa, en su inocencia y pureza?"
"Estás tú tan seguro, Ahrinziman, que ella era en verdad inocente en pensamiento, tan bien como en hecho, antes que Artemisia y su hijo la tentaran para hacerla caer? Pienso que su virtud debe ser de una pobre cualidad que se rindió al primer asalto, y ese amor era apenas una base contrahecha que se marchita ante el brillo de la corona de un Rey . Para ti esto es un amargo despertar de tu ilusión, pero si Zuleica no tenía verdadero amor por ti importa de quien es la mano que ha puesto a un lado el velo de su real naturaleza? No pienses que yo estoy en simpatía contigo porque hablo así, o que yo no sé cómo se siente tu herido corazón, cuan vacía es esta hora de tu triunfo, desde que aquella que debería haber sido la compañera principal de tu orgullo ha probado ser tan infiel. Yo no podría sino levantarte de vivir en el pasado, el cual tú no puedes alterar, y ofrecerte darte vuelta hacia aquel futuro que es aún el tuyo propio, y el cual tú puedes dar forma para compensarte al menos en parte, por la desilusión de su afecto . Deja que Persia de aquí en más sea tu señora, y la prosperidad de tu pueblo tu principal pensamiento."
CAPÍTULO XXIXARTEMISIA Y AHMED
Al enviar a Zuleica a la fortaleza en que yo pretendía que ella pasara sus días, yo le permití, como un favor especial, llevar con ella a la leal mujer negra que la había cuidado desde la infancia, y que siempre mostró una devoción a su ama que era digno de un más agradecido objeto. Fue esta mujer quien había ayudado a Zuleica a remover el cuerpo muerto de Rey Selim de su cámara, y quien tenía la mayor confianza de Zuleica que ninguna otra persona. Esta esclava, cuyo nombre era Bamba, pronto pensó congraciarse ella misma en el favor de los guardias más humildes en la fortaleza, y se le permitió ir y venir con comparativa libertad, una circunstancia que inspiró a Zuleica con un plan para hacer su escape.
Para alguien como mi desechada esposa el aprisionamiento solitario al que ella estaba condenada era una cosa casi tan terrible como la misma muerte. Sentir su juventud y su belleza marchitarse entre cuatro horribles paredes; no tener más que por compañero de choza a una humilde esclava, sin finos vestidos, sin joyas costosas para usar, sin nada reluciente con qué jugar, sin hermosas cosas a su alrededor, nadie para prestarle homenaje, nadie para envidiar o para adular ; este era en verdad un amargo destino, y los sentimientos de esa vana, egoísta, frívola belleza hacia mí estaban llenos del más intenso odio. Pues no había sido yo quien la había enviado a esa terrible prisión? Mi desdén y desprecio cuando yo la había rechazado de mí con mi pie la habían amargado y herido su vanidad como mi amor nunca había sido capaz de tocar su corazón. Mis amargas palabras se agrupaban en su mente, aunque mis palabras de fondo en verdad habían hecho sino poca impresión. El oscuro sentido que ella tenía de la verdad en mi enfadado discurso la apuñalaron rápido, perturbando esa buena opinión de ella misma que ella siempre había acariciado, y conmoviendo su perfecta fe en su propia amabilidad, su propia belleza, su propio valor. Cualquier cosa que ella había hecho ella lo había justificado completamente en su propia mente, y mis palabras emitidas fueron consideradas por ella como un insulto mortal a su respecto, y un ultraje sobre su amor propio que era imperdonable. Yo la había despreciado . Yo había rechazado sus intentos por una reconciliación . Yo había apilado desprecio e injuria sobre ella, y para mí ella sentía una vehemencia de pequeño rencor que por la primera vez en su vida la llevaban al borde de sentir una fuerte, y apasionada emoción .Al final su tibia, egoísta naturaleza, fue despertada en cierto latido de ardiente cólera, algún sentido de la fuerza de las pasiones que puede remover el corazón humano, y próximo a su deseo por libertad era el deseo de venganza sobre mi lo que ella se complacía en llamar sus errores.
A medida que los días pasaban, y las cansadas semanas se cambiaban en meses tan pesados, ella se paseaba de un lado a otro en su prisión como una pantera en su jaula, planeando cómo quedar libre. Al final la facilidad con la cual Bamba podía entrar y salir de la fortaleza sugirió un esquema a su mente . Ella no tenía nada de oro o joyerías.
Cada cosa de valor que podrían haberle servido para sobornar a sus guardias para ayudarla le había sido quitado . Ella no tenía ningún amigo, excepto esta pobre esclava, que en su devoción Zuleica poseía un tesoro más potente que cualquier oro, más valiosa que cualquier joya . Si Zuleica suspiraba por libertad Bamba no dudaría nada en procurárselo, y ella sabía cómo ponerse a trabajar, y cuando Zuleica la llamó y le habló de un plan, Bamba accedió de inmediato.
"Mira ahora, buena Bamba," dijo Zuleica , "han pasado ya cuatro meses terribles que nosotros estamos soportando la vida de esta prisión. Bien podrían ser cuatro años ; a mí esto me parece una eternidad . Yo no puedo soportar una vida así más tiempo. Para un caso tan desesperado debemos probar un remedio desesperado .
"En cuanto a ti, tú debes encontrar los medios de llegar a la Reina Artemisia. Yo no tengo dinero para darte, de modo que tú aún deberás mendigar en tu camino . Cuando tú te vayas yo pretenderé una gran aflicción por ti ; yo mostraré una gran cólera, y diré que tú, aún tú, has desertado en mi cautividad. Yo preguntaré diariamente por ti, y los cansaré con mis pedidos de noticias, para que ellos no puedan sospechar que yo te he enviado desde aquí. Si Artemisia ayudará, deja que te oro, pues una llave de oro abrirá aún la puerta de una prisión, si es bien aplicada.Y seguramente la Reina ayudará a liberarme cuando tú le narres acerca todo lo que yo haré, todo lo que yo puedo decir."
Bamba se postró a los pies de Zuleica , y los besó, jurando que si fuese posible para una pobre esclava mover el corazón de Artemisia, Zuleica tendría la oportunidad de la libertad. Luego, tras unas pocas más directivas de su ama, la envió fuera en un largo peregrinaje.
Con infinita labor y dificultad la pobre fiel mujer encontró a la Reina, quien había tomado refugio con algunos de sus parientes, y que se había unido con el Príncipe Ahmed, con quien ella hizo causa común contra mí .
Muy ávidamente ella escuchó la narración que le hizo la pobre Bamba, y tras una breve consideración en cuanto a los mejores medios de ayudar a Zuleica , ella envió un eunuco de su corte con una gran cantidad de dinero acompañando a Bamba, y para ayudar a efectuar La liberación de Zuleica .
Habiendo dado órdenes para que ellos sobornen liberalmente a quienes la mantenían prisionera, ella también envió una carta al Príncipe Ahmed, quien en ese momento tenía un enviado en el Palacio, pidiéndole ir y ver qué asistencia podría prestar él, y cuan rápidamente él podría traer a Zuleica a la Reina .
"Ayuda a esta mujer," dijo ella, "por todos los medios en tu poder, pues al hacerlo tú te ayudarás a ti mismo y a mí. A través de ayudar a esta mujer yo espero ser vengada del hombre que me ha robado un hijo, y a ti un Reino ."
CAPÍTULO XXX
EL ESCAPE DE ZULEICA
Era un cálido, bochornoso día. El sol derramaba sus ardientes rayos sobre la amplia franja de arena y planicie. El polvo abrasador ampollaba la piel, y el feroz brillo de la blanca arena cegaba los ojos de los cansados viajeros que se esforzaban dolorosamente a través del árido desierto, conocido como el Gran Desierto Salino. Los infelices camellos que ellos conducían parecían escasamente capaces de arrastrar sus miembros otro paso, mientras la terrible sed que consumía del mismo modo a los pobres animales y sus conductores, se hacía más insufrible a la vista sobre el horizonte de un pequeño conjunto de árboles datileros, que marcaban la presencia de uno de los pocos pozos de aquella región casi sin agua ; un pozo que ni camellos ni viajeros parecían destinados aún a alcanzar. Dos de estas infortunadas personas eran mujeres, el tercero era un esclavo Nubio, uno de esos hombres útiles que se encuentran asistiendo en los harenes del Oriente.
Cuando uno de los infelices camellos penetró en una condición agonizante sobre la caliente arena, la mujer que había estado montada sobre este se desembarazó ella misma del pobre animal, exclamando en un tono irritado al esclavo que acudió presuroso a prestarle asistencia:
"No te preocupes por mí, es vano esperar que podamos escapar de este horrible desierto. Y después de todo qué significa para cualquiera dónde descansen los huesos de la infortunada Zuleica . No puedo esforzarme más, y como este infeliz camello, que podría haberse esforzado seguramente un poco más, yo debo yacer sobre la arena y morir. "
Ella dio una patada impaciente con su pie al infeliz camello, de quien su falla en tal momento la inspiró, no con piedad por sus sufrimientos, sino con molestia y desilusión para sí misma ; y luego, con más vigor que el mostrado usualmente por alguien al punto de la muerte, ella caminó algunos pasos más y se arrojó sobre la tierra. La otra mujer, que no era otra que Bamba la fiel esclava de Zuleica , había desmontado también por esto, y con una disposición semejante a la de un perro fiel, se esforzó en cubrir a su ama de los feroces rayos del sol con su propio cuerpo, mientras el hombre, tras una breve conferencia, fue solo en busca de agua al distante pozo.
Horas pasaron antes que el hombre retornara, y durante ese tiempo perdido Zuleica pasó de un estado de lamento irritable a una semi inconsciencia entre el sueño y absoluto cansancio, la pobre mujer a su lado estando también exhausta.Al final el sol descendió, y el breve crepúsculo dio lugar a la oscuridad y frialdad de la noche . Luego las estrellas salieron y la luna se levantó, y por su luz las formas oscuras de varios buitres podían ser discernidas planeando cerca de las desfallecientes mujeres, y descendiendo sobre la carcasa del muerto camello, haciendo la más terrible que el día con sus roncos lamentos, y llenando el corazón de la semi consciente Zuleica con miedo y horror.
Con el horrible instinto de su especie los buitres sabían que las mujeres no habían muerto todavía, y ellos planeaban cerca, esperando hasta el momento final de disolución antes que ellos ataquen su presa.
Luego, a medida que la noche transcurría lentamente, vino otro sonido que el de los gritos de los buitres a quebrar la soledad. Fue el galopar de las patas de caballos, y el sonido de voces de hombres gritando, mientras ellos buscaban a las mujeres en el desierto. El esclavo Nubio había sido afortunado en su búsqueda, y había encontrado, no solo el agua que él buscaba, sino el campamento del Príncipe Ahmed y sus tropas.
Zuleica escuchó las voces como alguien que escucha en un sueño. Ella las escuchó aproximarse y luego alejarse, sin embargo ella no podía levantarse lo suficiente para dar un débil grito en respuesta. Ella sabía que los sonidos presagiaban vida y esperanza, sin embargo ella no podía hacer un signo para guiarlos a ella. De nuevo y aún de nuevo ellos se movían cerca, luego se alejaron de nuevo hasta que al final la negra nube de buitres planeando encima del camello muerto y las desfallecientes mujeres tomó los ojos de los buscadores, y con un fuerte grito los jinetes los espantaron.
Otro instante y Los rígidos miembros de Zuleica estuvieron siendo calentados por manos amigables, y agua fue vertida gota a gota entre los labios hinchados . Su velo había sido puesto a un lado, y cuando ella revivió sus ojos encontraron aquellos de un guapo joven, ningún otro que el mismo Príncipe Ahmed, quien había cabalgado a darle asistencia cuando él escuchó quien era quien estaba desfalleciendo en el desierto.
Con tierno cuidado Zuleica fue puesta sobre uno de los caballos y ayudada por el Príncipe, quien estaba muy golpeado por su excesiva belleza, y cuando ahora ella había revivido suficientemente para sentarse cuando se le ayudó, Ahmed no perdió tiempo en retornar con ella a sus seguidores, y partió con mi fugitiva esposa .
En cuanto a la pobre fiel Bamba, ella estaba más allá de toda ayuda, y expiró aún mientras sus rescatadores permanecían sobre ella.
CAPÍTULO XXXIMIS ENEMIGOS
En una de las cámaras superiores de la casa de sus parientes Artemisia esperaba la llegada de Zuleica . Desde que ella había enviado a sus sirvientes para ayudarla, la Reina nunca había cesado de esperar su llegada, aún mucho antes que esto fuera posible que ella pudiera aún haber escapado. Cien veces al día caminaba Artemisia a los ventanales y miraba sobre el amplio campo del país que comandaba, para ver si había algún signo de la esperada cabalgada. Aquellos que habían conocido a la bella Reina en los días de su gloria hallaban difícil reconocerla ahora, tan grandemente había cambiado ella. Veinte años de vida ordinaria no la habrían avejentado tanto. La clara palidez de su piel había cambiado a un color plomizo embotado . Los guapos rasgos aquilinos se habían vuelto agudos y prominentes, y tenían la semblanza de un ave de presa . Las mejillas, una vez tan redondas, tan suaves, estaban hundidas y arrugadas.
La blanca frente surcada de arrugas. La perfecta figura gastada y angular, mientras los ojos vagaban incansablemente de aquí para allá, y relucían con un fuego salvaje que era casi aquel de la insanidad . Las grandes masas de cabello negro, una vez tan admirado, tan cuidadosamente arreglado, tan adecuadamente vestida, ahora caían sueltos y negligentemente sobre sus hombros, dando un añadido salvajismo a su apariencia .
Mientras ella vagaba adelante y atrás sin un propósito fijo ella golpeaba su pecho con sus manos retorcidas, exclamando un bajo gemido extraño, como el de algún animal en pena, y llamando de nuevo y de nuevo sobre el nombre de su hijo muerto .
"Oh, Selim! Selim!" ella se lamentó, "dónde estás tú ahora, hijo mío? El Paraíso ha abierto sus puertas para ti, y me dejó detrás para arrastrar sola mi existencia? Puede ser que Ahrimán te haya tomado, porque tú eras hijo mío, y yo he pecado de modo que las puertas del Cielo nunca pueden abrirse a mi toque? Podría ser que tú fueras al Infierno mas bien que al Cielo, sí aun cuando esto fuese a los sufrimientos del Infierno, pues entonces tú y yo nos encontraríamos . Puede el Paraíso tener un lugar para ti? Dentro de sus puertas yo nunca puedo entrar. Si tú, Oh hijo mío, mi único hijo, amas a tu madre aún como ella te ama, tú darás la bienvenida a las oscuras profundidades del Infierno y todos sus horrores donde tú morarías conmigo, antes que en las gloriosas escenas del Paraíso de donde nosotros partimos. Oh Selim, hijo de mi alma! Amado de todos mis años sin amor, retorna a mí, o tenga Dios misericordia hacia mi y deje que mi alma vaya hacia ti."Ella se hundió sobre el piso con un largo gemido de lamento de angustia, y se mecía ella misma atrás y adelante en su desesperación, llamando ahora en los tonos más suaves acariciadores y luego con frenético salvajismo sobre la pérdida de Selim.
Súbitamente ella fue despertada de su solitario lamento por el sonido del bullicio y excitación en el patio de la Corte debajo. Era el ruidoso cabalgar de los caballos, y el sonido de voces de hombres, y cuando ella saltó y se apresuró hacia la ventana ella contempló al Príncipe Ahmed ayudando a una mujer estrechamente velada a descender de su caballo, y en la armoniosa velada figura ella no tuvo dificultad en reconocer a Zuleica .
Con una exclamación de salvaje gozo Artemisia salió del cuarto, y encontró a las personas en su camino a ella, retornando todos juntos al cuarto, la una vez majestuosa Reina dejando a un lado todas las consideraciones de su estado de Realeza en su ávida prisa y feroz anhelo por saber lo que Zuleica pudiera decirle a ella.
A Artemisia ella le dijo por lo tanto que se sentía segura que yo había causado la muerte de Selim, aún si no fue con mis propias manos , quien le mató, pues yo le había alardeado que yo lo había visto morir.
"Quien," gritó Zuleica ," sabe mejor que la infeliz Zuleica qué terribles conjuros Ahrinziman puede lanzar sobre aquellos que él quisiera destruir, qué temibles poderes él podía llamar para ayudarle en sus malvados designios. No he conocido, alas! por años cuan terrible eran las cosas que él podía hacer, sin embargo estaba mi lengua siempre atada, y yo misma limitada por la influencia que él tenía sobre mí. Agradezco a Dios que el hechizo se quebró al final, y que yo puedo hablar libremente a su Majestad, y decir que la mano que asesinó a tu hijo fue la mano de Ahrinziman,"
Artemisia soltó una risa chillona de mofa cuando escuchó la conclusión del discurso de Zuleica , y su voz fue feroz con cólera cuando ella replicó:"Si tú no tienes más que eso para decirme no necesitabas haber venido de tan lejos, tú podrías haberte quedado y podrido en tu prisión Donde he enviado ayuda por ti. Por largo tiempo he sabido que Ahrinziman asesinó a mi hijo con sus hechizos malditos. En la hora en que Selim murió yo lo supe, y yo vivo ahora solamente para poder llevarle a este asesino un destino tan trágico, y un fin más lento y doloroso, que el fin que fue de mi pobre hijo. Si tú puedes decirme cuales fueron los medios con que este marido quien te ha echado, tú vil maquinadora, usó para procurar su final, habla, pero si no, si tú no tienes más para decirme que lo que yo ya sabía, entonces, por los Cielos encima nuestro, tú encontrarás que has cambiado una prisión por otra, una condición de dolor por una aún más desesperanzada. No bromees conmigo. Tú condujiste a mi hijo hacia su muerte . Pero por ti y tus odiosos encantos él hubiese estado vivo ahora para bendecir mi vida, no muerto y frío y habiéndome dejado en desesperación ."
Su voz se agitó, y ella terminó su enfadado discurso en un estallido salvaje de dolor por su hijo, mientras Ahmed y Zuleica , sabiendo escasamente cómo contestarle, quedaron de pie silenciosamente. El modo de la Reina cambió, y ella volvió de nuevo a Zuleica con simulada cortesía, cuando dijo:
"Vienes ahora, a decirme todas tus noticias, a ensayar conmigo la historia de tu vida con este tan maravilloso Ahrinziman. O quédate, yo podría tal vez contarte las últimas noticias. He olvidado que tú en tu cautividad no has podido oír sino poco de sus finos hechos. Debe darte placer seguramente saber que este hombre, a quien tú fuiste una tan verdadera, tan ejemplar esposa, se ha elevado a las más elevadas alturas de poder y popularidad desde que él te expulsó. Todos los hombres lo alaban : todos dicen que desde los días de Darius el Grande no se ha levantado un Rey tan apropiado para añadir a las glorias de Persia y restaurarla a esa posición entre las naciones que estaba resbalándose de ella .
Ellos alaban sus talentos militares, su intrépido coraje, su tacto y conducción real. ellos alaban su persona, y dicen cuan guapo es este hombre, cuan agradable, cuan lleno de recursos, cuan capaz de gobernar, cuan fuerte de voluntad, aún cuan generoso de propósito.
No he hablado verdaderamente, Ahmed? No es así que los hombres hablan del hombre que te ha puesto a un lado, y a quien tú a tu turno podrías echar abajo de su alto estado? No te place pensar que él es tan popular que tu propia chance a su lado es apenas pequeña? Tú eres también un descendiente ilegítimo del Jazid, pero a diferencia tuya, Ahrinziman fue el elegido, el bien amado de mi una vez esposo, mientras tú fuiste puesto a un costado. Seguramente debe darte placer saber que él no fue un indigno elegido? y para ti, Zuleica , tan bella, la más agradable de las cortesanas, tú debes sentir placer al saber que Ahrinziman ha tomado para él a seis de las más bella doncellas en toda Persia, para llenar ese lugar en su corazón en el cual tú sola estabas? cuando él busca los encantos de alguien que pueda reemplazar las fascinaciones de otra, cuando tú tienes encantos suficientes para sostener su imaginación con tu propia belleza sola. Tú podrías haber sido tan grande como una Reina como el nacido en la mayor realeza, si no hubiera sido que tú otorgaste tus valiosos afectos sobre hijo mío... mi hijo asesinado. Oh, tu locura! Tú tonta y vana! Tú te burlas de los corazones de los hombres," dijo la Reina, recayendo de nuevo en su ardiente cólera, "apúrate y dime todo lo que tengas que decir, pues el mismo aire no puede ser respirado por ti y por mí, tu presencia me ahoga, y tú harías mejor en irte rápidamente."Temblando con aprensión, aunque mirando ansiosamente el rostro de Ahmed para saber qué ayuda podría ella esperar de él, Zuleica habló de mi vida con Jelal-ud-den hasta donde ella sabía.
Lo que ella tenía para decir sonó vago y trivial ante tal feroz impaciente cuestionamiento que Artemisia le dedicara, y ella sintió que su única esperanza debía estar ahora en los buenos oficios del Príncipe Ahmed en su nombre, y tras unos pocos momentos de terrible suspenso Zuleica cayó en un torrente de lágrimas, y fue abrumada por una debilidad, medio real y medio fingida, como un escape de mayores cuestionamientos, mientras ella peticionaba se le permitieran unas pocas horas en las cuales recobrarse de su fatiga y reunir sus pensamientos.
La enojada Reina por lo tanto llamó a una de su mujeres e hizo conducir a Zuleica a una cámara donde ella podría descansar por un tiempo. Cuando ella estaba casi por dejar la presencia de Artemisia Zuleica hizo un signo al Príncipe que deseaba hablar con él, y como él hizo un gesto de asentimiento en retorno, Zuleica salió un poco tranquilizada.
Zuleica había estado descansando por escasamente media hora cuando el Príncipe Ahmed vino a visitarla, y en su entonces estado de suspenso y ansiedad fue casi un alivio que él viniera tan pronto.
Todavía Zuleica temía en su corazón a Ahmed. Ella sentía instintivamente que el amor que ella había inspirado en el corazón de este hombre era un sentimiento diferente de aquel con la cual el pobre débil inclinado Rey Selim la había considerado, o la caballeresca devoción que la había hecho casi sagrada ante mis ojos. Ahmed era un hombre de tosco, determinado carácter, y Zuleica se sentía solamente muy consciente de su propia indefensión, abandonada posición. Ella se esforzó fuerte sin embargo para ocultar sus aprensiones, y mantener su propia dignidad tanto tiempo como fuera posible, de modo que pudiera haber mejores términos por sí misma.Cuando Ahmed entró Zuleica se levantó para recibirlo, y postrándose ella misma a sus pies dijo:
"Yo busqué una entrevista contigo, Oh Príncipe, porque en tu ayuda y en tu generosidad debe estar la única esperanza de la infeliz Zuleica . La Reina, que yo pensé sería mi amiga, parece como alguien aturdido; la muerte de su hijo parecería haber afectado su cerebro, desde que ella delira cuando ella habla sobre ese tema, y dice cosas que son sino la emanación de su propia sospecha salvaje."
Los finos ojos de Zuleica se llenaron con lágrimas reales mientras ella pensaba en su duro destino, y ella los levantó hacia el rostro de Ahmed con la tímida, suplicante mirada de un niño atemorizado. Pero Ahmed no era uno que podía ser conmovido fácilmente, y él replicó fríamente :
"No te lastimes explicándome estas cosas, bella Zuleica . Tú eres doblemente culpable, tú tienes encantos suficientes para cubrir todas tus faltas! Yo percibo en verdad que tú no puedes esperar un asilo seguro de la Reina, pero en mi harén tú estarás segura aún de su cólera, y allí tú puedes olvidar el pasado."
"Tú me haces un gran honor, Oh Prince! y yo no soy ingrata hacia ti, pero yo debería preguntarte si es un asilo honorable el que tú me ofreces? Mi honor es todo lo que me ha quedado ; no te asombres que yo aún lo guardase contigo."
Ahmed frunció el entrecejo, mientras replicó apresuradamente: "Qué es lo que tú tendrías? Tu posición será tan honorable como cualquiera de mis otras mujeres, tus joyas tan finas, tus vestidos tan costosos, tu confort tan bien estudiado. Pero si preguntas tú si yo te haré una Reina, tal como un informe dice que Selim lo habría hecho, tú eres algo muy ambiciosa! Tú olvidas que yo soy el Príncipe Ahmed, el Rey Ahmed debe estar sujeto a derecho, y yo solamente puedo casarme con la hija de un Rey. Tú puedes encontrar un asilo conmigo, pero soy yo, no tú, quien dictará los términos. En tu presente posición me parece a mí, tan bella Zuleica , que tú tienes escasa opción."
"Y tú, Príncipe Ahmed, tienes apenas una escasa generosidad, o tú no me lo habrías recordado así de esto," gritó la mortificada Zuleica , casi llorando.“No, luego, " replicó Ahmed, "seca esas lágrimas. Un hombre no quiere ver llorar a una mujer, y si tú te acomodas a las circunstancias tú puedes tener otras cosas en que complacer tu ambición. Tú puedes hablarme de este Ahrinziman, y de su vida antes que él encontró al mago. Me pareció a mí que tú ocultaste algo a la Reina ; revela esto ahora a mí, y Ahmed no olvidará recompensarte bien . Sonríeme una vez mas, Zuleica , pues yo no te haré promesas, Yo te juro que tú no tendrás razón de lamentar que te hayas confiado en mis manos."
Luego entrecortadamente y con mucha hesitación Zuleica le dijo todo lo que ella sabía, todo lo que ella sospechaba, y sugirió cómo su información podría ser usada para La ventaja del Príncipe Ahmed.
El Príncipe la observó con mucha admiración. "Verdaderamente," dijo él, "tú eres una mujer inteligente, y una discreta . Es bueno que tú no hayas dicho esto a Artemisia, pues ella lo habría publicado a todo el mundo antes del momento oportuno. Ella no es de confiar ahora, y tú y yo debemos mantener nuestro propio consejo. Yo buscaré esta tribu de ladrones, e indudablemente tendremos los medios antes de que pase mucho tiempo de mostrar a este Ahrinziman al mundo como un impostor. Ni aunque tú o yo creamos que sea él, él tiene una semejanza muy fuerte a mi padre para eso, y Al Zulid no es alguien a ser decepcionado ; pero servirá a nuestro propósito afectar creerlo, y si matamos a Ahrinziman los hombres podrán creer que él era el hijo de Jazid o no, como ellos elijan. Nuestro propósito se habrá ganado. En verdad tú eres inteligente al pensar en esto, y mantenerte tú misma tanto tiempo; tu belleza no es el más peligroso de tus muchos encantos después de todo." Y Ahmed avanzó hacia Zuleica con una mirada de admiración tan abierta, tan insolente, que ella cayó en un torrente de coléricas lágrimas, pues ella sintió que la copa de su degradación estaba llena al fin.
CAPÍTULO XXXIILA ADVERTENCIA DE ABUBATA
Era noche, y en mi palacio de Persagarda yo descansaba solo dentro de mi cámara privada. Yo había llegado ese día de Teherán, esperando por Al Zulid, pero él estaba retrasado en su viaje, y yo estaba solo en el Palacio, salvo por la presencia de mis soldados asistentes y mis esclavos.
Yo había reinado por seis meses, y en la búsqueda de la ambición yo había encontrado una cierta medida de solaz para mi amor herido. Artemisia había hablado verdaderamente cuando ella había descrito mi vida y proyectos a Zuleica , pero nadie excepto yo mismo sabía cuanto mi corazón todavía anhelaba regresar con mi esposa infiel, ni cuan poco los encantos de otras mujeres habían sido capaces de borrar la memoria de mis horas con ella . Yo todavía no había oído de su escape, pues la fortaleza adonde la había enviado estaba en un remoto rincón de Persia, y aquellos que la habían custodiado no estaban muy inclinados a informarme de su fuga. El rico soborno dado por Artemisia hizo que sus captores consideraran con alguna indiferencia mi ira, desde que les sería fácil a los principales ofensores dejar Persia antes que yo pudiera buscar venganza sobre ellos por su falta de confianza.
Mientras reposaba sobre mi cama yo observaba las estrellas salir una a una y brillar en el dosel oscuro del cielo nocturno, y mis pensamientos retrocedieron a los días de mi juventud, cuando las estrellas me parecían casi como compañeras, y cuando yo miraba hacia esa otra estrella cuya llegada presagiaba la presencia de mi Ángel Blanco . Ah ! cuan lejos parecía esto ahora, esos días de inocencia y confianza. Cuan ancho era el golfo entre yo mismo y entonces. Cuan grande había sido mi caída de las puras aspiraciones de esos días a las sórdidas ambiciones que ahora llenaban mis pensamientos.
Poder y Placer se habían vuelto mis Dioses; la auto gratificación mi ídolo. Si yo busqué hacer lo mejor por mi país y mi gente, fue porque yo cosecharía las recompensas de la grandeza a través de la gratitud de mi gente . El puro patriotismo inegoista que animaba a Ben Al Zulid, y hacía indiferente a su persona a los intereses, superior a todas las tentaciones para enriquecerme o agrandarme, era un sentimiento diferente a aquel que me inspiraba.
En todos mis esquemas, en todos mis esfuerzos, el animado, dominante sentimiento era el interés propio y la personal ambición. Mi gente sería grande, mi país próspero, por mis cuidados, y su gloria reflejaría su lustre sobre mi propia vida. Lo que hubiese sido hecho por los más grandes Gobernantes sería hecho por mí, y si es posible yo haría más, pues yo sería el más grande de todos los Gobernantes. Nada podría acobardarme, ninguna dificultad detenerme, porque mientras más grandes son las dificultades mayor es la gloria de superarlas. A mis ambiciosos pensamientos la conquista de otras naciones era apenas un asunto de tiempo y determinación, y si, como con frecuencia yo imaginaba, el Ángel Oscuro a quien yo había visto estaba en verdad ayudándome para el dominio de lo que me había prometido, solamente se requeriría que yo siguiese donde los eventos parecían abrir el sendero ante mis pies, con el objeto de que yo mismo pudiera valerme de su ayuda, en una esfera donde el Ángel Oscuro de la sangrienta Estrella Roja reinaba como un poderoso Rey.Ahora y de nuevo mis sueños de gloria serían quebrados por la visión de Selim, a quien yo, en intento si no en acto, había asesinado ; y como un fantasma oscuro, no más material que son las nubes que flotan a través del cielo, el rostro y forma de mi víctima planearía cerca, distorsionado y desfigurado por las agonías de su violenta muerte, del mismo modo en que yo había visto el fantasma de Jelal-ud-din en el día cuando yo había visitado su desierta casa, y visto mi visión de Zuleica y Selim en el espejo mágico. Las formas de ambos de estas siluetas persistentes tenían la impresión de la misma violenta muerte, y yo tuve poca duda que se debían al mismo agente invisible. No con frecuencia, sin embargo, estos fantasmas de mi pasado se imponían sobre mi ; y yo estaba tan absorbido en la activa vida de material existencia que yo tenía poco tiempo para pensar en mis estudios ocultos.
A la noche, sin embargo, el Espíritu Mundial pareció extrañamente acercarse a mí una vez mas. Las puertas tanto tiempo cerradas fueron abiertas de nuevo. Mis sentidos eran tan anormalmente agudos que los sonidos distantes en el Palacio eran percibidos por mí. Comenzó a sonar distintamente sobre mis oídos, y el lejano chillido de una lechuza sonó como la nota de advertencia de un emplumado centinela. Muy gradualmente e imperceptiblemente me hundí en un estado de sopor, y entonces inconsciencia del sueño dio lugar a una visión.
Parecía que yo caminaba dentro de un bello jardín, donde florecían las más bellas flores de la Tierra ; y lejos más allá del jardín yo podía mirar las azules líneas empañadas de un alto grupo de colinas. Un límpido arroyo fluía a mis pies, y suaves árboles movían sus verdes ramas sobre mi cabeza. Luego, aún mientras miraba esta bella escena, negras nubes tormentosas surgieron y cubrieron la luz del sol que iluminaba el jardín, envolviendo todo en su oscuridad. El arroyo claro y cristalino cambió en un apresurado, rugiente río barroso, cuyas negras aguas subían y subían hasta que ellas me engulleron, y yo fui barrido del el bello jardín y echado en el rápido, rugiente arroyo de espesa e inmunda agua. Yo fui barrido sin parar. Me pareció I que viajaba sobre ese negro flujo por un inmenso tiempo, sin embargo no podían haber transcurrido solamente unos pocos momentos del terrenal tiempo. Al final me encontré siendo empujado encima de algunas poderosas rocas que levantaban sus oscuras cabezas sobre el arroyo turbulento, y en mi temor y angustia me aferré de una gran roca mientras yo era barrido. Con el agarre de la desesperación me sostuve sobre este, aunque las negras aguas querían llevarme lejos, y al final una pequeña estrella apareció de la negrura sobre mí, y a medida que la estrella parpadeaba sobre mi cabeza, una voz dijo :"Sostente y levántate tú mismo, pues tu propia mano debe levantarte, así como tu propia mano te ha hecho caer."
Con prisa frenética luché por levantarme y liberarme yo mismo de las cizañas pegajosas, la larga soga como césped y cañas que crecían en ese malhumorado arroyo y me retenía como con cuerdas de acero. Y al final yo me vi levantarme y sacudirme yo mismo libre, hasta que un miembro tras otro fue liberado, y me paré sobre la dura, afilada superficie de la roca en seguridad.
Entonces vi una figura cerca mío envuelta en un manto de gris plateado que chispeaba como con muchas relucientes gotas de rocío, que como pequeñas estrellas de luz estaban diseminadas en las ropas del espíritu. Mientras miraba el velo que había ocultado el rostro, este fue puesto a un lado, y contemplé los rasgos de mi largo tiempo perdido amigo, el querido compañero de mi juventud, Abubatha.
Su rostro brillaba con una radiación como el halo alrededor de un santo; su sonrisa era triste y tierna, y su voz baja y musical como una campana de plata, a medida que él dijo estas palabras para mí :
"Oh, Ahrinziman, mi amado amigo ! Querido joven a quien amé como a un hijo, te lo ruego piensa mejor en las cosas más santas que en los vanos placeres de la Tierra. Ten más nobles pensamientos que aquellos de la egoísta ambición. No alimentes este anhelo de venganza, pues tú estás más que vengado ya, debes saberlo, y la sórdida sed para infligir sufrimiento sobre aquellos que te han herido es como estas negras redes que aprisionan tus miembros ; y los malos pensamientos son como ese apresurado arroyo que empuja a los hombres a la destrucción. Nadie puede esclavizarte excepto tú mismo . Nadie puede tener dominio sobre tu alma a menos que tú mismo le hayas dado el poder. Afírmate en esa soberanía sobre ti mismo que es la divina prerrogativa de toda la humanidad, y no te sujetes a ninguna, sea esta la de los Ángeles oscuros o a tus propias malas pasiones. Despierta hijo mío !
Levántate tú mismo, pues los enemigos se aproximan a ti! Todavía el enemigo a quien más debes temer es el de tu propio corazón apasionado e indisciplinado."
Traté de apresurarme hacia adelante y tocar la figura cuando esta cesó de hablar, pero él se desvaneció y desapareció antes que pudiera moverme, y desperté conmocionado hallándome yo mismo de pie con mis brazos extendidos en medio de mi cuarto.
CAPÍTULO XXXIII
EL PASAJE SECRETO
Cuando accedí al trono de Persia yo hice clausurar el ala del palacio en Persagarda en las cuales mi madre y Selim habían encontrado sus muertes; y con el objeto que nadie pudiera usar de nuevo el pasaje secreto yo hice que la puerta abriéndose en el cuarto del difunto Rey fuese clausurada. La otra puerta la dejé sin tocar, desde que nadie podía usarla, ya que la fatal cámara en la que esta se abría, pensándose que estaba encantada, era evitada por todos.
En esta noche, sin embargo, esta ala desierta del palacio no estaba mas en solitaria oscuridad. El acceso a ella desde fuera había sido obtenido a través de una entrada privada conocida solamente por Artemisia, y ahora Ahmed, Artemisia, Zuleica y un esclavo que era asistente de Ahmed, se deslizaban suavemente y rápidamente a través de los silenciosos y evitados cuartos.
Ahmed no había perdido tiempo en seguir la idea sugerida por Zuleica . Él había escuchado mi historia con la tribu de ladrones.
Él había visto a Dilferib y al habilidoso Hadji, quienes encontró listos para ayudarle en sus planes.
La misma noche Ahmed había arreglado que emisarios propios fueran esparcidos a través de todas las principales ciudades en Persia, para circular simultáneamente un cuento extraño y alterado de mi historia y hechos, mostrando cómo era yo el más vil de los hombres.
Esto, y mucho más, hizo circular Ahmed concerniéndome, pero tan hábil fue él que no circuló esos cuentos hasta que él tuvo tan cuidadosamente dispuesto sus planes para arreglar mi muerte que había poco temor de que yo tuviera nunca la oportunidad de explicar mis acciones o contradecir esas viles historias, tan cerca la verdad todavía era tan falsa en realidad.
Ahmed estaba acompañado por un esclavo, una extraña criatura sorda y muda, con quien él podía comunicarse por signos tan perfectamente que raras veces el sordo mudo fallaba en cumplir todas las instrucciones de Ahmed correctamente, mientras su aflicción hacía imposible para él traicionar fácilmente los secretos de su Amo.